Otro padre que se va sin justicia
Solo queda llorar de impotencia otra vez por lo triste e injusto de que don José Humberto Valdez Salas, el padre de Javier Valdez Cárdenas, haya muerto sin la tranquilidad de ver sentenciados a los asesinos de su hijo, el periodista cuyo crimen representó el último clavo al ataúd en que yace la libertad de expresión en México.
El hombre bueno, honesto y trabajador que creyó forjar a un ciudadano y no un blanco del plomo bestial de la delincuencia organizada, perdió muchas de las fuerzas de su espíritu invencible al pasar a convertirse en un número más de la infinita lista de sinaloenses agraviados por la barbarie y el desgobierno.
¿Qué le pueden decir a la familia de Javier Valdez el Presidente Enrique Peña Nieto, el Gobernador Quirino Ordaz Coppel, el Fiscal especial Ricardo Sánchez Pérez del Pozo y el Fiscal de Sinaloa, Juan José Ríos Estavillo? Imposible de entender el pésame oficial en esta circunstancia dominada por el ruido de las balas y la borrachera anárquica de los sicarios que las disparan.
Va don Humberto al mismo espacio donde gravitan las almas que no se ausentan del todo, en espera de la paz que únicamente da la justicia. Punto inevitable de encuentro entre él y Javier, que el bato lo reciba con el abrazo del hijo que antes de morir ya sabía que las leyes en México y Sinaloa sirven de escondrijo de los malandrines.
Ninguna autoridad o sistema fundado en la legalidad pueden tener tranquila la conciencia frente a la doble muerte de los ciudadanos de paz inmolados, una perpetrada por la inhumana cacería de la delincuencia, la otra consumada por fiscales y jueces que aniquilan en la desesperación a los agraviados. Así se fue el papá de Javier Valdez: esperando ver el resplandor del sistema punitivo, entre tanta negrura del salvajismo.
También hemos de perder uno a uno a los deudos (la sociedad entera es otro de los dolientes) hilando la exigencia de justicia aún en el último aliento. Los periodistas como testigos y víctimas, sus familias cargando por siempre con el daño colateral directo, los sinaloenses potenciando el sentimiento de indefensión y los narcotraficantes sabiéndose por encima del Estado de Derecho y de las autoridades.
El tiempo del periodismo en Sinaloa lo marca el reloj de la impunidad. Hace casi un año, el 16 de octubre de 2017, falleció también el señor Miguel Rivera Cartagena sin saber quiénes y por qué asesinaron a su hijo Óscar Rivera, el 5 de septiembre el 2007, mientras el reportero se desempeñaba como vocero del operativo militar y policiaco contra la violencia.
Y apenas el viernes 24 de agosto los periodistas de Culiacán nos reunimos en Catedral para recordar durante una misa al colega Humberto Millán Salazar, un crimen de claro tinte político cometido en la misma fecha de 2011 y sin voluntad alguna por esclarecerlo por parte del entonces Gobernador Mario López Valdez y el ex Presidente Felipe Calderón, operación de encubrimiento extendida a la actualidad.
Arrinconados en la indefensión, periodistas y opinión pública llevamos el miedo en los hombros, como féretros agobiantes lacrados en nuestros destinos. Al final de cuentas en las estadísticas gubernamentales caben todavía bastantes sacrificios de las vidas de defensores sociales, así como en los anaqueles empolvados de ministerios públicos y juzgados.
De tantos crímenes irresueltos escondidos detrás de la banda presidencial ha de ser muy pesado para Andrés Manuel López Obrador ponérsela como estafeta sangrienta. Desde el cenotafio de Javier Valdez, y ahora desde la tumba de su padre, que llegue la sacudida al régimen que mató a tantos periodistas, a miles de ciudadanos de bien, y alcance el mismo soplo de fe la voluntad del nuevo mandatario para hacer justicia.
Re-verso
Tal vez en el más allá,
Sí sea eficaz la justicia,
Diferente a la franquicia,
Del narco que es acá.
Hay que tener madre
Siendo Gobernador de Sinaloa, Francisco Labastida se vio obligado muchas veces a dejar su placentero despacho en Palacio de Gobierno para ir junto a los deudos de las víctimas de la violencia y ofrecerles lo único que el Estado les ha dado siempre: ánimo, solidaridad, esperanza. Actualmente, a las madres con hijos desaparecidos el gobierno de Quirino Ordaz Coppel no solo puede darles la cara sino el apoyo ilimitado de forenses y criminólogos que les alivianen la labor de búsqueda. Si el Fiscal Ríos Estavillo no lo hace, que el Gobernador reponga esa sensibilidad negada.