Se empiezan a calentar los ánimos políticos por la sucesión del Gobernador del Estado, que tendrá lugar dentro de poco más de un año. Podemos decir que estamos un poco a destiempo, pero a los pretensos “se les queman las habas” por ver qué logran en el trajín del evento. Y no pasa día sin que se lancen a la pasarela pública, aunque a los ciudadanos eso los tiene sin cuidado y preferirían conocer, a su debido tiempo, su programa, sus propuestas para resolver los lacerantes problemas que vive Sinaloa.
Por lo que se observa en el ambiente político, estamos convencidos que no hay mucha tela de donde cortar, todo pinta que no habrá sorpresas que celebrar y, como se dice en la jerga campirana: “está muy flaca la caballada” y, ante esa situación, transcurrirá, más como una pasarela carnavalesca que otra cosa digna de levantar esperanzas, la sucesión política.
Desafortunadamente, a lo largo del sexenio del doctor Rubén Rocha Moya no ha surgido un cuadro político que llame la atención de la ciudadanía y que afirme un liderazgo sólido rumbo a la gubernatura. Esto desanima a los ciudadanos, que ven más bien golpeteos y reacomodos internos entre los grupos políticos, que verdaderas propuestas de cara a los problemas sociales.
Tenemos décadas presenciando los cambios de gobierno en esta entidad y, podemos decir, haciendo una evaluación objetiva de la historia de Sinaloa, que no pasan de dos los gobernadores que han estado a la altura de las expectativas de los ciudadanos y párele de contar, esa es la realidad histórica de nuestra entidad. En relación con sus gobernantes no pecamos de rigorismo político, es, lo digo más con pena que con otro sentimiento, cierta la aseveración que formulamos.
La historia es la memoria de los pueblos y no puede falsearse, y está ahí para corroborar nuestro análisis. Ha habido incluso gobernantes que nadie recuerda, como si hubieren pasado de noche por el Gobierno del Estado, de ese tamaño fue su supina mediocridad, a tal grado que no dejaron rastro alguno de su conducción del estado.
Estamos convencidos que la política es un arte que requiere destrezas y una honestidad a toda prueba. Es lo que se conoce popularmente como vocación de gobernar, o emoción por servir a la gente, con entrega y total desprendimiento, y vivir, como decía Juárez, en la “justa medianía”. Esos atributos son muy escasos y los políticos que se dedican a servir son aún más escasos, pero existen y, por lo mismo, llegan a tener un gran reconocimiento por parte de los ciudadanos. El pueblo es sabio y sabe reconocer cuando los gobernantes sirven al pueblo y los desdeñan cuando fallan en sus funciones.
Por lo mismo, en los tiempos que corren, los ciudadanos se han empoderado de manera sólida, tienen el olfato muy desarrollado para calificar la actuación de sus gobernantes y se dan cuenta si éstos actúan sirviendo a su pueblo o sólo fingen servir, sin pasar la prueba de lo que se espera de sus gestiones.
Si cumplen las expectativas, la gente los premia, les hace canciones, pasa de boca en boca sus hazañas, conserva la memoria de sus buenas acciones de gobierno por siempre. Quedar en la memoria de los ciudadanos como un buen gobernante debería ser una aspiración de quienes pretenden obtener la gloria de gobernar un estado tan digno de ser gobernado bien como es Sinaloa.
Sin el apoyo popular un gobernante no puede gobernar y, si acaso llega al poder, su gobierno será débil y propenso a que pueda tener serios problemas para mantenerse estable. Por eso, quien aspira al voto popular debe de tener muy clara la divisa de que, por encima de los intereses de particulares y presiones de todo tipo, no debe de fallarle al pueblo. Un gobernante se hace fuerte en la medida en que se dedica al servicio de su pueblo; a un gobernante así, de nuevo tipo, dedicado a servir, a decretar leyes justas, a velar por el bienestar colectivo lo acompaña su pueblo en todo momento.
Los ciudadanos, en la actualidad, están muy empoderados. Y quien aspire a gobernar o a ocupar cualquier puesto en el servicio público, tiene un buen ejemplo a seguir en nuestra Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, quien siente ese apoyo popular y lo disfruta en sus recorridos de fines de semana por los estados del país. Sus giras de trabajo, aparte de intensas, mantienen un constante y fructífero contacto con el pueblo.