Baños neutros en Sinaloa ¿qué dice la evidencia científica?

    Para algunas personas representan una medida necesaria de inclusión y respeto a la diversidad, mientras que para otras generan dudas relacionadas con la privacidad, la seguridad y la convivencia entre hombres y mujeres

    Existe una iniciativa para instalar baños neutros en espacios públicos de Sinaloa, la cual busca reformar la Ley para Prevenir y Eliminar la Discriminación del Estado de Sinaloa.

    En los últimos años, los baños neutros, también conocidos como sanitarios sin distinción de género, se han convertido en un tema de discusión en universidades, instituciones públicas, hospitales y espacios de convivencia. Para algunas personas representan una medida necesaria de inclusión y respeto a la diversidad, mientras que para otras generan dudas relacionadas con la privacidad, la seguridad y la convivencia entre hombres y mujeres.

    Como suele suceder con los temas que adquieren relevancia social, las opiniones abundan y dividen, pero no siempre están acompañadas de información científica.

    Un baño neutro es un espacio sanitario que puede ser utilizado por cualquier persona, independientemente de su sexo o identidad de género. Esto no significa necesariamente que hombres y mujeres tengan que compartir un mismo espacio abierto con lavabos, mingitorios e inodoros. Existen diferentes modelos, uno consiste en sanitarios individuales completamente cerrados, con su propio inodoro y lavabo, otro contempla espacios colectivos con varios cubículos privados que pueden ser utilizados por personas de cualquier género. También existen modelos mixtos que mantienen los baños tradicionales para hombres y mujeres e incorporan sanitarios universales como una alternativa adicional.

    Uno de los argumentos más sólidos a favor de estos espacios tiene que ver con la salud mental y el bienestar psicológico. Para las personas transgénero y aquellas cuya identidad de género no corresponde con las categorías tradicionales de hombre y mujer, utilizar un sanitario público puede convertirse en una experiencia incómoda o incluso intimidante. El temor a recibir comentarios, sufrir discriminación, ser cuestionadas o experimentar alguna agresión puede hacer que eviten utilizar instalaciones públicas. Aunque parezca un problema menor, evitar los sanitarios durante periodos prolongados puede afectar la comodidad, la salud y la participación en actividades educativas, laborales y sociales.

    Un estudio publicado en 2023 en el Journal of American College Health, que incluyó a más de cuatro mil estudiantes de ocho universidades estadounidenses, encontró que una proporción importante de estudiantes transgénero y de género diverso consideraba insuficiente la disponibilidad de baños neutros. Además, identificó una asociación entre el temor al acoso en los sanitarios y una mayor presencia de síntomas de ansiedad y depresión. Esto no significa que la instalación de baños neutros cure los trastornos de salud mental, pero sí sugiere que disponer de espacios donde las personas puedan atender sus necesidades fisiológicas sin sentirse expuestas o discriminadas puede contribuir a mejorar su bienestar psicológico.

    De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Diversidad Sexual y de Género (Endiseg) 2021 del Inegi, en Sinaloa el 5.1 por ciento de la población mayor de 15 años se autopercibe como parte de la comunidad LGBT+. Un 5 por ciento tal vez no se vea significante, pero si lo es, son 121,638 personas de 15 años y más que se reconocen como parte de la población LGBT+.

    Asimismo, el problema tampoco se limita a las personas LGBT+. Pensemos en un padre que acompaña a su hija pequeña al baño, una madre que necesita asistir a su hijo, una persona con discapacidad que requiere ayuda de un cuidador de otro sexo o un adulto mayor que necesita acompañamiento. En todos estos casos, contar con un sanitario individual de uso universal puede facilitar una actividad cotidiana y evitar situaciones innecesarias de incomodidad. Desde esta perspectiva, los baños neutros también pueden entenderse como una medida de accesibilidad y diseño universal, es decir, una forma de construir espacios públicos que respondan a las necesidades de una población diversa.

    Sin embargo, cuando se habla de baños neutros, una de las preocupaciones más frecuentes es la seguridad. Algunas personas temen que permitir el acceso a sanitarios sin distinción de género pueda facilitar situaciones de acoso, voyeurismo o agresiones sexuales.

    En 2019, investigadores vinculados con la Universidad de California en Los Ángeles publicaron un estudio en Sexuality Research and Social Policy en el que analizaron los efectos de las políticas de no discriminación por identidad de género en establecimientos públicos de Massachusetts. Los investigadores compararon los reportes policiales de localidades que habían adoptado estas disposiciones con los de localidades que no lo habían hecho. Los resultados no mostraron un incremento significativo de incidentes relacionados con la seguridad o la privacidad en baños, vestidores y espacios similares después de la implementación de estas políticas.

    Este resultado es relevante porque permite contrastar una preocupación social con información empírica. No significa que los sanitarios inclusivos eliminen la posibilidad de que ocurran agresiones, ni que cualquier diseño sea automáticamente seguro. Significa que, en las poblaciones y condiciones estudiadas, no se encontró evidencia de que las políticas de acceso inclusivo provocaran un aumento de los delitos analizados.

    También es importante comprender que una agresión no depende exclusivamente de la clasificación de un sanitario. Las conductas violentas pueden ocurrir en diferentes espacios y bajo distintas circunstancias. Una persona que tiene la intención de cometer un delito no necesariamente necesita una política de inclusión para intentar hacerlo. Por ello, las estrategias de prevención deben concentrarse en las conductas de riesgo, la protección de la privacidad, la seguridad ambiental y la capacidad de respuesta institucional, en lugar de asumir que la identidad de género de una persona constituye por sí misma un indicador de peligrosidad.

    No obstante, aunque que no se haya demostrado un aumento de delitos no significa que los baños neutros estén libres de dificultades. La privacidad es probablemente uno de los aspectos más importantes. No es lo mismo un sanitario individual con paredes y puertas de altura completa que un baño colectivo con cubículos que dejan espacios visibles en la parte inferior o superior. En este sentido, el diseño arquitectónico puede tener mayor relevancia para la experiencia de seguridad que el hecho de que el baño esté clasificado como masculino, femenino o neutro.

    La iluminación, las cerraduras, la ventilación, la limpieza, la ubicación y la accesibilidad también son elementos fundamentales. Un sanitario bien diseñado debe garantizar que nadie pueda observar el interior de los cubículos, que las personas puedan utilizarlo sin sentirse expuestas y que exista un mecanismo institucional para atender cualquier situación de acoso o violencia. La seguridad debe construirse a partir de condiciones físicas y protocolos adecuados, no de la exclusión de determinados grupos de personas.

    Quizá la conclusión más importante es que no tenemos que elegir entre inclusión y seguridad. Una infraestructura bien diseñada puede atender ambas necesidades. La ciencia no debe utilizarse para justificar prejuicios ni para descalificar automáticamente las preocupaciones de la sociedad. Su función es ayudarnos a distinguir entre riesgos demostrados, riesgos hipotéticos y beneficios respaldados por datos. Y cuando se trata de espacios públicos, esa distinción puede marcar la diferencia entre una política construida desde el temor y una política construida desde la evidencia, la responsabilidad y el respeto a las personas.