En su mensaje del Miércoles de Ceniza, el Papa León XIV subrayó la necesidad de sentirse pueblo en comunión con las demás personas y reconocer los propios pecados, para urgir la conversión y extirpar la maldad del propio corazón.
Expresó: “aquí toma forma un pueblo que reconoce sus propios pecados, es decir, que el mal no proviene de supuestos enemigos, sino que ha entrado en los corazones, está en el interior de la propia vida y debe asumirse con valiente responsabilidad. Tenemos que admitir que se trata de una actitud contracorriente, pero que, cuando es tan natural declararse impotente delante de un mundo que arde, constituye una alternativa auténtica, honesta y atractiva”.
Ante los embates de la violencia que asola a Sinaloa, no podemos eximirnos de responsabilidad y de culpa; no podemos pensar simplemente que se trata de la lucha entre dos grupos criminales. Lo importante es reflexionar hasta qué punto el mal ha entrado en nuestros propios corazones, o de qué manera eficaz podemos ayudar para transformar este mundo que arde. Sinaloa es nuestro y nosotros somos Sinaloa. Por tanto, ¿a qué cambios me urge esta Cuaresma?
El Papa recalcó que en el mundo actual se nos imponen muchas cenizas: “el peso de un mundo que arde en llamas, de ciudades desintegradas completamente por la guerra; las cenizas del derecho internacional y de la justicia entre los pueblos, las cenizas de ecosistemas enteros y de la concordia entre las personas, las cenizas del pensamiento crítico y de la sabiduría local ancestral, las cenizas de ese sentido de lo sagrado que habita en toda criatura”.
Puntualizó: “Reconocer nuestros pecados para convertirnos es ya un presagio y un testimonio de resurrección. Significa, en efecto, no quedarnos entre las cenizas, sino levantarnos y reconstruir”.
¿Convierto mi corazón?