En México, cada semana nos encontramos con noticias sobre el hallazgo de fosas clandestinas y restos óseos humanos en distintos puntos del País. Su localización y recuperación marcan apenas el inicio de un proceso que requiere conocimiento especializado, coordinación institucional y una extensa ruta de investigación. Entre el hallazgo y la identificación humana existe un camino complejo en el que, de manera multidisciplinaria, se busca reconstruir una historia que quedó interrumpida.
Antes de quedar registrada en una cifra estadística, una carpeta de investigación o un número de identificación en el Servicio Médico Forense (Semefo), toda persona desaparecida o no identificada tuvo una historia de vida: un nombre, una comunidad a la que pertenecía y una trayectoria irrepetible. La desaparición no solo implica una ausencia física; también desarticula los vínculos sociales que conectaban a esa persona con su familia y las diferentes esferas de su entorno.
En un país en donde miles de personas permanecen desaparecidas y decenas de miles de cuerpos continúan sin identificar -sin que hasta el momento exista una cifra oficial sobre estos últimos-, esa ruptura puede prolongarse incluso después del hallazgo. Una fosa clandestina, un predio de búsqueda u otro contexto de recuperación puede revelar la presencia de una o más personas cuya desaparición pudo prolongarse durante años. Sin embargo, mientras no sean identificadas y entregadas dignamente, la posibilidad de ofrecer respuestas a sus seres queridos permanece pendiente.
¿Cuál es el siguiente paso después de un hallazgo? ¿Cómo se reconstruye la identidad de una persona cuando lo único disponible son fragmentos de su historia? La identificación humana es un proceso complejo cuyo objetivo es certificar una identidad. Busca recorrer el camino de regreso: transformar información biológica en una identidad posible, y esa identidad en una respuesta para las familias. Para lograrlo, requiere integrar múltiples disciplinas, tanto científicas como sociales. La antropología física forense es solo una de ellas.
A través del estudio de restos óseos humanos, la antropología forense permite recuperar información sobre la persona a la que pertenecieron e identificar características individualizantes. Los restos óseos no proporcionan un nombre por sí mismos. Su análisis permite estimar características como el sexo biológico, la edad al momento de la muerte y la estatura, así como documentar lesiones y enfermedades.
La información obtenida a partir del análisis antropológico no representa únicamente características biológicas aisladas, sino elementos que formaron parte de una trayectoria de vida. Cada dato recuperado adquiere relevancia al ser comparado con registros antemortem y con la información proporcionada por familiares. Es en la relación de estos elementos donde los datos biológicos pueden adquirir un significado individual y contribuir a reconstruir la identidad de una persona.
Sin embargo, el conocimiento generado por las distintas ciencias forenses requiere de un sistema capaz de integrarlo. Los límites de la identificación en México no se encuentran únicamente en las capacidades técnico-científicas (como la disponibilidad de personal especializado, infraestructura y recursos para el análisis forense), sino también en las condiciones institucionales que permiten -o dificultan- la consolidación de bases de datos y la vinculación de registros e información proveniente de distintas fuentes. Cuando dicha articulación no ocurre de manera adecuada, una identificación científicamente posible puede aplazarse incluso durante años.
Por ello, además de un trabajo meticuloso y especializado, la identificación exige una coordinación y comunicación efectiva entre la búsqueda en campo, el trabajo de laboratorio y las instituciones responsables de unificar la información disponible. Cada una de las partes involucradas debe desempeñar un rol activo dentro del proceso, donde la recuperación y análisis de evidencia, la investigación de los hechos y los datos aportados por los familiares puedan encontrarse.
Localizar, analizar y resguardar dignamente los cuerpos y restos óseos recuperados constituyen solo algunas etapas del proceso para abordar la crisis forense que enfrenta el país. Los esfuerzos orientados hacia la identificación humana deben centrarse en consolidar procedimientos oportunos, rigurosos y articulados, siempre recordando que detrás de cada hallazgo existe una historia de vida esperando ser reconstruida, así como una familia esperando recuperar parte de esa historia.
–
El autor es Arumi Mendoza, licenciada en Antropología Física por la Escuela Nacional de Antropología e Historia y estudiante de la Maestría en Medicina Forense, Antropología e Imagenología por la Universidad de Creta (UoC). Voluntaria en Causa en Común.
Redes: @MendozaArumi