En el renglón de la literatura, la palabra adagio significa refrán, sentencia breve, aforismo, máxima, proverbio; en el terreno de la música, en cambio, es un movimiento lento y solemne. Uno de los adagios musicales más conocidos es el de Albinoni, atribuido erróneamente a Tomaso Giovanni Albinoni, quien falleció el 17 de enero de 1751; sin embargo, este famoso adagio fue compuesto dos siglos después por Remo Giazotto, quien clasificó y catalogó las obras de Albinoni y falleció en 1958.
La lista de excelsos adagios musicales es muy amplia; podríamos citar el adagio para cuerdas de Barber, que fue utilizado como tema musical en la película bélica Pelotón; el adagietto de la quinta sinfonía de Mahler, convertido en tema musical de la película Muerte en Venecia; el adagio de la Sinfonía No. 2 de Rachmaninoff; el del piano concierto de Grieg; así como el inicio de piano sonata Claro de Luna, de Beethoven, es otro claro ejemplo de adagio.
Imposible enumerar todos los prodigiosos adagios; empero, hoy queremos referirnos a otro espectacular, celestial y romántico adagio: el del ballet Espartaco, compuesto por el armenio Aram Khachaturian, que canta el amor de Espartaco, gladiador que se sublevó al poder del imperio romano, y de su esposa Frigia.
Este adagio, y muchas otras obras más, será la que interprete este viernes, a las 17:00 horas, la Banda Sinfónica Juvenil del Estado bajo la batuta del director huésped, Erick Castro, con un concierto titulado “Ecos de la Danza Sinfónica”, en el patio del Museo de Arte de Sinaloa.
Se podrán escuchar “La suite del ballet Romeo y Julieta”, de Prokofiev; las “Danzas Polovetsianas del Príncipe Ígor”, de Borodin; el “Danzón No. 2”, de Arturo Márquez, al igual que la “Tercera Suite para Banda”, de Reed.
¿Disfruto este bello adagio?