Crisis migratoria mundial

Nosotrxs
08/08/2026 04:01
    Las políticas migratorias que vemos en países como Estados Unidos, México y ahora España, solamente son una contención, no una solución

    El pasado jueves 30 de julio, más de 60 mil personas traspasaron la frontera de Marruecos hacia Ceuta, una pequeña ciudad española en territorio africano. Tan solo unos días más tarde, la mayoría de los migrantes fueron regresados a Marruecos. Alrededor de 72 murieron en su intento de cruzar.

    Ceuta y Melilla (otra ciudad española en territorio africano, ubicada al este de Marruecos) han sido puntos calientes migratorios gracias a su ubicación y a las mismas razones por las que existe la migración: gente en búsqueda de una mejor calidad de vida.

    Pedro Sánchez, el Primer Ministro de España, ha sido criticado por tener políticas de migración laxas. Ha recibido con los brazos abiertos especialmente a migrantes de América Latina.

    Específicamente en Ceuta, oponentes políticos critican esta apertura e inclusión de la migración. La derecha española dice que el plan de proporcionar estatus legal a inmigrantes ya en territorio nacional está atrayendo más llegadas ilegales.

    La Casa Blanca y la administración de Donald Trump se unieron a la conversación, atribuyendo los eventos en Ceuta a “la extrema izquierda, políticas globalistas que incluyen la facilitación de la migración masiva”.

    El 8 de julio de 2026, España ilegalizó la “devolución en caliente” de migrantes llegados por vías marítimas. Estas políticas sobre asilo se han difundido y se perciben como una puerta abierta que provoca olas masivas de migración, antes vistas en México, Centroamérica y el Mediterráneo.

    Este evento nos permite reflexionar sobre las políticas globales y migratorias que han estado en juego en los últimos años. Los países no han estado respondiendo a las necesidades de los ciudadanos del mundo; por lo tanto, la mejor opción es migrar.

    Los países “receptores” como Estados Unidos han estado reforzando sus posturas antimigratorias. Su resultado no ha sido el esperado, ya que no hemos visto una reducción en la migración global, sino una redirección, que se vuelve más peligrosa.

    En América, las políticas de Trump han influido en posturas migratorias en el sur del continente, aumentando tensiones en países como Colombia. Un país que suele recibir migración venezolana, ahora cuenta con fronteras más restrictivas y prejuicios. La misma tensión que Estados Unidos ha tratado de presionar en México.

    Antes de que Trump haya retomado su posición como Presidente de Estados Unidos, durante una llamada con Claudia Sheinbaum, intentó que México fuera colaborador de lo que serían sus nuevas políticas migratorias si llegase a volver a instalarse en la Casa Blanca. Básicamente proponiendo que México cerrara su frontera sur. Claudia rechazó este avance, afirmando que su postura como Presidenta es “tender puentes, no cerrar fronteras”, poniendo como prioridad el respeto y cumplimiento de los derechos humanos.

    La estrategia de México se ha centrado en combatir la migración antes de que llegue a la frontera norte, lo cual se ha demostrado efectivo. Según funcionarios estadounidenses, las prioridades de ambos países se han visto reformadas por la disminución de personas que cruzan de manera ilegal la frontera sur mexicana.

    Pero tensiones persisten. Durante los últimos dos años (2025 y 2026), Trump implementó redadas de ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas por sus siglas en inglés), lo que ha resultado en olas de deportaciones masivas. En un principio, Sheinbaum propuso que México recibiera solamente a ciudadanos mexicanos, petición rechazada por Donald Trump. Según Human Rights Watch, de los 18 mil 453 ciudadanos de terceros países deportados de EE.UU. entre el 29 de enero de 2025 y el 9 de marzo de 2026, 12 mil 977 fueron enviados a México.

    Trump también puso en marcha sus aranceles a México, Canadá y China. Una estrategia que nació como un arma en contra de la migración, pero que a largo plazo podría impulsar más desplazamientos por su impacto económico. El verdadero freno a la migración vino más de la estrategia mexicana de contención interna y de las políticas de deportación y asilo en Estados Unidos, no de los aranceles en sí. Y persiste el riesgo, señalado por economistas desde el principio, de que el daño económico que generan estas medidas termine siendo un factor que incentive en vez de frenar la migración.

    Lo que vimos suceder en Ceuta es un recordatorio. Es una advertencia de un fenómeno migratorio que, por ahora, solo está siendo controlado por soluciones temporales. Las políticas migratorias que vemos en países como Estados Unidos, México y ahora España, solamente son una contención, no una solución. Para realmente ver un cambio duradero, los gobernantes del mundo deberán averiguar una manera que minimice el desplazamiento de sus ciudadanos, es decir, proporcionar mejor calidad de vida en su propio hogar. Levantar muros, proponer aranceles u organizar redadas migratorias no hará desaparecer la presión migratoria, la va a desviar a otros métodos.