Los tiempos actuales son de reflexión y prudencia. Ante la andanada de desinformación que a diario nos abruma, tenemos que caminar con mucha cautela, sopesando la información que digerimos diariamente. Los comentócratas día a día pintan un panorama trágico cuando observan la realidad política del país, como si los lectores no tuviéramos criterio propio. Se equivocan totalmente, porque en la ciudadanía existe un nivel de análisis muy desarrollado. Los lectores y escuchas son cautos a la hora de procesar la información y caminan con mucho cuidado respecto a lo que reciben de información, que es infinita en esta época de las redes sociales.
Los ciudadanos tienen criterio propio y desdeñan la información sesgada que a diario exponen los comentócatras, que adolecen de lo principal, no prestan atención a la voz del pueblo. Y siguen con sus cantaletas, sus comentarios destemplados, que no inciden en la voluntad de la gente; por el contrario, cada día existe un rechazo a ese discurso sesgado y hasta grosero, con más tinte ideológico que análisis objetivo del acontecer nacional. Los comentócratas se quedaron en el pasado, usando las redes para inducir al odio, no al amor ni a la regeneración del tejido social, como si quisieran que los mexicanos regresáramos a un pasado del país donde solamente existía una sola verdad “oficial” y los ricos aprovechaban ese discurso autoritario para servirse con la cuchara grande.
Mientras los comentócratas quieren manipular, sin lograrlo, la opinión pública, la ciudadanía toma previsiones para afrontar con claridad y firmeza el proceso electoral que se aproxima. Los ciudadanos tienen claro cuál va a ser su papel en la contienda electoral del próximo año. La ven como una oportunidad para elegir candidatos que garanticen consolidar la transformación que vive el país, en bien del pueblo. Esa es la meta de la ciudadanía que, llegado el momento, va a emitir su sufragio sin titubeos y con toda firmeza.
Durante muchos años, en este país, prevalecía una imposición política de lo más rupestre que nos podamos imaginar. Pero eso se acabó, el pueblo despertó y, a partir de 2018, la situación política en este país dio un giro de 180 grados. Los ciudadanos dijeron “¡basta!” y optaron por el cambio de rumbo en la función pública nacional. En la actualidad tenemos un régimen democrático, con un amplio apoyo popular de la ciudadanía.
Hay certeza en el rumbo por donde camina la administración pública. Ha habido resultados tangibles, que se palpan en los programas sociales, en la construcción de hospitales, en la ampliación de los puertos, en la mejora de la infraestructura del país. La elección popular de junio próximo va a ser un referente objetivo y un impulso para los futuros planes del gobierno de la cuarta transformación. Políticamente, las elecciones de 2027 van a ser una medición objetiva del nivel de aprobación popular del rumbo del país, y van a servir para medir el pulso político con objetividad, sin matices de ninguna índole sabremos cuál es el sentir del país entero. Quizás esa es la trascendencia que tendrá el ejercicio democrático electoral de junio próximo: va a ser el fiel de la balanza política, donde los ciudadanos van a marcar, con su veredicto y con una objetividad plena, el rumbo y el ritmo en democracia del país, va a ser la brújula del futuro.
Los procesos electorales democráticos tienen esa característica, establecen con objetividad cómo piensan los ciudadanos, los consensos y los disensos respecto a la función pública. Esta próxima elección va a dar mucha certeza de qué es lo que verdaderamente piensan los ciudadanos de su gobierno, si lo apoyan o lo reprueban; allí tendremos una radiografía palmaria, nos daremos cuenta del sentir de la ciudadanía sin medias tintas.
Los ciudadanos están claros que, detrás del bombardeo informativo que tratará de influir, incluso algorítmicamente, en su voto, en el campo electoral se enfrentarán de nuevo dos proyectos de nación: la que expresan los comentócratas de filiación prianista, que todo lo juzgan mal y buscan regresar al viejo régimen político corporativo, donde solo unos pocos potentados plutócratas se beneficiaban; y la alternativa democrática, que circula en las plazas y mercados como auténtica voz del pueblo, que quiere que siga y mejore el gobierno democrático, con bienestar para todos.
Esta entidad tiene un futuro promisorio que la distingue en el país. No dudamos en verla floreciendo con desarrollo y bienestar, recuperando sobre todo su paz social.