Después
de un sueño

    La madurez de la Orquesta Sinaloa de las Artes, dirigida por Miguel Salmon del Real, no resintió en su desempeño y talento la ausencia de algunos elementos enfermos; por el contrario, se fusionó magistralmente con la excelsitud mostrada por los solistas participantes: la violinista ucraniana, Anastasiya Petryshak, y el tenor veracruzano, Leonardo Sánchez

    El concierto de Año Nuevo que ofrecieron conjuntamente el Instituto Sinaloense de Cultura y la Sociedad Artística Sinaloense fue, literalmente, un sueño.

    La madurez de la Orquesta Sinaloa de las Artes, dirigida por Miguel Salmon del Real, no resintió en su desempeño y talento la ausencia de algunos elementos enfermos; por el contrario, se fusionó magistralmente con la excelsitud mostrada por los solistas participantes: la violinista ucraniana, Anastasiya Petryshak, y el tenor veracruzano, Leonardo Sánchez.

    Éste último mostró la fuerza de su voz, que alternó arias de ópera de Puccini con la tarantella italiana, rubricando además con canciones mexicanas. Petryshak, que era el plato fuerte del menú, dejó ampliamente satisfecho al público asistente, como lo testimoniaron los entusiastas vítores y prolongados aplausos.

    Con refinado virtuosismo, la violinista interpretó obras de Antonio Vivaldi, Vittorio Monti, Maurice Ravel y Camille Saint-Säens. Las vibrantes notas de su violín traspasaron el alma. Era imposible permanecer ajeno a las alegres, tempestuosas, gitanas y nostálgicas melodías que escaparon del glorioso instrumento maniobrado por Petryshak.

    De figura sumamente delgada, sorprendió con la energía y entusiasmo que imprimió a su desempeño. Sus dedos parecían incansables duendes que trabajaron febrilmente para extraer las sorpresas musicales escondidas en las entrañas del violín.

    Las cuerdas tensadas en la madera recitaron un glorioso himno a la fantasía y al amor. No necesitó un Stradivarius, el Cremonese, ni siquiera el célebre “Il Cannone”, para desgranar la riqueza acústica encerrada en el vientre del afortunado instrumento, que fue acariciado, fustigado y exigido por tan expertas manos.

    Finalmente, en el encore, no podía dejar de regalarnos su excelente interpretación de “Después de un sueño”, de Gabriel Fauré, en la que se sublimó mostrando el dulce acompasamiento de sentimientos tan profundos como la tristeza y la melancolía.

    ¿Vivo mi sueño?

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