Culiacán, a la baja en percepción de homicidios

    Para dimensionar el ritmo, a 0.8 puntos por trimestre la percepción de inseguridad tardaría más de 11 años en regresar a los niveles de marzo del 2024 con una percepción del 40 por ciento. No es un pronóstico, sino una referencia de la distancia por recorrer y de por qué conviene observar la tendencia con paciencia

    La percepción de inseguridad (PI) en Culiacán parece mostrar una tendencia a la baja, a pesar de que nuestra exposición cotidiana a la violencia y a las noticias puede hacernos pensar que nada está cambiando. Para comprender lo que realmente ocurre, conviene distinguir entre las fluctuaciones del momento y las tendencias que se construyen a lo largo del tiempo.

    Nuestra mente suele recurrir a lo que los psicólogos Daniel Kahneman y Amos Tversky denominaron heurística de disponibilidad, un atajo mental que nos lleva a considerar más frecuentes los acontecimientos que recordamos con mayor facilidad, particularmente cuando son recientes o emocionalmente intensos.

    Así, una noticia violenta puede influir considerablemente en nuestra percepción, aunque no necesariamente represente la trayectoria general de los acontecimientos. Por ello, conviene complementar nuestras experiencias personales con información que permita observar cómo percibe la situación el conjunto de la población.

    En este sentido, la PI es un indicador que permite conocer cómo la población experimenta la violencia en su entorno. No debe confundirse con la incidencia delictiva registrada. Ambas se relacionan, pero no representan lo mismo, pues la primera refleja cómo se siente la población, mientras que la segunda requiere analizar los registros de hechos delictivos. En Sinaloa hemos observado importantes fluctuaciones durante los últimos años, pero también comienzan a aparecer tendencias que merecen nuestra atención.

    En esta ocasión analizamos los resultados de la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU), que el Inegi publica cada trimestre, incluyendo los datos más recientes, de septiembre de 2026, dentro de una serie que abarca los últimos 10 años. Utilizamos modelos de series de tiempo que permiten estudiar las tendencias, las fluctuaciones entre trimestres y el margen de incertidumbre de las mediciones. Nuestro interés es conocer si el último dato representa un cambio aislado o forma parte de una trayectoria más amplia.

    En Culiacán encontramos resultados interesantes. La PI pasó de 90.8 por ciento en junio a 81.6 por ciento en septiembre, una disminución de 9.2 puntos porcentuales que resulta significativa.

    Pero quizá lo más interesante aparece al considerar toda la información disponible desde diciembre de 2024, cuando la PI en la ciudad superó el 90 por ciento tras el recrudecimiento de la violencia. Durante este periodo encontramos una tendencia descendente de aproximadamente 0.8 puntos porcentuales por trimestre. Aunque existen fluctuaciones importantes entre mediciones, la trayectoria general mantiene una pendiente negativa, por lo que la reducción de septiembre parece formar parte de una dirección descendente más amplia y no de un cambio aislado.

    Para dimensionar el ritmo, a 0.8 puntos por trimestre la PI tardaría más de 11 años en regresar a los niveles de marzo del 2024 con una PI del 40 por ciento. No es un pronóstico, sino una referencia de la distancia por recorrer y de por qué conviene observar la tendencia con paciencia.

    Sin embargo, debemos ser cuidadosos. La evidencia estadística de esta tendencia es moderada y depende del nivel de confianza utilizado. No podemos asegurar que la mejoría continuará, pero sí reconocer que los datos disponibles favorecen una interpretación de descenso gradual.

    En Mazatlán encontramos una situación diferente. La PI aumentó de 78.4 a 85.8 por ciento entre junio y septiembre, un incremento de 7.4 puntos porcentuales. Desde diciembre de 2024 la pendiente es positiva, de aproximadamente 2.6 puntos porcentuales por trimestre, pero las fluctuaciones son considerablemente mayores que en Culiacán, por lo que el modelo, que toma en cuenta esa variabilidad, no encuentra evidencia suficientemente consistente de una tendencia sostenida.

    Esto no significa que el deterioro reciente carezca de importancia. Por el contrario, el último resultado muestra un incremento significativo que merece atención, especialmente por los episodios de violencia registrados en el puerto.

    En Los Mochis, por otra parte, la PI permanece muy por debajo de las otras dos ciudades, con 27.5 por ciento en septiembre, lo que muestra que la percepción de inseguridad es distinta incluso dentro de nuestro estado.

    Finalmente, los datos muestran que la PI en Culiacán comienza a descender, aunque todavía se ubica muy por encima de los niveles previos al recrudecimiento de la violencia, cercanos a 40 por ciento en marzo de 2024. La mejoría es visible en el último trimestre, avanza más lentamente de lo que quisiéramos y nada garantiza que continúe. Quizá debamos aprender a mirar más allá del último acontecimiento, porque comprender la dirección de los cambios puede ser tan importante como reconocer su magnitud.