Durante mucho tiempo, se postulaba que la política era un ajedrez, aunque en los tiempos del Presidente Adolfo Ruiz Cortines se puso de moda decir que era más bien un juego de dominó.
Con dicho Presidente, austero, eficiente y bastante conservador, el comentario popular provenía de que según la tradición, el señor se iba una vez a la semana a jugar dominó con un grupo de amigos, creo que médicos en su mayoría, en un hospital ubicado en el centro histórico, por la calle de Regina.
Esa costumbre nos habla, más que una devoción al juego o hacia un club privado, a que él tenía ahí a sus “amigos ancla”... esas personas ajenas a nuestro oficio o drama que nos ayudan a alejarnos de la burbuja que nos rodea.
En el mundo del cine se decía que Felipe Calderón se reunía una vez al mes con un productor, gran amigo suyo, a echarse solo unas copas y charlar de todo.
Otra leyenda, ya sinaloense, afirma que un recio Gobernador tenía un amigo suyo de confianza detrás de su despacho, el cual oía las conversaciones, y al final le daba su opinión de lo platicado. Como ese señor se aburría a ratos de ese encierro, se ponía a echarse la copa y se iba a su casa tambaleando.
Volviendo al dominó, aparentemente es un juego muy sencillo, pero tiene sus vertientes. Fue inventado por monjes medievales y por eso al final el ganador decía “Dominus”.
Y aunque es un juego, en el cual un jugador ducho luego de tres jugadas puede adivinar el final, hay muchas variantes para hacerlo más complicado. Es “un juego de contar” como dicen ellos mismos si un contertulio se equivoca.
Hay un rasgo de azar. Yo por años, jugué con un grupo que lo practicaban en una versión en el cual se eliminaban cuatro fichas y no se permitía robar, lo cual hacía más rápido el juego y menos previsible. Aún así, los que tenían agudeza matemática lograban adivinar las fichas ocultas, en base a ver si alguno había “pasado”.
Viene a cuento a eso, porque por años la política mexicana fue una clase política dominada y dominante.
El gran elector era el Presidente que dominaba el país por seis años y colocaba los gobernadores en calidad de virreyes con cierta autonomía.
Algunos se salían del huacal y mantenían sus grandes cacicazgos como el famoso Gonzalo N. Santos, en la Huasteca potosina o los Figueroa en Guerrero.
Así, los mexicanos vivimos una relativa estabilidad y nos acostumbramos a la tómbola de cada seis años: el juego que todos jugamos, la lotería del poder que después se volvía un dominó donde se revolvían las fichas.
Y todos quietos y sin dar señas. Como dijo una vez, Fidel Velázquez, “el que se mueva no sale en la foto”.
Cuando un gobierno llegaba casi a su final y el sucesor por emerger, la política mexicana se volvía un ajedrez, lleno de sacrificios, gambitos, aperturas y jugadas estratégicas, pensadas a largo plazo, donde la paciencia era muy importante.
Hubo quiebres y momentos en que un Presidente rompía tajantemente con el anterior.
A muchos sorprendió cuando, de repente, el Presidente José López Portillo mandó al muy agitado expresidente Luis Echeverría Álvarez como Embajador a Australia, Nueva Zelanda y las islas Fidji. Gesto que sonaba a destierro político.
En esa misma carambola de billar y quizá para disimularlo, mandó al expresidente Gustavo Díaz Ordaz como Embajador de México en España. Tal vez pensaba instaurar una nueva mecánica de dejar fuera del juego a los expresidentes, dándoles el nobiliario y remoto título de embajadores.
El “sacrificio” más sonado de ese tipo fue cuando el Presidente Salinas de Gortari, empezando su gobierno, encarceló al poderoso líder sindical, Joaquín Hernández Galicia, “La Quina”, dando un golpe de mesa para legitimar su tan criticada elección, demostrando que tenía fuerza propia.
Fue más bien eso, que querer romper con su anterior jefe Miguel de la Madrid Hurtado, quien tranquilamente se fue a trabajar al hoy polémico Fondo de Cultura Económica, dirigido hoy por Paco Ignacio Taibo.
Más dramática fue la jugada de Ernesto Zedillo cuando encarceló a Raúl Salinas Lozano ahorcándole la “mula de seises” a su hermano Carlos, quien se puso una huelga de hambre en una colonia que había sido apoyada por el Programa de Solidaridad, en la casa de la dirigente local del PRI.
Luego de varios arreglos secretos, Raúl Salinas se enfrentó un proceso del cual salió libre y el Presidente se exilió voluntariamente a Irlanda.
Aunque estos sacudimientos preocuparon a muchos, después de ellos llegaba una relativa estabilidad y los mexicanos seguimos viviendo en esa política, combinada con dominó, ajedrez, y algo de billar, antaño los juegos más populares.
Es en este país, estos juegos son los que nos permiten buscar paralelismos, al menos lingüísticos, con la realidad.
En el reinado de Adolfo López Mateos, se comparaba la política con la tauromaquia, ya que el jerarca era devoto y fue el ultimo Presidente en asistir a un palco en la Plaza México sin recibir abucheos.
El Presidente llegaba a la Cámara a presentar leyes y los diputados y senadores decían que “si” como si fuera un “ole”.
Hoy la política nacional se ha vuelto una serie de estremecimientos que ya tienen un rato moviendo las circunstancias en que los actores de esta disciplina social se desenvuelven. El país y el mundo han cambiado.
Somos una sociedad más comprometida y comunicada con una mayoría silenciosa, que de repente aflora.
Existen más opciones de autodefensas ciudadana y los presidentes se han visto obligados a ser unos comunicadores, a veces parlanchines, pero efectivos, para llegar a toda la masa invisible que define elecciones.
Hoy México ha entrado a esa política a la que no estábamos acostumbrados y que en otros países es muy como común. La de los terremotos continuos.
Los estadounidense vivieron el escándalo de Watergate y la crisis de la pérdida de un presidente en funciones durante una guerra. Hablo de Roosevelt en la Segunda Guerra Mundial y Kennedy, en los inicios de Vietnam.
España, país de primer mundo también enfrenta seguido escándalos y crisis. Es un gobierno con mucha presencia parlamentaria y Francia también tiene lo suyo. El expresidente Nicolás Sarkozy fue condenado a cinco años de prisión por un “pacto de corrupción” con Muammar Gadafi. Asi le llamaron los medios.
Definitivamente, la política en otros países no es una ciencia exacta como lo fue en México por más de 60, años en la hegemonía del PRI, donde el Presidente era un tlatoani intocable, hasta que terminaba su ciclo y enfrentaba un sacrificio ritual mediático.
La política Jumanji, es el pan nuestro de cada día ahora que vivimos procesos novedosos. Quizás con la alternancia iremos aprendiendo poco a poco a movernos en esos turbuletos ciclos que el fondo pueden ser sanos.
Ya tuvimos un Siglo 21 que inició con dos gobiernos de Acción Nacional, luego ganó uno del PRI y luego tenemos dos sexenios juntos de Morena. ¿Será este el futuro de la política o quizá nos veamos en una democracia más pendular como la de Estados Unidos?
Por eso, cuando hay crisis, la gente desea volver a aquellos tiempos en que la disciplina era moneda corriente.
Recordemos que durante Fox se creo la Conago, organismo sin oficinas de los gobernadores de posición, que de broma era llamado “el sindicato de gobernadores”.
Hoy, la historia y sus procesos se escriben a cada rato en cuestión de horas. Eso es lo que estamos viviendo en Sinaloa. Y el mundo nos mira.