Cuando querer aprender no alcanza

    Las dificultades para comprender lo que se lee, utilizar las matemáticas o razonar científicamente acompañan a las personas cuando continúan estudiando, buscan empleo, toman decisiones y participan en la vida pública. Por eso los bajos aprendizajes no son solamente un problema educativo, terminan convirtiéndose en un problema de oportunidades.

    PISA 2025 dejó una paradoja que México debería tomarse muy en serio.

    Los resultados muestran señales claras de que las y los estudiantes de 15 años tienen disposición para aprender. El 80 por ciento dice sentir curiosidad por muchas cosas, frente al 73 por ciento en promedio de la OCDE. El 76 por ciento afirma que se esfuerza más cuando el trabajo se vuelve difícil, comparado con 60 por ciento en la OCDE. Y solamente 11 por ciento considera que la escuela ha sido una pérdida de tiempo.

    También hay señales positivas sobre el apoyo docente en las clases de ciencias. De acuerdo con lo que reportan los propios estudiantes, 81 por ciento señala que sus profesores de ciencias muestran interés en el aprendizaje de cada estudiante; 77 por ciento dice que continúan enseñando hasta que comprendan y 83 por ciento que reciben ayuda adicional cuando la necesitan.

    Los datos muestran, entonces, disposición para aprender, apoyo docente y una valoración positiva de la escuela.

    Pero algo no está funcionando.

    México obtuvo 388 puntos en matemáticas, 408 en lectura y 414 en ciencias. Más preocupante todavía, 42 de cada 100 estudiantes presentan bajo desempeño simultáneamente en las tres áreas.

    La pregunta inevitable es: ¿dónde se está rompiendo ese esfuerzo?

    Y esto no termina en la escuela. Las dificultades para comprender lo que se lee, utilizar las matemáticas o razonar científicamente acompañan a las personas cuando continúan estudiando, buscan empleo, toman decisiones y participan en la vida pública. Por eso los bajos aprendizajes no son solamente un problema educativo, terminan convirtiéndose en un problema de oportunidades.

    No existe una sola explicación. Los aprendizajes dependen de múltiples factores: lo que ocurre dentro del aula, las condiciones de las escuelas, el acompañamiento docente, los materiales, el contexto familiar y social, el tiempo efectivo de aprendizaje y, en estados como Sinaloa, también de poder asistir regularmente a la escuela en condiciones de seguridad.

    Pero para enfrentar cualquiera de esos problemas necesitamos algo elemental, saber qué están aprendiendo las y los estudiantes e identificar a tiempo dónde están las dificultades y quiénes necesitan mayor apoyo.

    PISA ofrece una fotografía indispensable a los 15 años, pero para entonces las dificultades pueden haberse acumulado durante años. México necesita información nacional, periódica, comparable y pública que permita identificar mucho antes cuándo y dónde comienzan los rezagos y qué estudiantes se están quedando atrás, para intervenir oportunamente.

    Evaluar no significa señalar maestros, escuelas o estudiantes. Tampoco significa reducir la educación a un examen. Significa contar con evidencia para identificar rezagos y desigualdades y contribuir a conocer qué estrategias funcionan para favorecer los aprendizajes.

    Y es preciso señalar que la evaluación, por sí misma, no mejora los aprendizajes. Su valor está en generar información útil para que docentes, directivos y autoridades puedan tomar mejores decisiones.

    Sin esa información corremos el riesgo de confundir acciones con resultados. Podemos saber cuánto se gasta en educación, cuántas becas se entregan, cuántas escuelas se rehabilitan o cuántos libros se distribuyen. Todo eso importa, pero son acciones e insumos. El resultado fundamental es si las niñas, niños y adolescentes están aprendiendo. Y para exigirlo, necesitamos medirlo.

    Por eso evaluar tiene otra función fundamental: rendir cuentas. No basta con saber qué hizo el sistema educativo; necesitamos saber qué resultados está consiguiendo. La evaluación permite contrastar las acciones con sus resultados y exigir respuestas cuando los aprendizajes no están ocurriendo.

    PISA deja señales alentadoras sobre la disposición de los estudiantes para aprender y sobre el acompañamiento docente que perciben. Pero también muestra aprendizajes que siguen siendo insuficientes.

    México necesita detectar mucho antes dificultades de aprendizaje para poder actuar a tiempo.

    Evaluar para saber. Saber para decidir. Decidir para que aprendan.

    Porque garantizar el derecho a la educación no es solamente asegurar un lugar en la escuela. Es poder responder, con evidencia, una pregunta mucho más importante: ¿están aprendiendo las niñas, niños y adolescentes?

    La autora es directora general de Mexicanos Primero Sinaloa.