Siguen los comentócratas lanzando denuestos a diestra y siniestra, como si viviéramos en una selva, sin ley y sin instituciones. Allá ellos que describen un mundo fuera por completo de la realidad. El pueblo de este gran país ve otra cosa, ve un país en plena reconstrucción, recuperando sus libertades políticas y sociales, construyendo una economía con bienestar y, sobre todo, buscando dejar atrás las desgracias que nos heredó el régimen autoritario más longevo en la historia del mundo contemporáneo.
La política es el arte de cambiar la realidad concreta a partir de las condiciones concretas. Esto lo ha comprendido a cabalidad la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, quien viene impulsando, con admirable entereza y constancia, la atención a la agenda social como asunto prioritario. Por eso las burdas y hasta groseras críticas de la comentocracia le hacen lo que el viento a Juárez.
El termómetro de la política actual es el bienestar del pueblo. Por ello, el pueblo celebra con entusiasmo los programas de transformación que se están realizando en las distintas regiones del País y es positivamente receptivo a lo que viene impulsando el gobierno actual.
Se pone el énfasis en las rémoras, en las penurias, pero poco se pondera la siembra de hospitales, con un número impresionante de camas y mejoras en la atención que, en la actualidad, se realiza en todos los estados de la Unión. Lo mismo vemos con la febril actividad para mejorar las carreteras, las vías férreas y los aeropuertos, con el fin de dotar a México de un sistema de comunicaciones moderno y eficiente. Tal avance en la infraestructura, como el logrado en el presente sexenio, asombroso por las obras que se vienen realizando, no tiene parangón con el pasado y debe ser digno de encomio.
No cabe duda que la cuarta transformación está cumpliendo, en muchos rubros de la vida nacional, con las expectativas de la ciudadanía. Esto significa que, al término del sexenio, vamos a ver resultados sumamente satisfactorios en bien del pueblo. Ya era tiempo que viéramos hechos tangibles y no discursos banales, como hacían los políticos del pasado de triste memoria. Hoy los hechos hablan por sí solos, sin necesidad de falsas promesas o de discursos impregnados de auto elogio. Es el pueblo el que reconoce la transformación en todos los ámbitos del País.
La democracia en el pasado era una de las asignaturas pendientes. En la actualidad, podemos decir con orgullo que la democracia sentó sus reales en México y los ciudadanos la consideran como uno de sus logros más preciados. En los procesos electorales, los ciudadanos juegan un papel protagónico, refrendando el rumbo transformador que, en la última década, ha emprendido el país. La democracia como forma de vida, con el respeto al voto y la voluntad popular, debe ser práctica cotidiana. Desde Francisco I. Madero, que luchó por el sufragio efectivo, el País no había vivido un florecimiento democrático como el actual. Podemos decir que la democracia llegó para quedarse en la vida cívica de los ciudadanos y malhaya el que quiera arrebatársela.
De lo anterior no hay duda, la democracia es la forma natural de dirimir las controversias que se presentan en el ámbito político, es el resultado de las urnas lo que decide el rumbo que debe seguir el País para consolidar su economía, sus instituciones y sus leyes. Bajo esta norma se cuidará que la democracia prevalezca en todas las elecciones que tengan lugar, todo dentro de la ley, fuera de la ley nada. Ese es un principio inviolable en el ámbito de la democracia.
Los ciudadanos de este País son amantes de la democracia desde siempre, pero, en algunos periodos de su historia, han sufrido dictaduras y gobiernos nefastos, que mancillaron la historia nacional. Aun entonces nunca arrearon banderas, siempre lucharon por establecer la democracia en el país, hasta lograrlo recientemente con la cuarta transformación. Por eso, van a defender sus conquistas, en esta defensa de sus derechos no habrá marcha atrás.
Los ciudadanos de este País están muy conscientes de sus derechos y, así, van a ejercer su sufragio en las elecciones que vienen el 2027, con plena responsabilidad de su deber cívico. Lo van a ejercer a plenitud y amor a la democracia para formar su gobierno democrático.