Denuestos

28/01/2026 04:00
    Los pueblos, para prosperar y progresar, necesitan vivir en paz. La paz es el camino, nunca la violencia; por eso nos preocupa que haya países que dan prioridad a la amenaza y al amague de guerra ante cualquier diferendo.

    Mientras nuestro vecino del Norte renueva su pretensión de considerarse el amo del mundo, algo difícil a nivel geopolítico, porque en la actualidad los Estados Unidos mantienen una fuerte competencia con, por lo menos, otras dos grandes potencias: Rusia y China, a nivel económico, además, Estados Unidos tiene que competir con el portentoso dinamismo de China. Tal vez lo que vemos tras las declaraciones estruendosas y amenazantes de intervención, expresadas un día sí y el otro también por el Presidente Trump, sea más que expresión de un discurso de fuerza real, una velada declaración de debilidad ante los reacomodos de un poder que está pasando del hegemonismo norteamericano a un poder tripolar a nivel mundial.

    México es un país soberano, como lo ha reiterado la Presidenta Sheinbaum y, obviamente, tenemos una tradición de buena vecindad con nuestro poderoso vecino del Norte. Una sólida política exterior nos ha permitido incluso señalarle los límites al Presidente Trump, cuando ha sido necesario y, a la vez, reforzar la colaboración mutua en asuntos que son de prioritario interés en nuestra relación bilateral. Con Estados Unidos tenemos un importante Tratado de Libre Comercio, que será revisado en fechas próximas y es importante seguir manteniendo relaciones de intercambio que complementen y refuercen la cooperación comercial entre ambas naciones.

    Con una frontera común de más de 2 mil kilómetros, es evidente que hay asuntos de gran interés bilateral, tales como la migración y la seguridad de nuestras fronteras. Es notable que, desde el punto de vista mexicano, seguiremos insistiendo, con energía, que el trato a los inmigrantes debe basarse en el respeto de sus derechos laborales y humanos. México debe ser incluido entre los países beneficiados con mayores cuotas de inmigración, contar con acuerdos bilaterales de trabajadores temporales, y a los paisanos que deseen formalizar su situación y adquirir su residencia y ciudadanía en el otro lado, se les debe ofrecer una ruta clara para vivir laboriosamente con tranquilidad en el vecino país.

    En cuestión de seguridad de las fronteras, México ha dado muestras también de su gran esfuerzo por impedir el paso de contrabando de todo tipo, incluyendo el de drogas a los Estados Unidos. La cooperación, por nuestra parte, es un elemento importante de política pública y, creemos, debe ser aquilatada en su justa dimensión por el Gobierno norteamericano. Por su parte, pedimos por lo menos medidas similares a las autoridades del otro lado, sobre todo para detener el tráfico ilegal de armas; urgen también programas sociales y de salud que disminuyan la enorme demanda de sustancias ilegales allende la frontera.

    Nuestro pueblo es ferviente partidario de la concordia entre las naciones, por ello siempre ha apostado por la paz y por la solución pacífica de los conflictos entre las naciones. México mantiene esta política rectora en su relación con los pueblos del mundo, y lo mismo aplica en nuestra importante relación con Estados Unidos.

    Los principios de respeto a la soberanía y de solución pacífica de los conflictos los mantiene de manera inalterable, ante cualquier confrontación que se presente en el mundo. México mantiene inhiesta su política exterior basada en el respeto al derecho ajeno, la cual ha probado a lo largo de la historia que ha sido la mejor fórmula para resolver los conflictos entre las naciones, por difíciles que parezcan. La paz y no la fuerza es el camino para dirimir controversias, buscar soluciones pacíficas, esa ha sido la esencia de nuestra política exterior.

    Ante cualquier circunstancia, México mantiene firme su poderosa política exterior. Considerando la fragilidad de la paz en algunas regiones, el brote de conflictos bélicos en otras partes del mundo, México se mantiene como firme partidario de la paz y desecha la violencia para resolver las controversias. Los pueblos, para prosperar y progresar, necesitan vivir en paz. La paz es el camino, nunca la violencia; por eso nos preocupa que haya países que dan prioridad a la amenaza y al amague de guerra ante cualquier diferendo. Es tal la tradición pacifista de México que, incluso nuestros estadistas, en importantes momentos de la historia y en la actualidad, han propuesto, en el seno de la Organización de Naciones Unidas, el desarme y la no proliferación de armas de destrucción masiva, mediante tratados firmados por todos los países del orbe.

    Luchemos porque la paz prevalezca en el mundo, como un principio básico, esa debe ser la meta de los países del mundo. Siempre la paz debe prevalecer como algo fundamental en toda la faz de la tierra.