De dónde viene Hambre Cero

BANCO DE ALIMENTOS
05/10/2026 04:00

    El nombre Hambre Cero comenzó a tomar forma en Brasil hace 25 años. Mucho antes de aparecer en la Agenda 2030, fue una propuesta que buscaba explicar el hambre desde algo muy concreto: puede haber alimentos disponibles y, al mismo tiempo, familias que no tienen dinero suficiente para comprarlos.

    En 2001, el Instituto Cidadania presentó el proyecto Fome Zero, que en portugués quiere decir Hambre Cero. En su elaboración participaron especialistas, organizaciones sociales, sindicatos e instituciones de investigación. La propuesta veía el hambre como un problema relacionado con los ingresos, el empleo, la producción de alimentos y las condiciones de vida de las familias.

    Dos años después, en 2003, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva convirtió Fome Zero en una política del Gobierno brasileño. Reunió distintas acciones: apoyo económico para las familias, alimentación en las escuelas, compras a pequeños agricultores, restaurantes populares y bancos de alimentos.

    Esta parte de la historia es importante porque a veces se piensa que combatir el hambre consiste únicamente en entregar comida. La ayuda alimentaria es necesaria, sobre todo cuando una familia enfrenta una situación urgente, pero el programa brasileño buscaba atender también las causas que estaban detrás del problema.

    En junio de 2012, el nombre dio un salto fuera de Brasil. Durante la conferencia Río+20, realizada en Río de Janeiro, el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, presentó el Reto del Hambre Cero. La experiencia brasileña fue uno de sus antecedentes, aunque el nuevo proyecto tenía un alcance mundial y sus propios objetivos.

    El reto planteaba que todas las personas tuvieran alimentos suficientes y nutritivos durante todo el año; terminar con la desnutrición infantil; impulsar formas sostenibles de producir alimentos; mejorar la producción y los ingresos de los pequeños agricultores; y reducir la pérdida y el desperdicio de comida.

    Tres años más tarde, en septiembre de 2015, los 193 países miembros de Naciones Unidas aprobaron la Agenda 2030 en Nueva York. Hambre Cero quedó establecido como el Objetivo de Desarrollo Sostenible número 2. La meta incluye terminar con el hambre, mejorar la nutrición, garantizar el acceso a alimentos suficientes y apoyar una agricultura sostenible.

    El término, entonces, tiene varias etapas. Surgió como una propuesta brasileña en 2001, se convirtió en política pública en 2003, tomó un alcance mundial en 2012 y pasó a formar parte de la Agenda 2030 en 2015. No es el nombre de una organización ni pertenece a una sola institución.

    El objetivo sigue lejos de cumplirse. En 2024, el 8.2 por ciento de la población mundial padecía hambre y alrededor de 2 mil 300 millones de personas vivían con inseguridad alimentaria moderada o grave. En palabras más sencillas, millones de familias no tenían la seguridad de poder comer lo suficiente todos los días, o debían reducir la cantidad y la calidad de sus alimentos.

    Los bancos de alimentos forman parte de este trabajo porque recuperan comida que todavía puede consumirse y la acercan a las familias que la necesitan. También evitan que productos en buenas condiciones terminen desperdiciados por no haberse vendido, por tener algún defecto en su presentación o por estar cerca de su fecha de consumo.

    Su participación atiende una parte muy específica de Hambre Cero. Un banco de alimentos puede ayudar a una familia a completar su alimentación durante un periodo difícil, pero alrededor de esa familia siguen siendo necesarios el empleo, un ingreso suficiente, servicios de salud, educación, apoyo a quienes producen alimentos y políticas públicas que funcionen.

    En Culiacán, el Banco de Alimentos realiza esta labor todos los días. Recibe productos del campo, supermercados, empresas y otros donadores; los revisa, los organiza y los prepara para entregarlos a personas y familias de la ciudad y de otras comunidades de la región.

    Cada alimento recuperado cumple dos funciones. Evita un desperdicio y ayuda a cubrir una necesidad que existe hoy. Esa relación entre aprovechar mejor la comida disponible y hacerla llegar a quien no puede comprarla forma parte de la idea de Hambre Cero desde sus primeros años.

    Para el Banco de Alimentos de Culiacán, Hambre Cero se traduce en tareas muy claras: rescatar alimentos a tiempo, manejarlos adecuadamente y llevarlos a las familias que los requieren. Es el trabajo que nos corresponde hacer todos los días, junto con muchas otras acciones que también hacen falta para enfrentar las causas del hambre.