Cultivar la tranquilidad

ÉTHOS
17/04/2021

    Una virtud que es necesario cultivar con mucho cuidado y devoción es la tranquilidad, sobre todo en estos tiempos aciagos y difíciles que han sido potenciados al máximo por los embates de la pandemia.

    Es preciso no permitir ser devorados por el miedo, frustración, temor e inseguridad. Sí, es cierto, las cosas no marchan como quisiéramos, pero de nosotros depende no rendirnos ni claudicar, así como no perder la confianza, optimismo, esperanza y tranquilidad.

    No es cómodo ni apetecible estar encerrado, pero cuando se tiene tranquilidad es posible permanecer en calma esperando el momento oportuno. Hace muchos siglos, Séneca escribió unas palabras sobre la conducta de los hombres que parecen pronunciadas el día de hoy:

    “En efecto, acostumbrados a la vida agitada y vertiginosa cuando llega el momento de la tranquilidad no saben qué hacer con ellos mismos; no soportan su soledad, no soportan su casa, no soportan las paredes y se sienten abandonados proporcionándoles poco consuelo esta situación. El espíritu del hombre está acostumbrado al movimiento y a la rapidez. Siempre busca pretextos para moverse, y al estar acostumbrado, le cuesta encontrar la tranquilidad”.

    Blaise Pascal, en el número 139 de sus pensamientos, constató la misma situación: “he descubierto que toda la desgracia de los hombres viene de una sola cosa: el no saber quedarse tranquilos en una habitación. Un hombre que tiene suficientes medios de vida, si supiera estar en casa a gusto, no se marcharía para ir al mar o sentarse en una plaza. No se compraría tan caro un puesto en el Ejército si no fuera insoportable el no moverse de la ciudad; y no se buscan las conversaciones y los divertimentos de los juegos sino porque no se puede permanecer en casa a gusto”.

    ¿Cultivo la tranquilidad? ¿Parezco león enjaulado?