Contundente, arrasador

    En Sinaloa se vivió una jornada complicada, hubo violencia y fue evidente. Pero afirmar que los triunfos o fracasos se deben únicamente a la “presión” de grupos criminales es una exageración y una mentira que daña profundamente a las instituciones democráticas.

    Varias columnas antes de la jornada electoral, este politólogo anticipó el triunfo del candidato Rubén Rocha Moya en Sinaloa. Aseguré que Morena ganaría la Gubernatura y perdería la mayoría que le permitiría tener las 2/3 partes del Congreso Federal. En entrevistas en medios de comunicación y programas de opinión en donde colaboro, constan las afirmaciones a las que algunos incrédulos llamaron “vaticinios”.

    Lo que nunca dije -porque no había elementos para ello-, fueron dos realidades que apuntan al nuevo escenario político nacional y estatal. Morena no ganó, arrasó, se llevó prácticamente todo en Sinaloa y demostró que en el corredor del Pacífico correspondiente a la primera circunscripción federal, el Presidente tiene fuerza, presencia y amplio respaldo popular.

    La jornada electoral no fue de alta participación ciudadana, pero estuvo dentro de lo presupuestado. A nivel federal votó el 52 por ciento del electorado en posibilidad de hacerlo, en Sinaloa apenas llegó al 50 por ciento. Pero en los dos casos votó la mayoría del padrón, dando a los ganadores la legitimidad necesaria para ostentar los próximos cargos públicos, ningún quejoso podrá decir que fueron elecciones desairadas por los votantes, por el contrario, los mexicanos demostraron que la pandemia no fue impedimento para acudir a los centros de votación y cumplir con el compromiso cívico.

    Se dijo que la violencia en el país detendría los comicios, que había regiones de México donde no podrían celebrarse elecciones libres por la presencia de la delincuencia organizada. La respuesta fue clara cuando las autoridades del INE aseguraron que en total se instaló el 99.7 por ciento de las casillas y que menos del 1 por ciento no se habían podido instalar por diversos motivos. De nuevo los alarmistas fallaron en sus cálculos y el organismo electoral cumplió su cometido.

    En Sinaloa se vivió una jornada complicada, hubo violencia y fue evidente. Pero afirmar que los triunfos o fracasos se deben únicamente a la “presión” de grupos criminales es una exageración y una mentira que daña profundamente a las instituciones democráticas. No se puede, en ánimos de justificar un resultado, abonar al clima de incertidumbre que terminó con triunfos tan contundentes como un 57 por ciento del ganador contra un 32 por ciento de su más cercano competidor.

    Por el contrario, los perdedores del proceso necesitan entender con profunda humildad el mensaje de la ciudadanía. Si las y los sinaloenses mandaron pintar el estado, municipio por municipio y distrito por distrito de los colores del partido de Andrés Manuel, señal que algo bueno ven en ello y que ganas tienen de probar un modelo de gobierno con una concentración de poder nunca antes vista en la historia moderna de la entidad. En la democracia si eso quieres, eso tienes.

    Ahora bien, los ganadores tienen también una enorme responsabilidad por el aval recibido. Los ciudadanos les dieron totales facultades y la más grande de las confianzas al otorgar en 23 distritos electorales y 16 presidencias municipales, un voto obnubilado en la fe a un proyecto político que dicen traerá “buenas cosas” para Sinaloa.

    Correcto o incorrecto, los resultados son producto de la voluntad popular y esta democracia como todas las demás se construye con mayorías y minorías que coexisten en el debate plural de ideas y la posibilidad del ejercicio de participación política. Muchos de los que hoy celebran triunfos fueron los derrotados del pasado y muchos de los que hoy festejan serán derrotados en el futuro. Así es el juego electoral, de triunfos y fracasos, de duras y maduras.

    ¿Qué se espera para Sinaloa ante un escenario como el que nos quedó?, la respuesta está más cerca de lo que nos imaginamos, está en el ejemplo de la Ciudad de México, en la circunscripción 2, en el centro del país o las regiones que decidieron generar contrapesos después de vivir tres años de mayorías absolutas. Morena es un partido joven, tiene un gran bono de credibilidad presente que permanecerá en sus manos tanto tiempo como le den resultados y satisfacciones a sus electores. Porque de una cosa puede estar seguro amable lector, como ciudadanos hemos aprendido que el voto es una herramienta de premio o de castigo. Luego le seguimos...