Calles y carreteras: ¿la panacea?

ECOSISTEMA
25/04/2022 04:15
    Uno de los grandes problemas de las ciudades sinaloenses (principalmente Culiacán y Mazatlán) es su acelerada expansión. Esto provoca automáticamente mayor número y más prolongados viajes motorizados (en transporte público, en motocicleta y sobre todo, en automóvil). Este incremento constante de viajes motorizados provoca cada vez más congestionamiento vial, que a su vez implica mayor contaminación (atmosférica y acústica).

    Recientemente, en su conferencia semanera, el Gobernador del Estado de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, anunció una millonaria inversión en la construcción de “calles y carreteras”. Es una buena noticia que exista este tipo de inversión para el estado de Sinaloa, aunque en lo personal me preocupa que se percibe este rubro de la administración pública como el que resolverá todos los problemas de las ciudades, es decir la panacea del gobierno.

    La noticia se anuncia como saben que la sociedad quiere escucharlo: “Se tiene una serie de obras públicas ya licitadas como son algunas calles y carreteras en diferentes municipios de Sinaloa” La ciudadanía interpreta casi como fórmula matemática: más calle, más pavimento, mejor gobierno.

    En este primer anuncio no se menciona la palabra ciclovía, ni la palabra banqueta, mucho menos se habló de árboles, aunque pudiese interpretarse que todo ello va implícito en el anuncio “aun y cuando no se dijo”. Incluirlo en la publicación hubiese sido un oportuno gesto de voluntad de cambio en la cultura política de la inversión pública.

    Que diferente hubiese sido anunciar que dentro de lo licitado se incluyen algunas calles que contarán con amplias banquetas con árboles de buena talla para que pronto las sombreen y además todas las calles tendrán ciclovías de excelente calidad confinadas para mayor seguridad de los que decidimos movernos en bicicleta y que, además, se aplicará en el pavimento señalización y pasos peatonales con pintura especial, de la que no se diluye en pocos días (que no sean como las que hasta ahora se han usado y que sirve solo para la foto inaugural). También sería genial que hubiesen anunciado que en todas estas calles se cuidará escrupulosamente el diseño de los cruceros con todas las ventajas para que la gente de a pie, “el pueblo” tenga condiciones para cruzar dignamente sin correr peligro.

    El anuncio oficial se expresó así: “buscarán realizar 15 pavimentaciones de calles que tengan lugares donde termine la pavimentación de la colonia o solamente queden parches en las áreas”. Cuando se piensa en pavimentar calles en las ciudades, se sigue percibiendo como lo mejor que le puede pasar a las ciudades y por consecuencia la sociedad calificará a un buen gobernante cuando este evita que en la ciudad exista terracería, baches o calles mal pavimentadas. Si la calle carece de banquetas, árboles o buena señalización parece no ser tanto el problema para la sociedad como la “suavidad de su carpeta asfáltica”. Si la sociedad pide asfalto, asfalto tendrá.

    Posteriormente, en la misma conferencia de prensa, el Gobernador también anunció “la rectificación del Río Humaya rumbo a Lomas de Rodriguera, al cual se aplicarán 90 millones de pesos para efecto de dejar en condiciones el área y poder darle continuidad al bulevar Sánchez Alonso”. Los ríos tienen paisajes naturales maravillosos y el plan es modificarlos para ganar terreno y pavimentar calles. Ese río “no rectificado” podría ser un maravilloso parque natural, pero en nombre del “desarrollo urbano” es más importante continuar con la vialidad Enrique Sánchez Alonso para darle más capacidad a la carga vehicular que no para de crecer en la ciudad. Me sigue dando la impresión de que la Secretaría de Obras públicas solo tiene un objetivo: incrementar los metros cuadrados de pavimento en el territorio sinaloense. Así, aislado de otros factores de calidad del espacio público como por ejemplo reparar banquetas o resolver cruces peatonales. ¿O eso no corresponde a ellos?

    Uno de los grandes problemas de las ciudades sinaloenses (principalmente Culiacán y Mazatlán) es su acelerada expansión. Esto provoca automáticamente mayor número y más prolongados viajes motorizados (en transporte público, en motocicleta y sobre todo, en automóvil). Este incremento constante de viajes motorizados provoca cada vez más congestionamiento vial, que a su vez implica mayor contaminación (atmosférica y acústica). Y finalmente, para cerrar este círculo vicioso, los congestionamientos generan pérdidas de tiempo que provocan la desesperación de la gente y las constantes imprudencias al volante que terminan en accidentes muchos de ellos con pérdidas de vida. Así, el estado de Sinaloa es líder en mortalidad en accidentes en el país. Y la reflexión casi automática es “faltan más vialidades a la ciudad”.

    Solo me resta esperar que en una de las siguientes conferencias semaneras se anuncie un plan de infraestructura vial que favorezca la seguridad de las personas que caminan o usan la bicicleta. Un plan de infraestructura vial que valore el medio ambiente y controle la dañina expansión de la ciudad. Esto además significa seguridad para la gente, cuantas más personas (no carros) hay en las calles, más seguras son. Algo debemos de tener muy claro: La expansión de la ciudad no se debe interpretar como desarrollo en la ciudad. Todo lo contrario, la expansión de la ciudad es la vía más rápida para consolidar su insostenibilidad.