Abrumados

14/01/2026 04:00
    La estrategia intervencionista los Estados Unidos la tienen muy bien entrenada, buscar cualquier pretexto para invadir a los pueblos que cuentan con importantes recursos naturales y son caros a sus intereses geopolíticos.

    La intervención impune y el secuestro del Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro, por parte del actual gobierno de Estados Unidos, sienta un precedente ignominioso, en franca violación a lo establecido en la Carta de las Naciones Unidas, cuyo artículo 2º establece la inviolabilidad, al margen del sistema político establecido en cada país, de la soberanía de las naciones. Lamentablemente, el Presidentae Donald Trump actúa, al secuestrar al Presidente legítimo de la República Bolivariana, como un bucanero, retrasando el reloj político a la época de la piratería e invasiones, que tanto dañaron a las naciones de América Latina.

    Para justificar lo injustificable e intervenir en un país hermano de América Latina, el Presidente Trump se ha inventado una causa bellis. Como George Bush, que inventó que Irak tenía armas de destrucción masiva, ahora el actual Presidente propaga que lucha contra el “narcoterrorismo” (aunque no comienza por combatir este flagelo en su propia casa). Apelando a la obsoleta Doctrina Monroe, la misma que usó el Presidente Polk, en 1848, para robarse la mitad del territorio de México (desde los extensos territorios de Texas hasta los ricos yacimientos de oro en California), ahora el Gobierno de Estados Unidos absurdamente dice que “Venezuela le robó su petróleo”.

    Ante tal retórica intervencionista, el mundo ha quedado estupefacto viendo la prepotencia e impunidad con la que Estados Unidos invade, secuestra y presiona en contra de un país del Continente Americano, violando todas las normas del derecho universal vigente, y sentando un precedente belicista para el mundo.

    La intervención y secuestro del Presidente Nicolás Maduro establece un precedente sumamente oprobioso en el concierto de las naciones del mundo, violando los tratados internacionales y el respeto de la soberanía. Todo mundo sabe que la República de Venezuela tiene en su suelo enormes yacimientos de petróleo, oro, uranio, tierras raras y muchos más recursos naturales. Sin retórica, ahí está la verdadera razón de esta intervención y la explicación del voraz belicismo norteamericano.

    Es lamentable que Estados Unidos, que tiene graves problemas en su economía y una crisis política interna (los papeles Epstein abonan al gran desprestigio que cada día más tiene el Presidente Trump entre el electorado americano), quiera desviar la atención de sus propios problemas internos lanzando una oleada intervencionista en Venezuela. La película no es nueva, acaso sí su remasterización. La misma historia aplicaron en la Libia de la época de Muamar el Gadafi, para apoderarse de su petróleo; las mismas falacias esgrimieron para invadir Irak y, recientemente, para ir a bombardear instalaciones en Irán. Podrán cambiar un poco el guión, pero los objetivos son los mismos: apoderarse de los ricos recursos naturales de naciones soberanas en vías de desarrollo.

    La estrategia intervencionista los Estados Unidos la tienen muy bien entrenada, buscar cualquier pretexto para invadir a los pueblos que cuentan con importantes recursos naturales y son caros a sus intereses geopolíticos.

    Ante esta situación tan grave, la organización de las Naciones Unidas debe abandonar su pasividad e inercia y volverse más proactiva en sus resoluciones. Porque no es sólo Venezuela o América Latina las que están amenazadas con esta nueva oleada imperialista, todos los países del mundo ven amenazada la paz, que en esta segunda época de Trump parece pender de alfileres.

    La premisa de todos los pueblos es buscar la paz y desterrar para siempre la guerra. Luchar porque prive la paz es la aspiración de todos los pueblos del mundo, al margen de credos políticos y religiosos. No la guerra sino la paz es el más noble sentimiento que prevalece en todos los rincones de la tierra. El desarme nuclear es un clamor de todos los pueblos del mundo, que quieren vivir de una manera soberana y pacífica. Luchemos sin descanso por lograr vivir en paz, que es lo más bello de la vida.

    Un mundo donde prive la paz es la aspiración más sentida de la humanidad en todas las regiones del orbe, ese sentir une a todos los pueblos. Mientras la guerra divide, causa discordias y sufrimientos sin fin y enfrenta a las naciones, la causa de la paz une a todos los pueblos, amantes del progreso y la preservación de lo mejor que ha creado la civilización humana.

    Los habitantes de todo el mundo luchan permanentemente por el bienestar, por ello es importante que, en su entorno, prevalezca la paz y la concordia. No hay opción, la armonía y convivencia en paz siempre serán preferibles a los tambores de la guerra.