Culiacán, Mazatlán y Ahome, decisivos
Mucho ojo a Estrada, Benítez y Vargas

OBSERVATORIO
07/04/2021
    Por eso los errores y desprestigios acopiados en Culiacán y Mazatlán por los morenistas Jesús Estrada y “El Químico” Benítez durante sus trienios inconclusos contarán más de lo que se cree cuando los ciudadanos estén en las casillas con la boleta electoral en mano.

    Poniéndole mucha atención al comportamiento electoral que muestren los municipios de Culiacán, Mazatlán y Ahome se podrá ir resolviendo el desenlace de la votación para Gobernador y quién se perfila para la mayoría de votos. Con dos reciclados, Jesús Estrada Ferreiro y Luis Guillermo Benítez Torres, y Gerardo Vargas como candidato emergente, el Movimiento Regeneración Nacional pretende obtener para sí las tres regiones que mayor número de sufragios aportan.

    Los tres municipios concentran casi dos terceras partes del total del padrón electoral e históricamente han sido factor de victorias y derrotas. En cuentas más sencillas, si Estrada Ferreiro perdiera la reelección en Culiacán y Benítez Torres en Mazatlán, los cálculos darían un vuelco terrible para las estimaciones de la alianza común de Morena y PAS, tal como ayer el diario nacional El Financiero les echó a perder los cómputos triunfalistas.

    En Ahome, en caso de concretar Gerardo Vargas Landeros aquello que hoy parece insólito (nadie olvide que su ascenso a la candidatura de Morena por la Alcaldía de Ahome ha sido una secuencia de eventos increíbles) habría un resultado cerrado en los comicios y todavía quedarían como refacciones disponibles los casos de Guasave, que tiene una lista nominal mayor a los 200 mil y Salvador Alvarado con más de 60 mil sufragantes.

    Los números son fríos y más allá del comportamiento extraordinario del voto que en 2018 le dio a Morena 439 mil sufragios en el cómputo de la elección de presidentes municipales, vale analizar que Culiacán con 149 mil en números cerrados, Mazatlán con 71 mil y Ahome con 78 mil habrían inclinado la balanza hacia este partido si es que se hubiera elegido Gobernador en Sinaloa. Excepto Guasave con 51 mil, los demás municipios jugaron el rol de acabalarle a Morena para que se convirtiera en primera fuerza política. La segunda fue el PRI con un total de 400 mil votos.

    Ahora, sin que interfiriera el factor López Obrador, la elección de 2016 da compendios más estables del tradicional proceder electoral en Sinaloa. Tomando como referencia también la elección de alcaldes de ese año el PRI conquistó 379 mil votos en suma redonda, el PAN 188 mil, el PAS 179 mil, Morena 42 mil y el PRD 31 mil. Y de nuevo Culiacán, Mazatlán y Ahome aportaron 550 mil sufragios de un total de 999 mil acumulados en los 18 municipios. En esa misma elección Quirino Ordaz Coppel ganó la gubernatura con 382 mil votos para el PRI.

    Por eso los errores y desprestigios acopiados en Culiacán y Mazatlán por los morenistas Jesús Estrada y “El Químico” Benítez durante sus trienios inconclusos contarán más de lo que se cree cuando los ciudadanos estén en las casillas con la boleta electoral en mano. Sin embargo, de igual manera depende de que los priistas Faustino Hernández y Fernando Pucheta no superen los despropósitos de sus adversarios porque eso sería el colmo de todos los males tricolores.

    Gerardo Vargas Landeros se cuece aparte. Cuando toda la militancia y los liderazgos de Morena se desgarraban las vestiduras para que no fuera candidato a nada se le fue metiendo al partido como la humedad y quien peque de ingenuo al persistir en la postura de desestimar la fuerza del hombre del trébol de cuatro hojas, pues se aferra a ser de esos peores ciegos que no ven porque no quieren.

    Este experimento en el cual el partido de López Obrador, o al menos el que lo era hasta 2018, se enfrenta a la evaluación de mitad del sexenio requiere de observación profunda más allá de miradas superficiales que encandilan y hasta enceguecen. Independientemente de lo que haga o deje de hacer Rubén Rocha Moya en la ruta hacia la gubernatura, mucho de que se concrete o frustre dicha aspiración tiene que ver con lo que ganen o pierdan Jesús Estrada en Culiacán, Luis Guillermo Benítez en Mazatlán y Gerardo Vargas en Ahome.

    Al margen de apasionamientos o alucinaciones que le estorban a la razón, es un error dar por cantada la victoria de uno u otro partido, coalición o alianza. Le sucedió a Donald Trump en Estados Unidos, a Fabricio Alvarado en Costa Rica y en nuestro más cercano contexto a Jesús Vizcarra Calderón en Sinaloa en 2010. Ni se diga del 2018 cuando los que se creyeron perdedores se transformaron en ganadores y viceversa. Así nomás, de la noche a la mañana.

    Ayer se movió el tapete de la sucesión en Sinaloa. Al emerger la encuesta de El Financiero, que algo debe tener de asertividad, los mismos morenistas que defienden con garras y dientes los sondeos de proyección electoral que les resultan favorables se las vieron negras para desestimar ésta que le otorga el 43 por ciento de intención del voto a Rubén Rocha Moya y 41 a Mario Zamora Gastélum.

    Alguien dijo que en la política no hay sorpresas; lo que hay son sorprendidos.

    Reverso

    Vamos a ver si Morena acabala,

    Con el trébol prodigio de Vargas,

    Las muinas de Estrada, muy largas,

    Y ‘El Químico’ y su fórmula mala.

    Una perla en el pantano

    Tenemos que aprender a apartar los buenos perfiles que concursan en el actual proceso electoral, de las malas trayectorias que nos están echando a perder la esperanza. Uno de los buenos es Salomé Soto León, candidato a Diputado por el Distrito 12 postulado por el Partido del Trabajo, quien es ingeniero bioquímico egresado del Tecnológico de Culiacán, con Maestría en Química Ambiental por el Instituto Tecnológico de Tijuana y Doctorado en Biotecnología Ambiental por la Facultad de Ciencias Químicas Biológicas de la Universidad Autónoma de Sinaloa. Experto, además, en generar soluciones ambientales para mejorar la calidad de vida de la población. Imaginemos todo lo que haría en el Congreso del Estado.