"'Mi hermosa, no te vayas'"
MAZATLÁN._ El cuerpo de Cynthia ayer salió de su casa para nunca más volver.
Antes de su partida su familia rezó, se despidió lento, como alargando en tiempo.
El cuerpo de la jugadora de futbol americano fue velado en su casa, en la calle Cañonero Tampico, en el Centro,
donde creció. El ataúd apenas cupo en la sala, pero su familia la quiso ahí.
El momento llegó, a las 10:00 horas la despedida de la joven fallecida en el accidente carretero en Durango ya no pudo alargarse, en la iglesia Cristo Rey, la esperaban para la misa de cuerpo presente.
"Mi hermosa, no te vayas.
Que no se la lleven a mi hermosa, Cynthia, mi niña, no te vayas", gritó su mamá, Martha Inés González, de 49
años, el dolor la dobló, su llanto era el de una madre despidiendo para siempre a su hija mayor.
El cuerpo de Cynthia Alejandra Lizárraga González, de 24 años, jugadora de las Halconas de Mazatlán, avanzó en la carroza unos metros hasta la iglesia, la escoltó su familia, amigos y compañeros de trabajo. Por la calle se oían los sollozos.
En la misa, el sacerdote pidió fortaleza a los padres y agradeció la compañía de amigos y familia.
"A ella le encantaba el futbol, hace tres semanas empezó con ese equipo y era su primer viaje. Cuando me avisaron no me dijeron qué tan grave era, pero en el camino presentí todo", dijo su mamá.
Antes de llegar al cementerio, Cynthia fue llevada a los campos de la Toledo Corro, donde le ofrecieron un homenaje.
Uno de sus entrenadores de futbol soccer, deporte que también practicaba, simuló el arranque del partido,
al centro Cynthia, como si ella estuviera, pero su hermana Nancy pateó el balón.
Arriba del féretro colocaron su camisa azul, los últimos taquetes y un balón firmado por sus amigas.
"Ella llegó conmigo en 2004, fuimos a un nacional a Chihuahua, me dio más satisfacciones que corajes.
A sus padres les pido fortaleza, es difícil, de parte de mis jugadoras y a todo el futbol femenil gracias, le doy gracias a Dios haberla conocido durante nueve años", dijo el entrenador Mario Ríos.
El final era inevitable y al mediodía el momento más duro llegó: Cynthia bajó a una fosa y poco a poco una loza la cubrió. Nadie aguantó el llanto.
"Yo la quiero mucho, no lo creo, esto no lo creo. Nos reíamos mucho en la casa, era una gran niña, mi hermosa niña", así la despidió su papá Alfredo.