Dar vuelta a la página

    La vida es una aventura en la que sólo triunfa quien sabe amar. No importa qué tengamos o quiénes seamos, nuestro futuro y destino podemos absolutamente cambiar.

    Si estuviéramos totalmente convencidos de la certeza de esta frase, podríamos realizar grandes avances y lograr muchas metas. Desgraciadamente, en muchas ocasiones nos estacionamos en situaciones, decisiones o emociones tristes y desafortunadas del pasado que nos aprisionan con sus nostálgicos y poderosos tentáculos, condicionando enormemente nuestra panorámica y visión del futuro.

    El escritor colombiano Guillermo Rojas Quiceno, en su libro “La vida y sus encrucijadas. Un camino para el Buen Vivir”, afirmó que algunas personas se especializan en hacer de las tragedias parte de su existencia, de manera que se aferran y acostumbran a convivir con ellas:

    “Necesitan vivir recordando y reviviendo un acontecimiento trágico de manera enfermiza, eso que los acompañó en su vida; el reflejo de esa tragedia la llevan en el rostro, pues se trata de tragedias que se reconstruyen y se convierten en pretextos o excusas en los procedimientos de sobrellevar la vida, olvidando que la vida requiere de mudanzas para entender que el ser humano y la vida deben renovarse por ser lo más importante. La vida debe ser vivida con agrado con o sin tragedias, enfrentando y superando sus duras realidades”.

    Aunque creamos que nuestra vida está ya completamente deshecha por un acontecimiento ingrato, doloroso y desafortunado, siempre habrá un nuevo amanecer para resarcir, reparar y suturar las heridas.

    No conviene estacionarse al borde del precipicio. Siempre es posible escribir otra historia. Como dice una frase anónima: “La vida es como un libro, algunos capítulos son tristes, otros felices, otros excitantes. Pero si nunca vuelves la hoja, nunca sabrás lo que el próximo capítulo depara”.

    ¿Doy vuelta a la página?