Caterva

08/07/2026 04:00
    Lo que los ciudadanos reclaman a los partidos es que escojan perfiles idóneos y no a políticos improvisados, que no cumplen con los mínimos requisitos para ocupar un puesto de representación.

    La política en Sinaloa empieza a entrar en un estado de ebullición, una caterva de aspirantes ya pone su mira en las elecciones del próximo año. Algunos brincan como chapulines buscando asegurar alguna posición en el pandero. Casi todos son unos reverendos desconocidos, con nulas trayectorias y carentes de propuestas para afrontar los problemas sociales, como bien reclaman los ciudadanos.

    Lo que los ciudadanos reclaman a los partidos es que escojan perfiles idóneos y no a políticos improvisados, que no cumplen con los mínimos requisitos para ocupar un puesto de representación.

    México sigue careciendo de una clase política con formación, con un bagaje cultural y una claridad sobre la problemática nacional. Hay claroscuros en la formación política de los pretensos, algunos no tienen ni siquiera una formación elemental. Urge que los partidos políticos eleven la formación política de su militancia y salgan de las catatumbas a enriquecer el debate público, para que los ciudadanos se hagan una idea clara de lo que ofertan frente a la candente problemática social.

    Mucho agradecerá la ciudadanía a los partidos si sus cuadros políticos elevan su discurso, si ofrecen soluciones con conocimiento de causa, si enriquecen el contenido del debate y defienden su ideario con argumentos y conocimiento de la historia y la problemática social. Las elecciones deben servir para que los ciudadanos contrasten ideas, conozcan los distintos proyectos partidistas para sacar adelante a Sinaloa y beneficiar a todos.

    En la actualidad, el ejercicio de la política deja mucho que desear. Los candidatos de los partidos quedan debiendo durante las campañas, sus abanderados sólo repiten lugares comunes y dejan de lado su filosofía política, sus programas de gobierno. Más parece una pasarela carnavalesca, como si se tratara de elegir a la figura más simpática, al que mejor baila, o al más fotogénico.

    Tal pobreza discursiva no lleva a ninguna parte, no motiva al votante. Los aspirantes, lamentablemente, no abordan los asuntos que le interesan a las masas populares y, aún menos, van al meollo de los problemas sociales. Cuando llegan a tocar algún asunto de la agenda social, lo tratan superficialmente, o de plano lo evaden.

    Esto es lo que la sociedad reclama a los partidos políticos: que eleven el debate político, algo esencial para construir una gobernanza más politizada, culta, sensible a los reclamos sociales. Si se aspira a gobernar con democracia al estado hay que tomar los ejemplos de la historia de México, donde los buenos gobernantes (que se cuentan con los dedos de la mano) han sido aquellos que han sabido interpretar los sentimientos del pueblo y han ampliado sus derechos políticos y sociales. Son esos gloriosos periodos en los que florece la democracia los que son dignos de divulgarse entre la juventud y los votantes sinaloenses.

    Los ciudadanos reclaman que sus demandas sean resueltas y que no se intente darles gato por liebre. La popularidad de los partidos no es una cosa dada de una vez y para siempre, más bien aumenta o disminuye en relación a la solución (o evasión) de la agenda social. En el estado han aumentado los reclamos en el campo, en las comunidades indígenas por el deterioro del medio ambiente, en la Universidad sumida en una crisis permanente por una mala administración, etc., etc. La agenda es voluminosa y, por lo mismo, se necesita una nueva generación de políticos que estén en contacto con la sociedad, se debe gobernar obedeciendo, siempre a favor del pueblo.

    La demagogia en política es una práctica nefasta, por esta razón en el discurso político lo que debe prevalecer debe ser la verdad, el compromiso a cumplir la palabra empeñada. “La verdad os hará libres”, y esto es esencial en el discurso político. La demagogia y el gatopardismo deben erradicarse radicalmente del discurso político si se quiere construir una sociedad con democracia, con leyes justas y con un respaldo popular generalizado.

    El pueblo es muy receptivo y rápidamente capta cuando se le quiere dar gato por libre, y no se va con la finta, al instante percibe el discurso demagógico del discurso sincero y comprometido. Los ciudadanos, ante tanta patraña de que han sido víctimas por parte de políticos logreros de toda laya, han desarrollado una gran intuición política y esto los lleva a identificar a los políticos falsarios y demagógicos.

    Los políticos deben estar muy claros que con los ciudadanos no se juega, o cumplen lo que ofrecen, o se regresan de donde salieron. Aquel tiempo de demagogia, de mentiras, de promesas incumplidas se acabó y no debe regresar nunca.