Adrián García Cortés
De Pueblos Unidos a
Picachos, con amor
En problema serio se ha convertido en Sinaloa la falta u olvido de la memoria histórica; porque distorsiona la identidad o la anula, y al paso del tiempo genera ausencia total de participación social.
Lo grave de todo ello es que quienes más incurren en olvidos son, precisamente, quienes mayormente debieran mirar por el bien común o el servicio a quienes producen los recursos para el sustento de los estados.
Dicho sea en torno al cuestionamiento del desalojo de los habitantes afectados por el nuevo embalse sobre el río Presidio, denominado comúnmente como Presa Picachos; del que se ha derivado una gran confusión informativa, sin que nadie puntualice las causas de los aciertos o yerros que se hayan cometido.
En 7 ríos 11 presas;
¡la 12 en Presidio!
Sinaloa se ha distinguido por haber alcanzado el mayor número de embalses para aprovechar sus once ríos; en siete once presas. Faltaban cuatro: ríos Quelite, presidio, Baluarte y Cañas. Ahora en su turno la del río Presidio, por lo que las experiencias vividas en desalojos y acomodos habitacionales son abundantes. Las dos últimas: Comedero y El Salto fueron muy significativas. De la de Comedero quiero ocuparme, porque de ella escribí un libro que denominé "Pueblos Unidos, La Tierra Prometida", que se fincó junto a Estación Obispo en la Sindicatura de Zapata del municipio de Culiacán.
Los desalojados llegaron a Pueblos Unidos procedentes de tres ejidos y una comunidad a los que el embalse de la presa inundó. Los poblados que dieron nombre a los ejidos ya existían, pero su conformación agraria surgió desde los finales de los años 30 con la solicitudes de dotación de tierras, de acuerdo al reparto emprendido por el Gobierno del Presidente Cárdenas.
Una coordinación con
SRH; ahora son muchas
Fue así como se reconocieron: El Comedero, el mayor de los ejidos, y Agua Fría de las Vegas, que obtuvieron sus Resoluciones Presidenciales en 1954; y el de Agua Caliente y Anexos en 1962. Al proceso de integración para el desalojo y reacomodo, se agregó la comunidad de Casablanca, de la entonces sindicatura de El Comedero en el municipio de Cosalá, beneficiaria, también, de las resoluciones agrarias.
Para el reacomodo, la entonces Secretaría de Agricultura y Recursos Hidráulicos, diseñó, coordinó y construyó una nueva urbanización en la cercanía de la Estación Obispo, teniendo sólo de separación las vías del ferrocarril; espacio dentro de la zona de riego a la cual la presa estaba destinada. Allí se construyeron 337 casas en primera etapa, para las 707 familias que serían desalojadas.
La urbanización tuvo, de origen, un trazo moderno de ciudad, en superficie plana, con todos los servicios inherentes: agua potable entubada, drenaje, alumbrado público, calles y avenidas con sus guarniciones, y espacios abiertos para edificar una plazuela, el centro comunitario, un hospital, una iglesia y cuanto fuere necesario a un despliegue urbano de primera calidad. Por razones operativas, la infraestructura urbana se fue completando en la medida que el espacio se iba ocupando, por lo que los primeros pobladores hubieron de sufrir carencias que antes no habían conocido.
Desde el origen de la
Presa, el plan urbano
Los estudios para la presa se iniciaron en los años 70 como parte del Plan Hidráulico del Noroeste. La construcción se inició en 1977 para ponerla en operación en 1983 (seis años después) en cinco vertientes: control del río, riego, electrificación, pesca y turismo.
Durante cuatro meses, del 9 de junio al 9 de octubre de 1979, se hizo el traslado de la primera etapa, con una estimación de 200 familias, correspondientes a aquellos poblados que, arriba de la cota 210 metros sobre el nivel del mar, serían los primeros afectados al iniciarse el llenado del embalse. Tales poblados fueron: Agua Fría, Las Vegas, Las Cruces, El Papachal, Casablanca, El Embarcadero, Las Higueritas y Buenavista.
El traslado se organizó minuciosamente, día por día, con disposición de transportes de carga, principalmente de los enseres hogareños indispensables, y autobuses para las personas, asignando hasta siete familias por día. En la relación oficial del traslado se anotaron no sólo los transportes de la movilización con sus respectivas placas de circulación, sino también la procedencia y las casas asignadas con las recámaras respectivas para la convivencia familiar. La mayoría de éstas fueron de dos y tres recámaras; por excepción se hicieron de cuatro, cuando se consideró que el núcleo de ocupantes así lo requería.
Hubo inconformidad muy
justa por los desalojos
Empero, el traslado y la readaptación no fue tan fácil como se esperaba. Cambiar una vida rural, adherida a la naturaleza, de tradiciones seculares, a una vida semi-urbana, ocasionó reacciones y una radicalización de nuevas costumbres envueltas en principios tecnológicos de la modernidad urbana.
María del Carmen Sánchez, uno de los primeros desalojados dijo: "Cuando vinimos a Pueblos Unidos encontré que nuestra nueva residencia era un desastre, que no hallaba como, pues apenas estaba la casa pero sin ventanas, sin vidrios, sin luz ni patio, y era un zancudero que no lo soportábamos porque había mucho escombro aquí. Nos queríamos devolver".
Otra de los primeros, Tomasa Zamora Ballardo de El Rodeo, hizo esta remembranza: "Poco a poco nos fuimos adaptando a esta nueva vida. Allá molíamos a mano, torteábamos, hacíamos nixtamal y calentábamos las planchas en la lumbre. Aquí todo empezó a ser diferente, desde el mismo nacimiento. Antes, allá en El Rodeo, las mamás de nosotros tenían que aguantar en cama cuarenta días, y sin bañarse, después del parto. A mí, en Las Vegas, ya nomás me tocó aguantarme 15 días"..
Y el profesor Guillermo Romero Rodríguez, de la misma camada narró: "De mi comunidad, Casablanca, habría 74 familias donde está ahora la presa. Todas tuvimos que salir, el cambio fue brusco. El clima, los moscos, allá no había moscos; la tranquilidad, nosotros podíamos dormir afuera en el portal, en la ramada y llegaba mengano y saludaba y ¿cómo estamos? Bien, y a platicar a gusto".
1981, año de la
gran movilización
Llegaron cuando aún no se terminaba el conjunto habitacional, en el que de 337 primeras casas, sólo el 80% tenían sus acabados. Obviamente, la red de agua potable no funcionaba normalmente, el alumbrado no bajaba a las casas, los edificios públicos no se habían iniciado, aunque la escuela ya se preparaba para recibir a su alumnado, pero los accesos carreteros revestidos no estaban terminados.
La gran movilización se haría en 1981, porque para 1982 estaba calendarizada la terminación de la presa y el llenado de su embalse y que las aguas de la presa llegaran ya a las casas de arriba. El traslado se hizo de manera forzosa, y aunque las autoridades hidráulicas proporcionaba transportes y distribuían las nuevas casas, de todas manera las dificultades abundaron porque gran número de ejidatarios no querían deshacerse de sus crías de ganado, de las que, naturalmente, tenían ingresos o alimentos. El número de evacuados superó el cálculo inicial; por eso, fue necesario instalarlos en El Higueral y en Canachi.
No faltaron soldados
para tapar ineficacias
Documentos oficiales describieron:
-- El atraso en la cuarta etapa se debió a que la empresa constructora denominada PAYMA S.A. de C.V. no había presentado el avance requerido, motivando la detención del proceso de construcción.
-- No se habían realizado: mercado, edificio federal, edificio citadino, plaza pública, iglesia. Estaban pendientes 112 muretes de dos acometidas eléctricas de la cuarta etapa, señalando que las tres etapas anteriores ya funcionaban, que faltaban linderos de los lotes y las instalaciones de agua y drenaje.
Ante la inconformidad de todas estas anomalías, se gestionó la intervención del ejército. Solución a los conflictos en los que a menudo incurre la autoridad civil sea por falta de coordinación, de capacidad política, de ineficiencia o de responsabilidad social.<>
Comentarios:
adriang@live.com.mx