Carlos Linga, un alemán intelectual en Sinaloa

EL OCTAVO DÍA
29/03/2026 04:02
    Trabajó como aprendiz en la empresa Wöhler, Bartning Sucesores (WB). 1894 – 1904 y en esa empresa se trasladó a Mazatlán, México, en calidad de representante. Desde 1897 lo une una amistad profunda con Álvaro Obregón

    Aún se lamenta la falta de reconocimiento que le debemos a la colonia alemana por todo lo que nos aportaron a Sinaloa. No solo nos dejaron los instrumentos musicales de la banda sinaloense y la técnica de la cerveza, sino varías actividades cívicas dignas de emular .

    Su grado de influencia y desarrollo fue algo excepcional y no solo en el comercio, sino en obras que marcaron la vida y geografía de Mazatlán como el Paseo Clausen, el Paseo del Centenario, la glorieta Germania, el Orfanatorio, el primer asilo de ancianos y los terrenos que donó a la ciudad don Germán Evers, en donde hoy está la cancha deportiva con su nombre y unas instalaciones del DIF municipal.

    De esa generación, se recuerda en especial a don Federico Unger, de quien descienden varias familias mazatlecas. Su sobrina Anabella Sáenz Unger, hizo un gran papel en el ya mencionado DIF cuando fue primera dama con Martín Gavica, su esposo y Presidente Municipal de Mazatlán de 1993 a 1995 y siguió adelante con la clínica Pro Mexico.

    Otro personaje alemán, poco mencionado hoy, era don Carlos Linga quien fue un inversionista en propiedades y de quien decían en broma “don Carlos Linga, sí que chinga”, porque vendió algunos terrenos a muy buen precio en la parte baja del cerro de la Nevería.

    Y eso fue en la otra parte de lo que dejó la colonia alemana en el cerro del Vigía, las glorietas y el Paseo del Centenario, que llegaron a ser muy rumbosos centros de reunión social. Orquestas, fiestas y serenatas se hicieron en esos escenarios tan impresionantes, como lo son dichas cornisas en lo alto de los acantilados que daban vista al mar, entre puestas de sol y noches estrelladas dignas de un verdadero pincel de artista.

    Añadiré más de su biografía, porque se habla muy poco de él, a diferencia de sus otros paisanos y contemporáneos como Melchers, Evers y Clausens. Yo tenía información difusa, no más allá de la rima, pero una charla con el señor Jesús Cevallos y el amigo Enrique Vega Ayala, cronista de la ciudad, me hicieron ver el peso intelectual y de apoyo a la cultura que asumió.

    La Biblioteca Linga (Linga-Bibliothek) hoy en Hamburgo, Alemania, es una destacada colección especializada en estudios latinoamericanos, fundada por él y que alberga más de 35.000 volúmenes sobre historia, cultura, geografía y política de América Latina, con especial énfasis en México, siendo un recurso clave para la investigación académica

    Carl Robert Linga nació el 20 de abril de 1877 en el seno de una familia obrera en la ciudad de Altona, Hamburgo. Hasta 1894 asiste a la escuela en el barrio de Ottensen; uno de sus compañeros es Max Brauer, futuro alcalde de la ciudad.

    Trabajó como aprendiz en la empresa Wöhler, Bartning Sucesores (WB). 1894 – 1904 y en esa empresa se trasladó a Mazatlán, México, en calidad de representante. Desde 1897 lo une una amistad profunda con Álvaro Obregón.

    Durante su agitada y a la vez exitosa vida empresarial, Carlos Linga se dedica especialmente al comercio del azúcar y mantiene una compañía naviera con tres oficinas sucursales en los Estados Unidos de América. Además trabaja como representante de diversas sociedades mercantiles y bancos, y es dueño de más de una empresa comercial.

    Durante la Primera y Segunda Guerra Mundial los negocios de Linga se paralizan. En esos años se dedica intensivamente al estudio de la historia mexicana y cultura de Mesoamérica y empieza a coleccionar libros antiguos de la época colonial.

    En 1927, contrajo matrimonio con Bertha Probst, de profesión maestra y encuadernadora, nacida en Algovia, región en el sur de Alemania.

    A partir de 1931, deja Mazatlán y parte a la Ciudad de México. Linga continúa con sus estudios históricos y su afición como bibliófilo. El interés de Carlos Linga por servir de enlace entre México y Alemania se remonta a las primeras décadas del siglo 20, al empezar a organizar en esos años encuentros para la colonia alemana en México. Las actividades culturales de Linga estaban motivadas por la figura del barón De Humboldt, a quien él admiraba de manera especial.

    En 1934 Carlos Linga fundó la Sociedad México-Alemana Alejandro de Humboldt. Después de un largo proceso de negociación, ésta adquirió una propiedad en Taxco, antigua ciudad productora de plata, a la que Humboldt había visitado durante su estancia en la región.

    La Casa Humboldt se convirtió en un centro de encuentro e intercambio científico y cultural entre alemanes y mexicanos. En el mismo año Linga reanimó las actividades de la Sociedad Alemana Mexicanista. Ya en 1955, las dos sociedades fusionaron y conformaron el Instituto Cultural Mexicano-Alemán “Alejandro de Humboldt”. Curiosamente, un gran experto hoy en Humboldt es el sinaloense Jaime Labastida.

    Por su reconocida asimilación a México, Linga no fue confinado a Perote, donde -penosamente- fueron recluidos los alemanes residentes en nuestro país durante la segunda guerra. Incluso se le permitió poder salir a Cuernavaca, donde su mujer se desempeñaba como maestra.

    Y, precisamente el 12 de octubre de 1957, ya difuminadas las sombras de la guerra, inaugura la Biblioteca Linga en la Casa Ibero-América de Hamburgo.

    El 22 de octubre de 1963, Carlos Linga falleció en esta última ciudad y su esposa continuó su labor, creando una fundación que sigue activa hasta el momento.