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"Lo que 'Vance' me dejó"

"Punto Cardinal"

"Punto Cardinal"
15/11/2015 10:38

    ESCUINAPA._ Temor por la mañana. Creí que si lo que a las seis y siete de la mañana era la entrada del huracán, no podía imaginar qué nos esperaba por más tarde.

    En la tele, programas nacionales me decían que en Escuinapa entraría "Vance" descargando lo que le quedaba de furia. A esas horas que lo anunciaban la tele de mi cuarto se veía nítida y apenas a unos metros, tras la ventana, fuertes vientos presagiaban la catástrofe.

    Equivocación. "Vance" ya llegaba mientras que nos decían que este nos dejaría constancia de su presencia dos o tres horas después. Ya no hubo nada. Afortunadamente.

    El rey del maracuyá que funge como Alcalde de este municipio, estuvo lejos, seguramente gestionando recursos, nunca está, ni siquiera ante el inminente cataclismo, para él es mejor andar en Ecuador o en México, ya sea en sus negocios del mango o gestionándonos recursos para el parque fotovoltaico.

    Pero bueno con él o sin él, "Vance" hizo lo que tuvo qué hacer. Las crónicas de mis compañeros reporteros seguramente no dirán que vendí ayer todos mis periódicos en tiempo récord. Sería lo de "Vance" o lo de la llamada pareja imperial. El caso es que me fue bien como le fue bien a la mayoría de los comerciantes que se atrevieron a no hacer caso a quienes nos dijeron que mejor nos resguardáramos.

    Tampoco dirán del tiempo que me quedó libre y en donde pude apreciar el valor de la amistad. La dulce amistad de quienes comparten el tiempo con uno, donde apreciamos las palabras, que me recuerda otros tiempos en donde con otros amigos compartimos la necesidad de recalcar con algunas rolas el mutis que hacen las preocupaciones ante la música.

    No me cansaré de darle gracias a la vida, al destino, a Dios, a lo que usted considere, por el valor de la amistad que nos invita a sonreír para simplemente hacer un lado las preocupaciones, para no hacernos presas de la tristeza.

    Qué puede importar si es en la casa de un amigo, en el parque del Infonavit donde vivo, o "con el Oso", donde se dan los imprevistos encuentros aquí y allá; sutiles hilos de una amistad que se va tramando por la cuenta de quienes hemos decidido hacer camaradas, aliados todos en la búsqueda de la fraternidad.

    Y no importa si un amigo es 10 años mayor o 10 o 20 años menor, lo importante es compartir las historias, y si se puede cantarlas aún mucho mejor. En ocasiones es intimar con la noche, en otras hacer intentos bajo la luz del sol, luego que venga la luna, el pronosticado modelo de nuestras apariciones.

    Así como ayer "Vance" nos trajo agua y sobre todo vientos, así podemos evocar el río de cariño que viene de las nostalgias por mujeres que nuca fueron nuestras o de canciones que nuca compusimos, allí donde mis amigos y yo quisiéramos grabar el himno de lo imposible.

    No llegó el huracán ni sus remanentes, no cuando se le esperaba, pero sí el suave compromiso de hacer nuestro trabajo, eso que hace que ennoblezca nuestros corazones de un modo que nos exija seguirnos buscando.

    Ayer pues, de nuevo pudimos constatar que hay cosas que nunca pasarán de moda y que siempre serán apreciadas, como la mirada generosa, la mano que se extiende a la de uno, que deja constancia de que uno no es solo sino que somos dos o somos tres.

    Ayer no hubo más vientos, pero sí las ocultas gracias de lo habitual, lo que viene y va, lo que deja a un padre esperando a una hija que no ha visto en tres años y que le trae a una nieta que no conoce. Ese compartir la felicidad y las expectativas del otro.

    La repentina broma, la ineludible cortesía o la franca desfachatez que se vale en nuestras tierras en donde comemos camarones y "lisas" asadas, sólo falta a veces hablar de libros, pero algo se acerca a inspirar hacerlos, porque los sucesos de todos los días que se quedan en las botellas que traen cerveza compartidas con los amigos, traen una exaltación de los sentidos y van elaborando las ideas y las intenciones, los sueños, las frases que podemos atesorar.

    Así es que ayer fue un día así, rápido, tormentoso, con calma después. Ayer se vivió con todo, con un huracán que nunca hizo que los pronósticos se cumplieran, llegó cuando nadie la esperaba y cuando la esperaban ya había pasado.

    Por eso es necesario apiñar estas palabras inconexas y caóticas, así como vientos que vienen y que van, así le encontramos un desconocido contorno a los gobiernos insensibles, pero resolvemos también empeñarnos en la belleza; como reclamando para nosotros el recreo de lo que se merece llamar bueno. Todo eso ayer se vivió fugaz entre "Vance", Matías, Popo y yo. Los ausentes, que se queden fuera.