De tapados, pasarelas y corcholatazos

    Ahora López Obrador inventa el corcholatazo como una nueva forma de encubrir el resurgimiento de El Tapado, que finalmente será oportunamente destapado para la postulación del candidato presidencial de Morena para el periodo 2024-2030.

    Intriga la premura del Presidente de la República por echar a andar el proceso de su sucesión. Pareciera que frustrados sus sueños reeleccionistas y resignado a la posibilidad al menos de un “maximato” ejercido desde su rancho de Palenque, el tabasqueño pone en acción con inusitada antelación su nuevo plan.

    Otra razón muy sustentada es que ante el cada vez más evidente fracaso de su Gobierno en materia de seguridad pública, desarrollo económico y servicios de salud (incluido por supuesto el errático manejo de la pandemia), opta como lo ha hecho otras veces por tronar cohetes distractores que ocupen no sólo a la clase política y a sus seguidores, sino a los medios, a las redes y a los opinadores.

    Lo cierto es que Andrés Manuel se ha puesto a jugar a los corcholatazos, como una nueva forma de disimular el “dedazo” histórico de su añorado viejo PRI. Así lo hicieron varios de sus antecesores, a partir sobre todo de la sucesión de Miguel de la Madrid en 1982 y la farsa de La Pasarela de los posibles presidenciables ante la opinión pública.

    Hay quienes atribuyen el invento del “tapado” al famoso cartonista Abel Quezada, en la sucesión de Adolfo Ruíz Cortines, cuyo dedo apuntó a Adolfo López Mateos como el ungido para las elecciones de 1958. La verdad, dicen los que lo recuerdan, es que el tema del “tapado” era ya de curso público desde años atrás. Lo que sí hizo el genial Quezada fue ilustrar una campaña publicitaria de la Tabacalera Mexicana para promover con esa figura política una de sus marcas, la de los ya desaparecidos cigarros Elegantes.

    Me lo contó personalmente el publicista Eulalio Ferrer, por cierto mecenas del Museo Iconográfico del Quijote de Guanajuato, que entonces llevaba la cuenta publicitaria de la TM. En la junta para definir a mediados de 1957 la campaña de medios para el año siguiente, su agencia presentó la correspondiente propuesta, que fue rechazada por los directivos de la empresa tabacalera, encabezados por el empresario de origen español José María Basagoiti.

    “Hicimos una nueva propuesta, y nos la volvieron a rechazar”, me dijo Ferrer. “Nada les parecía”. Hasta que un poco molesto, les dije con cierta ironía: “¿Qué quieren que digamos? ¿Que el tapado fuma Elegantes?...”

    Basagoiti brincó: “¡Eso, eso!”, dijo entusiasmado. Y así se decidió la campaña, para la cual la agencia de Ferrer contrató a Abel Quezada, entonces caricaturista de Excélsior, como encargado de las ilustraciones: El Tapado fuma Elegantes.

    Fue de esa manera como surgió, eso sí, la figura caricaturizada del tapado, con su capucha característica. Lo más sorprendente de esa historia es que, efectivamente, López Mateos ¡fumaba Elegantes!

    El mecanismo del tapado y el dedazo funcionó puntualmente en las sucesiones del propio López Mateos a Gustavo Díaz Ordaz (1964-1970), de éste a Luis Echeverría Álvarez (1970.1976), de éste a José López Portillo (1976-1982), de éste a Miguel de la Madrid Hurtado (1982-1988) y de éste a Carlos Salinas de Gortari (1988-1994).

    Durante tres décadas el tema de El tapado, parte sustancial del folclor político mexicano fue motivo de chascarrillos y conjeturas sin cuento, así como de apuestas y quinielas en cantinas y tertulias.

    Todavía López Portillo reconoció esa facultad omnímoda que tenían los mandatarios priistas, al platicar que la decisión sobre su sucesor, Miguel de la Madrid Hurtado, en 1982, la tomó “en la soledad de mi despacho”.

    Fue De la Madrid Hurtado el primero que se preocupó por aparentar una contienda abierta entre aspirantes, para lo cual creó en 1987, con el entonces dirigente del PRI, Jorge de la Vega Domínguez, la farsa que se conoció como La Pasarela, en la que participaron seis supuestos precandidatos: el Secretario de Programación y Presupuesto, Carlos Salinas de Gortari; el de Energía, Alfredo del Mazo; el de Gobernación, Manuel Bartlett Díaz; el de Educación Pública, Miguel González Avelar; el procurador Sergio García Ramírez, y el Jefe del Departamento del DF, Ramón Aguirre Velázquez.

    A la mera hora, el Presidente recurrió al dedazo vil, otra vez, a favor de Salinas de Gortari, quien a su vez jugó como Presidente con la posibilidad de decidir a favor de Manuel Camacho Solís -padrino político de Marcelo Ebrard Casaubón, por cierto- para finalmente inclinar el dedo por Luis Donaldo Coloso Murrieta, que sería sustituido al ser asesinado en Lomas Taurinas por Ernesto Zedillo Ponce de León (1994-2000), por supuesto por la misma vía.

    Con la transición democrática, la llegada del panista Vicente Fox Quesada a la Presidencia en el año 2000 terminó con la vieja costumbre priista, que reviviría en 2018 con la candidatura fracasada de José Antonio Meade, a quien Enrique Peña Nieto designó... por dedazo.

    Ahora López Obrador inventa el corcholatazo como una nueva forma de encubrir el resurgimiento de El Tapado, que finalmente será oportunamente destapado para la postulación del candidato presidencial de Morena para el periodo 2024-2030. A la manera de La Pasarela, el mandatario mencionó a una serie de funcionarios encabezados -reiteradamente-, por la Jefa de Gobierno de Ciudad de México, Claudia Sheinbaum Pardo, y entre los que mencionó al Canciller Marcelo Ebrard Casaubón, al ex Rector Juan Ramón de la Fuente, al Embajador en Estados Unidos, Esteban Moctezuma Barragán; a la Secretaria de Economía, Tatiana Clouthier; y a la de Energía, Rocío Nahle... “bueno, muchísimos”.

    Llamó la atención que omitiera al coordinador de la bancada de Morena en el Senado de la República, Ricardo Monreal Ávila, otro ex priista, considerado uno de los más obvios aspirantes a la candidatura en 2024. “Voy”, dijo a sus colaboradores... aunque no precisó por cuál partido.

    El primero en apuntarse como corcholata fue Ebrard Casaubón, que lo primero que hizo fue agradecer al Presidente “el haberle tomado en cuenta”... Sheinbaum Pardo dijo que el Canciller, por supuesto, estaba en su derecho, pero ella se abstuvo de apuntarse formalmente, por ahora. El presidente de Morena, Mario Delgado, adelantó que la designación del candidato presidencial se hará mediante encuesta, método que Monreal Ávila consideró ya “muy desgastado” cuando se auto postuló también.

    Así se plantea ya, tres años antes de la elección, la designación del candidato oficial a través de los mismos mecanismos priistas de El Tapado, La Pasarela, y El Dedazo, hoy disfrazado de El Chorcolatazo. Válgame.

    DE LA LIBRE-TA

    BLINDAJE URGENTE. Tras la debacle electoral de Morena en la capital del país, el experimentado Martí Batres Guadarrama fue enviado urgentemente a rescatar al Gobierno de Claudia Sheinbaum Pardo, la claramente favorita del Señor para sucederlo en 2024. El hoy Senador con licencia, que fue Secretario de Gobierno con AMLO en el D.F., tiene tablas, relaciones y no pocos cuadros políticos en la capirucha como parta lidiar con la envalentonada Unión de Alcaldes opositores recién formada. ¿Podrá recuperar en tres años el territorio perdido, vital para Morena?

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