Mario Martini
Los Rivera Velador
Músicos y políticos
Al inicio del Siglo 19 la música en México dependía de las influencias externas que músicos amateurs, comúnmente miembros de la burguesía virreinal, difundían como una imitación de la alta sociedad europea, retrasando con ello el desarrollo de la identidad musical de un país con profundas raíces indígenas.
Hasta antes de 1824 la cultura musical fue controlada por la corte de los virreyes y la Iglesia católica. Al consumarse la Independencia, el control pasó a manos de la alta sociedad que, tocada por la moda europea, principalmente la italiana y española, tuvo predilección por géneros como la ópera; zarzuela y ópera bufa; tonadillas y sainetes; y nuevo dúo y bailetes. El "jarabe", en contraparte, fue la música y danza indiscutibles de la Independencia, prohibidas desde 1802 por la Inquisición al considerarlas "lujuriosas, deshonrosas y provocativas". Por este hecho prohibitivo fue la música más popular entre los insurrectos antes, durante y después de la lucha por la emancipación del país.
En este ambiente de restricciones y censura, surgió Miguel Gregorio Antonio Ignacio Hidalgo y Costilla Gallaga Mandarte, mejor conocido como el cura Hidalgo, un hombre excepcional que amaba las artes y era un magnífico músico que abrevó de la mexicanidad, virtud que le sirvió para enamorar a Manuela Reyes Pichardo, a Josefa Quintana Díaz de Castañón, con quienes tuvo cinco hijos, y a muchas mujeres más que fueron cautivadas por un representante de Dios que dominaba las artes de la seducción para salvar almas y calmar las exigencias del cuerpo.
El orgullo de ser de Villa Unión
A partir del triunfo de los insurgentes, el derrotero de músicos y compositores cambió hacia la búsqueda de una música eminentemente nacional. Actores principales de esa época, fueron los hermanos Adolfo, Nicolás y Tirso que con su arte mostraron al mundo el gran orgullo de ser de Villa Unión y dejaron para la posteridad composiciones inspiradas en las profundidades de nuestro pasado prehispánico. Fue el de ellos un talento opositor a la penetración cultural que sufrió México a partir de la Conquista y que en ninguna época, hoy menos que nunca en la globalidad, ha dejado de acecharlo.
Después de consumada la Independencia, entre 1830 y 1850, Sinaloa no fue ajeno a la corriente musical de entonces. Sostenidas por prósperos hacendados y comerciantes de Choix, Concordia, Cosalá, Culiacán, Escuinapa, Guasave y Mazatlán se formaron orquestas que amenizaban los elegantes y cotidianos bailes del momento. El músico más conocido de ese periodo fue el maestro Manuel Castaño, quien dirigió algunas de esas orquestas y bandas de aliento en varias ciudades del estado.
Compositores y músicos brillantes, al inicio del Siglo 20, fueron los hermanos Nicolás, Adolfo y Tirso Rivera Velador, autores de óperas, valses y poemas sinfónicos inspirados en la cultura indígena mexicana y sinaloense, como "Ninchi", poema sinfónico sobre el folclor azteca, y "Huey-Colhuacan o Tragedia Sinaloense", cuyo título pareciera la evocación de acontecimientos actuales.
También destacados fueron Severiano Moreno, autor del vals "Bella Morena"; Enrique Mora Andrade, autor del vals "Alejandra"; y Víctor Mendoza, autor de "Serenata Sinaloense". En Mazatlán destacó la orquesta del profesor Manuel Gallardo que cubrió quizás la más larga, próspera y decente época social del puerto.
Graduado con honores
Nicolás Rivera Velador nació en Villa Unión el 2 de febrero de 1877. Su madre fue doña Gumersinda Velador de Rivera y su padre don Tirso Rivera, quien le enseñó a tocar el violín. Aún niño dominó el instrumento y pronto consiguió un atril en "La Orquesta Rivas" de Mazatlán, de gran prestigio en la región.
Ya en plena juventud, con muchos temores por el escenario y la solemnidad del acto, se presentó en un concurso en la ciudad de México, cuyo primer premio fue un fino violín. Entre los asistentes estuvo el infortunado poeta tabasqueño José María Pino Suárez, entonces Ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes, quien quedó gratamente sorprendido por el virtuosismo del sinaloense.
Nicolás no solamente ganó el primer lugar sino que el ministro ordenó que el joven villauniense fuese pensionado por el Gobierno de México para emprender cursos de perfeccionamiento en el Conservatorio de Bruselas, meca donde convergían selectos egresados de todos los institutos musicales del mundo.
Alejado de amigos y familiares, completó sus estudios bajo la dirección del famoso maestro César Thompson, no sólo mejorando su técnica sino haciendo profundos estudios de armonía, contrapunto y composición. Tanto se distinguió que al concluirlos, el Conservatorio de Bruselas le concedió la más alta distinción al mérito académico que otorga la institución a sus alumnos destacados.
Con ese buen prestigio, emprendió giras por Europa y Estados Unidos donde cosechó grandes triunfos, honrando a su querido Villa Unión, a Sinaloa y al país. Dejó mucha música escrita, pero su obra principal fue sin duda "Ninchi", ópera en tres actos que narra la epopeya del pueblo azteca, reconocida y aprobada por la severa crítica porfirista.
Hombre y violín
Afectado de una embolia que le paralizó el brazo izquierdo, Nicolás se encerraba durante varios días sin comer ni beber agua en un cuarto de la casona que su hermano Tirso tenía en la ciudad de México. Su cuñada y sobrinos tuvieron que hacer una abertura en la puerta para pasarle agua y comida que muchas veces se quedaba intacta.
"No necesito más compañía que la de mi violín", respondió invariablemente cuando le preguntaban sobre hijos y matrimonio. Fue tal su obsesión que ante la inminencia de morir hizo un hoyo en la pared donde colocó la cabeza del violín para poder cruzar el arco sobre las cuerdas, produciendo durante horas un sonido al límite de la obsesión. Así lo sorprendió la muerte el 18 de mayo de 1941.
Dejó su música como legado y sus afamados violines, entre ellos un Guarnerius de 1744, 3 años más nuevo que el de Paganini, a sus sobrinos Tirso y Olga que siguieron el camino de la música.
Mereció el reconocimiento de los gobiernos del mundo y de la comunidad artística nacional e internacional donde se presentó, no así de los gobiernos de su estado natal que lo olvidaron como olvidan a sinaloenses ejemplares que le han dado brillo y dignidad a su Patria Íntima. Sus restos reposan en paz en la ciudad de Mazatlán.
Flauta y política
Adolfo estudió la primaria en su pueblo natal de Villa Unión, donde empezó a ejecutar la música junto a su padre y hermanos Nicolás y Tirso, de quienes se separó en 1915 para establecerse definitivamente en Mazatlán. Ahí contrajo nupcias con la señorita Ernestina Del Peral e inició una muy fructífera carrera en la política y la composición musical.
Participó en varios certámenes y fue catalogado como "el primer flautista de Sinaloa" y uno de los compositores sinaloenses más dedicados y fecundos por las organizaciones musicales del estado y dependencias del gobierno estatal dedicadas a la promoción de las artes.
Entre sus composiciones, destacan los valses "Alma de Artista", "Mi Esperanza", "Lotti", "Dulce Ideal", "Edelmira", "Por Ti", "Tres Flores", "Armonía y Dolor", "Ernestina", "Noche de Bodas", "Caprichitos", "Mari", "Ofelia", "Ciria", "Griselda", "Blanca", "Victoria, "Graciela" y otros más. En música para canto, escribió "La Canción del Ave", "Romance Amoroso", "Gondolero", "Balada del Aviador" (con esta composición ganó el segundo premio del certamen de "La Canción Bonita"), "A Orillas del Mar", "Blanca" y la plegaria "No me hables de Amor".
También fue autor del poema-melodía "Alma Rotaria", dedicado a los rotarios durante su 12ava. Convención de Distrito; "Ballet, música descriptiva en 3 actos"; "Huey-Colhuacan o Tragedia Sinaloense", poema sinfónico; "Sinfonía Regional, poema melódico", entre otros. Casi todas estas obras fueron estrenadas en la ciudad de México por la "Orquesta Típica Miguel Lerdo de Tejada" y las Sinfónicas de Jalapa y Mazatlán, de la que fue director.
Simultáneamente a su carrera musical, se desempeñó exitosamente en la actividad: fue dos veces Presidente Municipal de Mazatlán ?lo que no había ocurrido en la historia del puerto hasta Alejandro Higuera- y una de El Rosario. Fue también diputado al congreso local.
Envuelto en homenajes y muestras de reconocimiento, murió el 8 de marzo de 1951 en la ciudad de Mazatlán, rodeado de sus hijos Adolfo, Ofelia, Ernesto, Tirso, Rogelio, Jorge, Ciria y Blanca Rivera del Peral.
Morir con Worzak
Tirso nació en 1900 e hizo sus primeros estudios en la primaria de Villa Unión. Al igual que sus hermanos fue introducido a la música por su padre y al llegar al límite de la enseñanza musical en su pueblo natal se instaló en el puerto, donde prosiguió con sus estudios. Ahí se enamoró de la guapa señorita Catalina Ibarra Ibarra, hija única de don Eulogio Ibarra, próspero agricultor y hombre justo del modesto poblado de El Pozole de Villa Unión. El sistemático y avasallador asedio romántico dio resultado y a sus 25 años de edad contrajo matrimonio con la mujer de su vida, madre de sus hijos Alicia, Olga y Tirso.
Fue un magnífico ejecutante que lo mismo tocaba el violoncelo, el piano y la mandolina. Musicalizó películas mudas en los populares cines tropicales del puerto y tocó durante varios años en la orquesta del profesor Manuel Gallardo. Fue el primer maestro de su hijo Tirso, quien años más tarde fue el primer violoncelista de la Orquesta Sinfónica de México, diputado y secretario general del Sindicato Único de Trabajadores de la Música.
Al identificar el precoz talento de su hijo y por recomendaciones de los maestros mazatlecos, se trasladó a la ciudad de México para inscribirlo en el Conservatorio Nacional de Música, al igual que a su hija Olga que comenzó su instrucción como violinista, carrera que abandonó al contraer nupcias con el prometedor y seductor escritor Mario Martini Calvo.
Don Tirso tocó en la Orquesta Típica Lerdo de Tejada hasta unos cuantos días antes de morir en 1950 y fue precisamente con uno de sus trajes de charro con el que José Ángel Espinoza "Ferrusquilla" comenzó su carrera de actor en el programa "La Banda de Huipanguillo" de la incipiente televisión mexicana.
A los tempranos 50 años de edad, víctima de un mal cardíaco, don Tirso Rivera Velador murió en su casa de "La Privada del Reloj", en el corazón del hoy barrio bravo de la colonia Morelos de la ciudad de México, escuchando música del virtuoso violoncelista ruso Antonine Worzak, su álter ego.
(Semblanzas incluidas en el libro "La Patria Íntima/Todos Somos Sinaloa" de Mario Martini)