"Mercado Izábal de Culiacán, un rescate postergado"
CULIACÁN._ La virgen tiene un tololoche a su lado, está envuelto, inclinado hacia ella como si le rezara.
El cemento y bloc en los locales, en pedazos, el techo muestra fisuras hacia el firmamento y dos piñatas, de navidades pasadas, cuelgan a lo lejos.
La soledad está en cada espacio, en cada vacío, en el edificio construido en 1968.
Vino a sustituir un anterior mercado, con locales "de dos aguas", hechos cual cabañas, cuyo nombre no recuerda siquiera Inés Rubio Parra, la locataria con más antigüedad.
Ahora lo conocen como Juan Izábal, y estaba lleno de vida.
A las tres de la mañana la gente se quedaba de pie esperando su rico menudo, venían de los bares y cantinas, principalmente de la zona de tolerancia.
La central de camiones foráneos estaba aquí, y el trajinar era abundante. Pero después de los años 70 se reubicó a las viejas vías del ferrocarril, lo que alguna vez conocimos como la Central Vieja. Ahí empezó el declive.
Inés tenía 24 años, ayudaba a su mamá en la cocina, para atender a la gente hasta la madrugada. Los chirrines se metían y la música sonaba, había baile sobre lo que ahora son estertores de tierra.
Siempre la acompañó Rafaela Lizárraga, quien a los 18 años la hacía de mandadera. Aún está aquí, recargada, asomándonse por encima de un muro bajo, derruido, esperando una orden que no llega.
Artistas, políticos y hasta reinas de belleza eran visitantes asiduos. Pedro Infante, Alejandra Procuna, Gonzalo Armienta Calderón, Francisco Labastida, Mercedes Murillo Monge, hasta el mismo Mario López Valdez comió de joven aquí en sus tiempos de estudiante, afirma la encargada del local.
Sólo son ellas en la entrada, afuera un negocio de reparación de computadoras y venta de celulares, más adentro, una carnicería, otra cocina y una verdulería. Aunque dicen son 30 locales aún en operación, a la vista se identifican menos, nada que ver con los 105 espacios abiertos en sus inicios.
El baño sigue operando. "Dos pesos con papel o sin papel", dice un letrero.
Brenda Sánchez, empleada del DIF, llegó hace dos años para encargarse de ellos por la mañana. Al principio se asustó mucho, no conocía el lugar por ser de Navolato.
La gente, sobre todo de poblados fuera de la ciudad, se mostraban sorprendidos al entrar.
"Yo pensé que ya no existía este sitio".
Hay alguien que tiene por hogar al Izábal. Ramón Quiroz, alias "El Cebas". Ahí vive a un lado de los sanitarios, porque no tenía otro lugar a dónde ir.
Es un ex empleado municipal, 20 años tiene aquí. Ya está jubilado, y su hogar es un pequeño cuarto, más reducido incluso que algunos de los locales.
De complexión robusta, voltea desde su colchón con su larga barba blanquecina, se rehúsa a la entrevista, su trabajo ahora es cuidar los baños por la noche.
El lapsus
A lo largo de los últimos años el Ayuntamiento de Culiacán ha prometido rescatar este sitio. En el 2012, en la anterior administración, el hoy fallecido Cesáreo Castillo Barraza, cuando fue Secretario de Desarrollo Económico municipal, mencionó la existencia de un proyecto de remodelación con un costo de nueve a 10 millones de pesos.
Las instalaciones quedarían a manera de plaza comercial, con una tienda "ancla" para convertirse en todo un atractivo.
Nadie en el lugar ha escuchado de ello, sólo esperan y esperan, al menos que les repongan el servicio del agua.
"La traemos en cubetas", menciona Inés.
Antes Isaac Hernández no se daba abasto en su carnicería, lo ayudaba un sobrino y abrían desde la mañana hasta casi entrada la noche. Hoy si le caen 10 clientes, fue un buen día.
"Sólo unos pocos vienen, otros ya hasta han muerto", comenta.
Ahora los locales que restan sirven de bodega al Ayuntamiento, principalmente para el área de Aseo y Limpia. Escobas, botes y otros artículos, están desvalagados, algunos tras rejillas para evitar su hurto.
"Aquí ya me robaron hasta un abanico", comenta Rubio Parra.
La cocinera, de 70 años, afirma que aquí hay "una joya". Es un lugar justo en el Centro de la ciudad, en el ombligo, y a un par de cuadras del majestuoso parque Revolución, sólo que ya no se acuerdan de ellos, sólo mandan a limpiar, pero de la remodelación prometida, nada.
Al actual Gobernador ya no lo ha vuelto a ver, ni a todos esos jóvenes quienes visitaban el Izábal después de trasnocharse. Hoy están convertidos en flamantes abogados, funcionarios públicos o hasta ex mandatarios.
"De Acapulco se debería acordar", dice entre broma y en serio, a modo de telegrama, Inés a Mario López Valdez.
Pero nada, su voz ni siquiera resuena, no hay eco, queda sólo el olor del abandono.