Actualizar las estrategias de atención dirigidas a las personas que usan sustancias psicoactivas es indispensable en un contexto de creciente consumo y emergencia de nuevas sustancias en los mercados ilegalizados, como ocurrió con la introducción del fentanilo en el mercado de heroína. La ausencia de protocolos de actuación e insumos para atender emergencias por sobredosis, como los antagonistas opioides –la naloxona–, incrementaron notoriamente las muertes en ciudades de Estados Unidos, Canadá y cercanas a la frontera con México. Aunado a ello, la oferta de servicios de salud para la atención del uso de sustancias suele ser limitada y enfocada en lograr la abstinencia, sin contemplar las nuevas realidades del consumo y las necesidades específicas de las personas usuarias. En México este fenómeno puede observarse con la creciente demanda de atención por el uso de sustancias de tipo anfetamínico (en particular de la metanfetamina).
El internamiento, frecuentemente percibido como la principal vía de de atención para quienes desarrollan consumos problemáticos, no necesariamente mejora la relación de las personas con las sustancias o sus redes de apoyo, puesto que propicia el aislamiento físico y emocional, y en algunos centros incluso se traduce en sometimiento y prácticas de violencia y estigmatización que agravan la problemática. Así mismo, las personas que usan sustancias regularmente no suelen acercarse a los servicios de salud debido a que no pueden o desean suprimir el consumo por completo.
Bajo un enfoque de reducción de riesgos y daños, los servicios de salud podrían configurar abordajes alternativos y comunitarios que permitan comprender el uso de sustancias y su relación con la salud de una manera integral, alcanzando otros resultados. Las personas usuarias podrían beneficiarse de acompañar su consumo por profesionales de la salud y prevenir que el internamiento figure como el único escenario posible.
Prescindiendo de la abstinencia como el principal indicador de intervenciones exitosas, el objetivo de las estrategias de reducción de riesgos y daños se traslada a preservar la vida y el bienestar de las personas y comunidades, mediante el acceso a información basada en evidencia científica y el recibimiento de asistencia profesional adecuada.
Por lo que, con el fin de proponer estrategias individuales y colectivas que sean oportunas y respetuosas de los derechos humanos, y apegándonos a la perspectiva de reducción de riesgos y daños, desde Instituto RIA, en colaboración con COPOLAD, CONASAMA y Episteme Social, desarrollamos una Guía Técnica y una Caja de Herramientas para el Abordaje de Consumos de Metanfetamina y Fentanilo en México. Con la Guía Técnica y la Caja de Herramientas exploramos de forma innovadora cómo pueden enriquecerse las prácticas del personal sociosanitario y la prestación de servicios utilizando herramientas centradas en las necesidades de las personas usuarias.
La Guía Técnica y la Caja de Herramientas son resultado de un proceso de investigación que recopila las experiencias de personas usuarias de metanfetamina y fentanilo; de acompañantes pares que implementan estrategias con personas y comunidades usuarias; de las instituciones de salud y personas expertas, y de colectivas y organizaciones de la sociedad civil que realizan trabajo de base para atender el uso de sustancias desde enfoques de reducción de riesgos y daños.
* Julia Anguiano Rosas es licenciada en Políticas Públicas por el CIDE y está interesada en la comprensión del uso de sustancias psicoactivas desde una perspectiva de género, clase y de derechos humanos. Actualmente es responsable de investigación del Instituto RIA. *Monserrat Angulo es egresada de Sociología por la FES Acatlán, UNAM. Interesada en políticas de drogas y reducción de riesgos y daños. Actualmente es integrante del Instituto RIA.