Cumplir años es motivo de alegría, pero también de reflexión. Los años transcurridos son cuentas de un rosario que pasan fugazmente entre los ingrávidos dedos del orante. “Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar”, dijo Antonio Machado, recordando que lo fundamental es haber hecho camino al andar.
Sin embargo, hoy quisiera detenerme en algunas de las sustanciosas meditaciones que ofreció Jorge Manrique, en los sentidos versos que enhebró en las Coplas por la muerte de su padre:
“Recuerde el alma dormida, avive el seso y despierte contemplando cómo se pasa la vida, cómo se viene la muerte tan callando; cuán presto se va el placer; cómo después de acordado da dolor; cómo a nuestro parecer cualquiera tiempo pasado fue mejor.
“No se engañe nadie, no, pensando que ha de durar lo que espera más que duró lo que vio, pues que todo ha de pasar por tal manera... Nuestras vidas son los ríos que van a dar en la mar, que es el morir: allí van los señoríos, derechos a se acabar y consumir; allí los ríos caudales, allí los otros medianos y más chicos; y llegados, son iguales los que viven por sus manos y los ricos.
“Este mundo es el camino para el otro, que es morada sin pesar; mas cumple tener buen tino para andar esta jornada sin errar. Partimos cuando nacemos, andamos mientras vivimos, y llegamos al tiempo que fenecemos; así que, cuando morimos, descansamos.
“No tengamos tiempo ya en esta vida mezquina por tal modo, que mi voluntad está conforme con la divina para todo. Y consiento en mi morir con voluntad placentera, clara y pura, que querer hombre vivir cuando Dios quiere que muera, es locura”.
¿Celebro mi cumpleaños? ¿Comprendo que el río desemboca en la mar?