Alianzas que liberan: cruzando las fronteras entre el feminismo y los derechos de los animales

    Internacionalista y politóloga, fundadora de Mujeres Construyendo / @LaClau / www.mujeresconstruyendo.com / Animal Político / @Pajaropolitico
    Nos toca cuestionar las creencias en esta sociedad a partir de las cuales nos relacionamos con el entorno y convertimos en objetos a las mujeres y a los animales.

    Este 8 de marzo conmemoramos el Día Internacional de la Mujer y en todo el mundo no sólo reconocemos la lucha por los derechos de las mujeres, sino buscamos visibilizar su voz y la diversidad que nos caracteriza.

    Quiero aprovechar esta fecha también como un espacio para reflexionar sobre cómo están interconectadas la defensa de los derechos de las mujeres y la defensa de los derechos de los animales. Nosotras hemos aprendido a usar nuestra voz -y nos queda un largo camino por recorrer aún-; los animales no tienen voz en nuestro mundo y necesitan que hablemos por ellos.

    Carol J. Adams explica con claridad las intersecciones existentes entre el feminismo y los derechos de los animales y expone la explotación del patriarcado sobre las mujeres y los animales y, de manera más profunda, sobre las hembras de distintas especies. Destaca que trabajar por la justicia social implica comprender de qué manera las distintas formas de opresión se intersectan y superponen.

    Podemos decir, sin lugar a duda, que el heteropatriarcado es un sistema de opresión entrelazado y que encuentra en el especismo un aliado. Los estudios de género han aportado un concepto clave para explicar el abuso hacia los animales: la interseccionalidad. Esta categoría permite explicar las condiciones que ponen a grupos en condiciones de vulnerabilidad y posibilitan su explotación y que se ejerzan distintos tipos de abuso hacia ellos. Por ello se ha tomado para explicar y analizar el abuso, discriminación y violencia hacia los animales y la narrativa que justifica su explotación e invisibilización. Los cuerpos de las mujeres y de los animales se han mercantilizado y se ejerce violencia sistémica hacia ambos.

    La opresión y el abuso encuentran muchos puntos de convergencia. Marti Kheel, ecofeminista y autora de Nature Ethics, explica cómo el ecologismo y el feminismo comparten raíces en su combate contra la dominación. En su libro habla de ejemplos de cómo la masculinidad y la hombría se han asociado al dominio -de las mujeres y los animales- y cómo “deportes” tales como la cacería representan para los hombres una manera de demostrar su valor entre congéneres. A esto se suma la visión antropocéntrica que considera al ser humano superior a los demás seres del planeta y les coloca en una posición de subordinación y servicio hacia él. Hay que añadir que esta visión también es heteropatriarcal y coloca al hombre por encima de las mujeres.

    Para muchas personas es difícil observar y comprender a primera vista esta relación, pero cada día la violencia contra las mujeres en el mundo y la que se ejerce de distintas maneras hacia los animales de todas las especies la ponen en evidencia. El hecho de que tenga que promoverse la Ley Sintientes para reconocer que los animales “sienten” y son sujetos de derecho, habla más de los humanos que de ellos. Resulta inconcebible que millones de personas consideren que torturar animales a nombre del deporte, la diversión y la cultura es normal y que “ellos no sienten”. Evidentemente nunca han escuchado a un toro en una corrida, sentido el pavor de un caballo en la misma o a una vaca rumbo al matadero y omito comentar sobre la tradición de comer perros y gatos o matar focas bebé a palos.

    ¿Es posible establecer alianzas y puentes de comunicación entre los feminismos y la defensa de los animales? Estoy convencida de que si. Lori Gruen nos brinda un marco de referencia para entender cómo la empatía puede servir de punto de partida para establecer, construir y consolidar estas alianzas. De seguir esta visión supremacista humana con relación a la naturaleza y el entorno, el ecocidio y la destrucción de la vida en el planeta son inevitables.

    Nos toca cuestionar las creencias en esta sociedad a partir de las cuales nos relacionamos con el entorno y convertimos en objetos a las mujeres y a los animales. En las guerras, los cuerpos de las mujeres son parte del campo de batalla y un espacio para demostrar el triunfo de los ganadores sobre los vencidos. Las personas aman a los perros, comen cerditos y se visten con las vacas, como diría Melanie Joy, y no se cuestionan que están tratando a los tres animales de manera diferenciada a partir de su sistema de creencias. El común denominador: son vistos como objetos en la narrativa de nuestra sociedad y útiles -o no- en la estructura de poder.

    Por ello es que este 8 de marzo hago una invitación a pensar en quienes no tienen voz y con quienes las mujeres históricamente hemos compartido el abuso y la opresión. Aquí no puedo más que estar de acuerdo con bell hooksen que el feminismo es para todas y todos. El feminismo busca acabar con el sexismo, la explotación sexual y la opresión. La defensa de los derechos de los animales aboga por la justicia, también.

    El mundo necesita personas empáticas y capaces de tejer redes, alianzas y sumar esfuerzos. A partir de ello pueden darse grandes transformaciones. Una alianza entre los feminismos y la defensa por los derechos de los animales puede representar la supervivencia del ser humano sobre este planeta.

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