Sorprende el pronunciamiento de la Senadora Laura Itzel Castillo (Morena) a favor de que el gobierno “no [...] dirija el proceso electoral”. Tiene razón la hija del inolvidable Heberto Castillo, pero es un comentario extemporáneo porque Palacio Nacional tiene tiempo controlando al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) y al Instituto Nacional Electoral (INE).
El TEPJF consumó su capitulación cuando tres de los cinco magistrados nombraron a Mónica Soto Fregoso como presidenta en diciembre de 2023. Desde entonces, el favoritismo hacia Morena es tan predecible como los congestionamientos viales de la CdMx en viernes de quincena.
La metamorfosis del Instituto Nacional Electoral empezó en abril de 2023, cuando los diputados nombraron a Guadalupe Taddei Zavala presidenta del INE y lo fue llenando de afines a la 4T. Un grupo de consejeros resistió, pero fue derrotado en enero de 2024 cuando el TEPJF autorizó a Taddei para que continuara la castración pública y sin anestesia del INE. El aldabonazo final lo dio el Senador morenista Miguel Pavel Jarero Velázquez quien añadió unas frases en la reforma judicial (octubre de 2024) afianzando el poder de Taddei que, seguramente, continuará sustituyendo a los 2,571 integrantes del Servicio Profesional Electoral Nacional (SPEN) que se encargan de organizar los comicios.
La dominación sobre el árbitro electoral se facilita porque los partidos opositores siguen vagando por el purgatorio de la irrelevancia y porque Somos México —el único aspirante a partido con vocación de independencia— todavía no cumple con las exigencias a quienes desean la franquicia: ya superó las 200 asambleas distritales, pero le faltan 70 mil afiliaciones para llegar a las 250 mil exigidas.
La principal resistencia a la deriva autoritaria seguirá viniendo de algunos gobiernos locales y, sobre todo, de la sociedad organizada. Hay medios de comunicación, organismos empresariales y de la sociedad civil, académicos y colectivas de víctimas que, pese a su fragmentación, resisten y ganan algunas batallas, sobre todo a nivel local.
En el plano electoral, estamos de regreso a los tiempos del PRI de Carlos Salinas cuya dominación se resquebrajó con la rebelión zapatista de 1994. Ante un panorama de este tipo, sería lógico el regreso de las observaciones ciudadanas, el abstencionismo deliberado o las campañas para anular el voto. Ejercicios que deben ser precedidos por una autocrítica sobre los aciertos y errores cometidos por todas las partes durante aquellos años.
Es igualmente necesario rehacer las cartografías sobre los principales actores del sistema político. ¿Qué instituciones controlan y qué recursos manejan Morena y sus aliados? ¿Cuál es la fuerza bélica y el grado de penetración que tienen los criminales en los tres niveles de gobierno? ¿Cuál es la influencia real de Estados Unidos en México?
Dado lo predecible de los resultados de comicios profundamente inequitativos, es más útil seguir con atención los gigantescos reacomodos que vive el planeta zarandeado por el cambio climático, la inteligencia artificial y los humores del Presidente de Estados Unidos.
Según un informe coordinado por Timothy Garton Ash, entre otros, para el Consejo Europeo de Relaciones Internacionales (How Trump is making China great again, 15 de enero de 2026), Trump influyó en que la ciudadanía de 20 países mejore su opinión sobre el autoritario régimen chino; crece la sensación de que es posible liberarse de la tutela estadounidense, y hasta se considera posible tener buenas relaciones con China y Estados Unidos a la vez.
La encuesta incluye a 13 países europeos y a siete de otros continentes. Del hemisferio occidental, sólo tomaron en cuenta a Brasil y a Estados Unidos; ¡excluyeron a México! En tanto entendemos mejor por qué nos descartaron recurro a una pregunta clásica atribuida al expresidente mexicano Luis Echeverría Álvarez. Para el autoritarismo mexicano (en construcción) ¿La exclusión es buena, mala o todo lo contrario?
No lo sé. Por ahora la tarea principal es procesar el final de nuestra breve transición democrática capturada en un editorial de cuatro palabras: adiós a las urnas.
Colaboró José María Vázquez Cabanillas.