Con motivo del tema de la columna de ayer, sobre “Los frutos del ISIC”, nuestro buen amigo Sergio Paredes envió el siguiente texto:
“Muy estimado Rodolfo: Éthos de hoy describe nuestra historia cultural de los últimos tiempos y el nacimiento de la Dirección de Investigación y Fomento de Cultura Regional en Sinaloa, más conocida como Difocur.
“Si me lo permites, te comentaré que empezaba 1975 cuando mi amiga Sandra Calderón inició Difocur en una modesta oficina a espaldas del Parque Revolución, en Culiacán.
“Me llamó para que le ayudara en la construcción de una cabaña rústica para teatro guiñol dentro del Parque Constitución, y como apenas estábamos iniciando a través del Común el nuevo Malecón sobre la margen izquierda del Río Tamazula, desde la avenida Obregón hasta el fraccionamiento Las Quintas, y en el proyecto original se consideraba demoler la manzana donde estaba la antigua Penitenciaria y hacer un parque, le propuse aprovechar ese terreno para hacer una Escuela de Artes con Ágora y Teatro, con el nombre Calderón de la Barca. Ella decidió hacerlo más completo, integrando también el antiguo templo de los masones y el hotel Diligencias, en donde ahora está el ISIC.
“A Sandra le debemos estas magníficas instituciones culturales. Honor a quien honor merece. Abrazo, Sergio”.
Agradezco profundamente esta aportación histórica de Sergio. De hecho, en la columna del 8 de mayo de 2025, citamos: “Esta propuesta surgió del Gobernador Alfonso G. Calderón Velarde, y su hija, Sandra Calderón Barraza, fue la primera directora de la naciente institución cultural de Sinaloa. DIFOCUR nació sin edificio propio y hubo que albergarlo en las instalaciones del DIF Estatal, posteriormente se asentó en la parte posterior del Parque Revolución y, finalmente, contó con oficinas y espacios propios casi al finalizar 1980”.
¿Reconozco la cosecha cultural?