A qué sabe Sinaloa
(para los emigrantes en el extranjero)

ENTRE COLUMNAS

    La gastronomía es sin duda una de las bondades más notables del estado de Sinaloa. Tanto que en los últimos años se han realizado diversas acciones enfocadas a resaltarla entre los turistas que visitan la entidad.

    Sinaloenses y visitantes saben lo sabroso que es el aguachile, el asado, el marlín en escabeche, el chilorio, los tamales barbones, los tacos de carne asada y muchos platillos regionales más. Por eso no es de sorprender que cuando los sinaloenses tienen que dejar su tierra en busca del sueño americano, una de las cosas que más extrañan en el extranjero es la comida.

    Cuantificar a la población sinaloense en Estados Unidos, es una tarea complicada, ya que alrededor del 60% de ellos se encuentran de condición irregular, pero según el más reciente censo del año 2020, Sinaloa ocupa el lugar número trece a nivel nacional entre las entidades federativas con mayor emigración al extranjero. El profesor Renato Pintor, en base a las matrículas consulares proporcionadas por el Consulado de México en Los Ángeles, calculó que había alrededor de 330 mil personas oriundas de Sinaloa. Aunque si se considera a los descendientes de segunda y tercera generación, la cifra prácticamente se duplicaría, alcanzando las 650, 000 personas.

    Algunos de los condados donde se concentran los sinaloenses son Paramount, Compton, Lynwood, Downey, Bell, entre otros, localidades que antiguamente eran habitadas por afroamericanos principalmente, pero que ahora son enclaves mexicanos.

    Pues bien, los sinaloenses una vez que llegan a esas comunidades, buscan adquirir mercancías que satisfagan sus necesidades y deseos; que forman parte de sus hábitos, cultura y tradición, y las cuales extrañan. A esto se le conoce como “consumo de nostalgia”.

    Los profesores de la UAS, Blas Valenzuela y Brianda Peraza han estudiado por años esa economía étnica en California. Como aquí, allá los migrantes sinaloenses consumen tacos y mariscos, esa demanda ha incluso permitido que muchos sinaloenses se conviertan en empresarios restauranteros en esas ciudades. Esos negocios primero son dirigidos a satisfacer la demanda de sus connacionales, pero han ido ganando preferencia en el paladar estadounidense. De esta manera los emigrantes sinaloenses también están siendo embajadores de nuestro estado, llevando sus recetas y dándolas a probar al mundo.

    Los restaurantes de comida sinaloense en California, sirven también como punto de contacto entre la comunidad, receptora y la recién llegada. En algunas ocasiones fungen como el primer punto de acogida del nuevo migrante al tener un lugar de recepción de trabajo temporal. Algunas veces el restaurante provee de alojamiento y manutención para los recién migrados.

    En esos establecimientos, la comida es acompañada por música de “chirrines” o de la tambora sinaloense. En los mariscos “Mi lindo Sinaloa” en Paramount usted puede deleitar un aguachile, o un ceviche de camarón, observando imágenes del malecón de Mazatlán en sus paredes.

    Entonces al degustar la comida, nuestros paisanos en el extranjero no sólo se alimentan, sino que también se activan estímulos sensoriales; son estímulos que remiten a su tierra, a su gente, sus experiencias y recuerdos. En este proceso, el cuerpo no es sólo un receptor de información, sino que es un vehículo que, regido por la memoria, se alimenta de nostalgia culinaria. Es comida que sabe a Sinaloa.

    Es cuanto....

    Posdata

    Felicidades al equipo de Noroeste por la producción de la docuserie “A qué sabe Sinaloa”, del cual auguro éxito internacional.

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