De Harfuch a Yeraldine: igual ritual
Apoyo federal para la Gobernadora
Sin estar a la altura de las expectativas que generó su regreso a Culiacán encabezando el Gabinete de Seguridad Nacional horas después de que a la narcoguerra en Sinaloa se le agregó la crisis política, el Secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, trajo únicamente el respaldo simbólico para la Gobernadora interina, Yeraldine Bonilla Valverde. En la valija de zar antinarco volvió a brillar por su ausencia la solución al conflicto al interior del Cártel de Sinaloa que causa nuevas víctimas en civiles, policías y militares.
García Harfuch no se movió ni un ápice de la actitud y estrategia que lidera desde lo federal en combate a la gran colisión del narco con epicentro en Sinaloa. Todo avanza, sostiene: 2 mil 393 detenidos por delitos de alto impacto entre el 1 de octubre de 2024 y el 15 de abril de 2026 que desarma la logística y arsenales de la delincuencia; aseguramiento de 5 mil 457 armas de fuego de diferentes tipos, un millón 133 mil cartuchos útiles y 68 mil kilos entre drogas sintéticas y marihuana de los cuales 1.3 toneladas son de fentanilo.
Fiel al guión original, le apuesta más a su icónica estampa de protector de los ciudadanos pacíficos, que a los resultados que esgrime. No cambia ni siquiera de cara ante el pendular estado de cosas donde las autoridades locales ya no son las mismas, la confianza en las instituciones va en caída y el sentimiento social está desperdigado en busca no de quién la debe sino de quién la pague. En el plan para la pacificación de Sinaloa no valen los virajes en el aparato público; lo que tiene valor es sostener estable la narrativa del todo bien.
Y sí. Vino a refrendar el apoyo del Ejército, Marina, Guardia Nacional y Policía Federal, pero ahora en torno de la Mandataria estatal que entró en funciones el sábado luego de las inesperadas solicitudes de licencias para separarse del cargo que presentaron Rubén Rocha Moya y Juan de Dios Gámez Mendívil en atención a la investigación que realiza la Fiscalía General de la República, en seguimiento a la denuncia por presunta colaboración con el narcotráfico enderezada por el Gobierno estadunidense contra el Gobernador y Alcalde de Culiacán.
En realidad se trató de la reiteración de la liturgia federal implementada desde hace 20 meses, que se cumplen el sábado, en el contexto de choque frontal entre los segmentos de los hijos de Joaquín Guzmán Loera y los de Ismael Zambada García que disputan el control del Cártel de Sinaloa. Signos claros de que García Harfuch y los operativos de Sedena, Marina, GN y policías federales siguen inalterables, como inmutable prosigue el crimen con los asesinatos en la vía pública de las ciudades y en comunidades suburbanas del centro y sur del estado.
Estas fueron las más recientes señales que brotan desde cotejos y posicionamientos que salen pese al amurallamiento castrense del cuartel de la Novena Zona Militar convertido desde el domingo en búnker infranqueable por la delincuencia. La parafernalia idéntica de helicópteros sobrevolando, patrullaje militar intensivo y código rojo en resguardo del García Harfuch y acompañantes, que cesa todo en cuanto el Secretario de Seguridad abandona Sinaloa.
Y lo demás sucede aquí inexorablemente. Con Rocha o sin él al frente del Gobierno, el Secretario García Harfuch desvanece como aquel factor de esperanza que a las semanas de que el 9 de septiembre de 2024 estalló la guerra interna del CDS personificaba el brazo anticrimen que pondría orden en Sinaloa. Simultáneamente la narcoguerra persevera con crímenes que en la víspera de la sesión del Gabinete de Seguridad Nacional dejaron siete muertos en Culiacán y Mazatlán.
Sin novedad, tendría que decir el parte respectivo de la agenda desarrollada por García Harfuch en Culiacán. Nada cambió ayer en comparación con las primeras ocasiones que vino con el total respaldo de la Presidenta Claudia Sheinbaum y flanqueado por el General Ricardo Trevilla Trejo y Almirante Raymundo Pedro Morales Ángeles, titulares de la Defensa Nacional y de la Marina Armada.
Mientras tanto, se posa sobre la tierra de los once ríos el manto negro de la incertidumbre en la que nadie sabe a ciencia cierta qué sorpresas deparan cada amanecer la crisis de la seguridad pública y la política. Y el runrún de que al enfriarse los ánimos caldeados por el efecto Trump todo volverá a la normalidad como ha sucedido en la historia de acusaciones similares provenientes de Washington contra la mayoría de mandatarios sinaloenses del último medio siglo.
A la Gobernadora emergente,
La engañan con los mismos rituales,
Donde Sinaloa, papa caliente,
No queme a Harfuch y generales.
A la investigación que realiza la Fiscalía General de la República en relación a la denuncia que el Departamento de Justicia de Estados Unidos instauró ante un Juez federal de aquel País contra Rubén Rocha y nueve personas más, por presunta colaboración con organizaciones del narcotráfico, le aportó Omar García Harfuch un dato importante al declarar en Culiacán que nunca hubo indicios de que el hoy Gobernador con licencia tuviera nexos con el Cártel de Sinaloa ni obstruyera algún operativo federal contra las facciones de esta organización criminal que se confrontan en la llamada narcoguerra. La palabra del Secretario de Seguridad y Protección Ciudadana de seguro será parte de la indagatoria en curso.