Nunca es tarde para aprender a vivir, aunque en ocasiones pensamos que ya se nos pasó el tiempo oportuno, como expresó Agustín de Hipona, en sus Confesiones: “¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Y tú estabas dentro de mí y yo afuera, y así por fuera te buscaba; y, deforme como era, me lanzaba sobre estas cosas que tú creaste”.
Otra sobrecogedora escena que refleja el dolor de no poder alcanzar la felicidad, porque arrastra una enfermedad mortal, es la sufrida por Violetta Valery, en la ópera “La Traviata”, al expresar que es demasiado tarde para amar a Alfredo Germont: “E tardi... Addio del passato”.
Algo semejante es lo que plantea, el bardo Louis Aragón, en su poema titulado: No hay amor feliz: “Para cuando aprendemos a vivir ya es demasiado tarde”.
En síntesis, no basta con vivir, hay que aprender a vivir bien. Por eso, son muchos los autores que en el transcurso de la historia han recomendado edificar una vida noble y digna. Sócrates, por ejemplo, expresó: “conócete a ti mismo... una vida no examinada no es digna de ser vivida”. De igual forma, Horacio alentó: “Carpe diem”, aprovecha el tiempo.
En la actualidad, dos autores han escrito sendas obras que llevan por título; “Aprender a vivir”, José Antonio Marina y Luc Ferry.
Marina precisó que hay vidas logradas y vidas fracasadas, que construimos nuestra personalidad “a partir de una algarabía de influencias: genéticas, sociales y educativas”, y que se busca alcanzar tres grandes metas: salud, felicidad y dignidad.
Ferry expuso la necesidad de conocer el pensamiento filosófico que permite construir una buena vida, porque “sin filosofía no se puede entender nada del mundo en que vivimos... las filosofías del pasado nos siguen hablando”.
¿Aprendo a vivir?