Convencer y conmover

ÉTHOS
01/08/2026 04:00
    Aun cuando una persona no conozca ni siquiera el título de una obra musical, ese detalle no obsta para que sea capaz de emocionarse con su contenido

    En el capítulo 9 de su libro “Inteligencia emocional”, el filósofo y director de orquesta español Íñigo Pirfano estableció una nítida diferencia entre el plano del conocimiento abstracto y la música, pues ésta última necesariamente imbrica el concurso de la emoción.

    Aún cuando una persona no conozca ni siquiera el título de una obra musical, ese detalle no obsta para que sea capaz de emocionarse con su contenido: “Lo que nos emociona de una canción de moda es lo mismo que nos puede emocionar de una sinfonía de Brahms”, precisó Pirfano.

    Añadió: “el hecho de que una obra musical se considere patética, nostálgica, elegíaca, tempestuosa, rústica, etc., no depende del conocimiento previo de la pieza musical en cuestión ni de la identificación del contexto en el que ha sido compuesta”.

    Consideró que, al igual que sucede en un idioma o un deporte, es esencial la figura de un iniciador para introducir en la emoción musical. Después, cada quien seguirá su propio camino, independientemente de su preparación y conocimiento; pues, parodiando la sentencia de Sócrates, acotó:

    “El objetivo se alcanza cuando la persona necesita conocer más; cuando se llega a esa maravillosa insatisfacción –«sólo sé que no sé nada» decía el viejo Sócrates que constituye el comienzo de la sabiduría. Cuanto más se sabe, se sabe menos, y, por tanto, se desea saber más. Se produce entonces ese círculo virtuoso que caracteriza a toda pasión intelectual”.

    Félix Mendelssohn, en una carta que escribió a su esposa, en 1842, afirmó: “La música es más definida que la palabra y querer explicarla con palabras, es oscurecerla”.

    Ya que citamos a Mendelssohn, recomendamos escuchar: El sueño de una noche de verano; las Sinfonías 3 y 4, Escocesa e Italiana, respectivamente, y la Obertura Las Hébridas.

    ¿Me emociono y conmuevo?