Borges y ‘el vil jugador de futbol’

EL OCTAVO DÍA
14/06/2026 04:02
    El Mundial de México 86 fue el año en que murió Jorge Luis Borges... su partida fue en el ‘Mundial de Argentina’... a más de 40 años de esa gesta deportiva y el final de la vida física de Borges, -precisamente hoy se cumplen 40 años-, su figura se consolida cada vez más como uno de los pilares de la imaginación en el arte y la creación en lengua española.

    Para aquel joven que fui y que aún se debate dentro de mí, el Mundial de México 86 fue el año en que murió Jorge Luis Borges. Ya lo leía yo desde edad temprana y confieso que me extraviaba en sus laberintos, sin perder el asombro y la curiosidad ante sus relatos.

    Sí: su partida fue en el “Mundial de Argentina”, cuando la sólida estrella de Diego Armando Maradona corría imbatible y vengó -simbólicamente- la reciente derrota de la Guerra las Malvinas torpedeando con dos goles de antología a Inglaterra.

    A más de 40 años de esa gesta deportiva y el final de la vida física de Jorge Luis Borges, -precisamente hoy se cumplen 40 años-, su figura se consolida cada vez más como uno de los pilares de la imaginación en el arte y la creación en lengua española.

    Su tránsito por el universo de la gravedad y las formas ha dejado una honda huella metafísica, similar a una partícula de antimateria rebotando en el matemático entorno newtoniano.

    Ido en esa plena locura mundialista, la nota apareció perdida entre la mayoría de los medios nacionales dando fe de su fallecimiento el 14 de junio, aunque en televisión tuvo varias menciones, sobre todo por parte de los también fallecidos Ricardo Rocha y Jacobo Zabludovsky, entonces las únicas personas que hablaban de libros en la tele abierta. (Hoy son cada vez menos).

    Alguien incluso comentó, al verlo en la tele, que se parecía a Raúl Astor, argentino de edad madura muy popular en ese medio porque tenía un programa cómico lleno de mujeres con vestidos de noche llamado “No empujen”. Esos eran nuestros referentes.

    Borges fue un pionero de la ironía y el sarcasmo, algo muy usado por los jóvenes de hoy para opinar sobre la experiencia cotidiana, la situación del País o incluso las conductas de sus padres.

    No me lo imagino en Twitter, pero no dudo de que sus declaraciones hoy serían materia fértil para el siempre reciclable ciberespacio.

    En su tiempo, ese tipo de sentencias no eran muy comunes. No olvidemos cuando dijo que la Guerra de las Malvinas fue una lucha de dos calvos por un solo peine... Hoy la mayoría de la gente ya gusta más de expresar y describir las situaciones con imágenes grotescas para subrayar su incomprensión o desprecio, pero eso no siempre fue materia de todos los días.

    Hasta en cosas como esas, Borges fue visionario. Su malasangre natural le fue criticada por muchos de esos puristas que piensan que el escritor no merece ser una persona normal y que, por tal motivo, debe de vivir exento de los defectos del resto de los humanos.

    Como argentino, no fue inmune a las supersticiones de su tiempo. Sin embargo, el futbol no le tocó porque fue un fenómeno un poco tardío para él, Borges afirmó que en su infancia y juventud ese era un deporte propio de colegios ingleses de alta aristocracia.

    Aparte, a Borges no le gustaba el futbol como espectáculo, otra de las mayores razones para acceder a la euforia a las que puede recurrir el argentino promedio.

    Dice Ricardo Piglia que “no es que los argentinos hablen de futbol todo el día, sino que a través del balompié, son capaces de tocar todos los temas de la vida”.

    Borges, por su parte, no entendía por qué la gente era “tan ingenua para presenciar un partido y salir gritando que habían triunfado, cuando los del triunfo en realidad eran los 11 jugadores de la cancha, mientras que el resto de los espectadores cumplía con el papel de testigos”.

    Llegó al grado de dar una conferencia de literaturas germánicas a la misma hora de la final de Argentina 78.

    No entendía tampoco porque la gente afirmaba “haber vencido a Holanda”, cuando en realidad, el ejército argentino en ningún momento había tomado la ciudad de Rotterdam o hubiese nacido en Buenos Aires algún escritor de la talla de Erasmo.

    Alguien tuvo la ocurrencia de sentarlo con Menotti y, como lo hiciera con Pinochet, conversaron brevemente “intercambiando unas cuantas cortesías”.

    Al preguntarle alguien sobre su opinión sobre Menotti, no pudo evitar ser más borgiano que nunca: “Es un hombre inteligente y muy culto. Extrañamente, insistía en hablar de futbol”. Cuando meses después, alguien le preguntó por Menotti, Borges fingió que su prodigiosa memoria fallaba. “¿Menotti? No recuerdo haber leído a ese poeta italiano”.

    A pesar de que era un lector de Shakespeare, nunca mencionó una famosa frase en la que el Bardo de Avón se burla de un personaje, comparándolo con un “vil jugador de futbol”, deporte que ya existía en ese tiempo, aunque con otras reglas.

    Eso acontece en el acto I, escena IV, de «El rey Lear», esa gran tragedia patriarcal, y el insulto lo profiere Kent contra Oswald, cuando el innoble mayordomo se atreve a ofender a Lear: «¡Vil jugador de futbol!» («base Foot-ball plaier!»).

    Ángel Luis Pujante, el competente traductor que edita la obra en la colección Austral, transforma ese improperio en «¡vil plebeyo!

    La cita la tomé de un notable escritor español, Fernando Savater, que a diferencia de la antipatía de Borges, el sí es hincha y se dio el lujo de repetirla varias veces

    El futbol es un deporte noble, sano y positivo. No todo jugador es vil. Hay que separarlo de la violencia de los estadios y el neoliberalismo de la FIFA que hoy lo tiene secuestrado.

    Y leamos y releamos a Borges, a 40 años de su fallecimiento y del inicio de su inmortalidad.