A los extranjeros les sorprende ese mexicanismo sin origen prehispánico.
En España “se toma el tren” o “se coge un taxi”. Los argentinos toman el colectivo y los cubanos suben a la guagua.
“Agarrar” implica hacerse de algo usando garras. Toparse con el significado preciso lleva sorpresas.
Pero más allá de la semántica, “tomar” o “agarrar” el camión cada vez es más un reto.
Un problema creciente en Sinaloa es la situación el transporte colectivo urbano. Históricamente, es una entelequia plena en tropiezos y excesos.
De Culiacán para arriba, y hablando de cercanías rurales, le llaman poéticamente “la tranvía” a lo que en el sur aún nombramos como “el carro pasajero”, incluyendo su versión tropical.
Pero volvamos al casco urbano, en estos momentos, me pregunto si desapareció “mi ruta”, la Toreo Gran Plaza, aquí en Mazatlan.
Me quise ir en camión hace días a mi oficina y no apareció en contados 48 minutos. Por fortuna, un amigo me vio y me subió a su camioneta.
Esa es una ruta que desde hace más de cuarenta años recorre una zona intermedia entre Avenida del Mar y Ejército Mexicano/Juan Carrasco, dos de las principales rutas para llegar al centro, a la par de la calzada Gabriel Leyva; en su momento, la única entrada a Mazatlán.
Por ahí entró Juan Carrasco durante el sitio a Mazatlán, pero fueron detenidos por los disparos del cañonero Morelos. La vía hoy lleva el nombre de otro revolucionario nacido en Mocorito y padre de un gobernador homónimo.
Pero vuelvo a mi historia... Dos damas que estaban conmigo mejor tomaron sus respectivos Didis o Ubers, luego de sudar la gota gorda en el paradero de Home Depot.
Dijeron que la ruta pasa cada hora o más, solo entre semana y quizás ese mismo día la retiraron.
Otra me decía que privilegian la ruta Chulavista, que da un vuelterío y pasa por una vía parecida. Pero a mí me dejaría a siete sudorosas cuadras muy grandes de la casa de usted.
Entro a una página no oficial de rutas de camión en Mazatlán y me topo con quejas de que se demora demasiado y no es la única. El problema está extendido en los puntos más inesperados.
¿Cuál es el problema de fondo? En el pasado se ha dicho que son incosteables, como si fueran una inversión privada.
Pienso que los mismos concesionarios hacen las rutas incosteables alargándolas de más o quitando unidades. Pero esto no es un negocio: es un servicio público fundamental al que ellos se les concedió. No es su minita de oro.
Al paso que va, todo mundo tomará plataformas o volverá a irse en taxi o auriga, pagando cada quien 14 pesos. Se vuelve así a privilegiar al automóvil.
Hay que ponernos también en el lugar de los operadores y concesionarios. ¿Recibirán menos subsidios para la compra de combustible? ¿Hay escasez de diésel y no se ha dicho? ¿La inseguridad frena todo lo anterior y tampoco pueden declararlo sin meterse en un berenjenal político? Tampoco pueden trabajar con grandes pérdidas.
Toreo Gran Plaza es una ruta muy escolar: pasa por la UAS, la secundaria 1 la 3, CETyS, UAdeO, la de Durango y hasta las escuelas privadas que están por galerías. Los del Tec Milenio también tienen su derecho, así como sus padres asfixiados en las colegiaturas.
Mi trabajo me exige movilidad y disponibilidad, pero en días tranquilos tomo el transporte público: ahorro gasolina, estacionamiento, leo tranquilo y apoyo al planeta. Algo que ya no se va a poder.
¿Qué está pasando? ¿A quién corresponde resolver esto? ¿Seguirá Sinaloa en la inercia fantasmal que nos envuelve? ¿Quién debe agarrar el toro por los cuernos?
Culiacán tiene sus propios problemas, con su forma de “plato roto” igual que las ciudades europeas, en donde las rutas deben pasar por el centro y por eso se suelen dar congestionamientos, con todo y su par vial permanente.
De Culiacan recuerdo una extraña parada en el centro de varios minutos, como si fuera una estación, y todavía hasta hace poco los operadores tenían un joven ayudante que era cobrador y barrendero de la unidad en las paradas.
Algo así como el sotacochero de las antiguas diligencias o “el chango”, que amarraba los bultos en el techo de lo camiones rabones rurales.
Hay pueblos que se vuelven ciudades... las nuestras se están volviendo pueblos.
Pero nuestros políticos han hecho suyo un refrán auténticamente torero: “A los toros no se les agarra por los cuernos: se le pone el capote enfrente y se les deja pasar”.