Cadáveres vivientes

ÉTHOS
06/02/2024 04:03
    rfonseca@noroeste.com / rodifo54@hotmail.com
    Existen personas que, aunque todavía no hayan muerto, caminan como cadáveres vivientes. Seres amorfos, sin emociones ni sentimientos, totalmente inexpresivos y anodinos.

    Cualquier niño sabe que los muertos son aquellas personas que ya no tienen vida. Absolutamente cierto; sin embargo, también existen personas que, aunque todavía no hayan muerto, caminan como cadáveres vivientes. Seres amorfos, sin emociones ni sentimientos, totalmente inexpresivos y anodinos.

    Esos muertos son los que retrata Christian Bobin en el libro que citamos en la columna anterior: La presencia pura, donde nos habla del Alzhéimer que padece su padre, quien se encuentra recluido en una residencia. Previamente, estuvo en el Hospital Psiquiátrico de Sevrey, Francia, en el pabellón Edelweiss, donde el personal y los enfermeros son profesionales entrenados eficazmente para responder ante las exigencias de las enfermedades que padecen los ancianos; empero, no están capacitados para dar lo más importante, que es su propia vida expresada en detalles, cercanía, compasión y ternura. Por eso, recalca Bobin, son personas muertas, cadáveres que caminan:

    “Los muertos no eran los enfermos sino los enfermeros que les abandonaban el día entero sin ninguna palabra de atención. Los muertos eran esas gentes de buena salud y juventud viva, que respondían a mis preguntas alegando falta de tiempo y de personal, y que, irritados, terminaban por concluir: ‘de todas maneras, usted no puede comprender. Usted está fuera y es necesario estar dentro, ser del oficio, para tener la inteligencia adecuada, la inteligencia legítima’”.

    Agregó: “Los muertos eran estas gentes amuralladas en su sordera profesional. Nadie les enseñó que cuidar es también mirar de vez en cuando, hablar, reconocer mediante la mirada y la palabra la soberanía intacta de aquellos que lo han perdido todo”.

    Para redondear su reflexión, añadió: “Me gusta apoyar mi mano sobre el árbol delante del que paso, no para asegurarme de la existencia del árbol -de eso no tengo duda- sino de la mía”.

    ¿Soy cadáver viviente?