Cada 12 de marzo se conmemora el Día Mundial contra la Censura en Internet, una fecha que invita a proteger y ampliar el internet como espacio cívico, donde se ejercen derechos fundamentales como la libertad de expresión, el derecho a la información y a la protesta, entre otros.
Durante años, el internet fue visto como un espacio que ampliaría la participación pública y democratizaría la circulación de información. Sin embargo, con el paso del tiempo ese ideal se ha vuelto más complejo. Hoy la censura en internet no siempre adopta la forma de una prohibición directa; muchas veces opera mediante mecanismos más sofisticados que combinan decisiones gubernamentales, presiones judiciales, reglas privadas de plataformas tecnológicas y sistemas automatizados que determinan qué contenidos circulan y cuáles quedan invisibilizados.
En México, esta discusión ha adquirido particular relevancia. Desde Artículo 19 se ha advertido que la censura contra periodistas y medios puede manifestarse de múltiples formas. Si bien la violencia contra periodistas sigue siendo uno de los problemas más graves para la libertad de expresión, también se ha documentado el uso del sistema judicial para presionar o silenciar a periodistas y medios de comunicación, incluyendo cuando se trata de contenidos publicados en internet. Demandas, denuncias y procedimientos legales pueden utilizarse para desgastar a quienes publican información de interés público o para exigir la eliminación de publicaciones digitales incómodas para actores políticos o económicos.
A estas presiones se suma otro fenómeno menos visible, pero cada vez más relevante: la remoción de contenidos periodísticos en internet. De acuerdo con datos de Artículo 19, oficina para México y Centroamérica, durante 2024 se registraron 18 agresiones contra la prensa mediante la remoción de contenido. Este dato refleja cómo la censura también puede operar a través de presiones para retirar información publicada en línea, así como mediante mecanismos legales y técnicos que limitan su circulación.
Al mismo tiempo, las plataformas digitales se han convertido en actores centrales en la organización del debate público. Redes sociales, motores de búsqueda y plataformas de video administran enormes volúmenes de información y establecen reglas de moderación que pueden derivar en la eliminación, reducción de alcance o invisibilización de contenidos.
Muchas de estas decisiones se toman a través de sistemas algorítmicos que priorizan ciertos temas y relegan otros. El problema es que estos procesos suelen carecer de transparencia y mecanismos claros de rendición de cuentas. Para las personas usuarias resulta difícil saber si un contenido fue retirado por una denuncia, por una decisión editorial de la plataforma o por un sistema automatizado que lo clasificó como problemático. En este contexto, la censura puede convertirse en una arquitectura de visibilidad programada por código.
Lo que aparece en nuestras pantallas y lo que desaparece de ellas no siempre es resultado de decisiones transparentes, sino de procesos técnicos que permanecen opacos. Este escenario plantea nuevos desafíos para la defensa de la libertad de expresión en internet, pues el debate público depende cada vez más de infraestructuras digitales administradas por actores privados y bajo el asedio de actores gubernamentales.
Frente a ello, el periodismo y la investigación digital resultan fundamentales para comprender cómo se están transformando las restricciones al discurso en línea. Un ejemplo reciente es el proyecto “Censura algorítmica”, desarrollado por el medio digital La Cadera de Eva, con el acompañamiento y apoyo de Artículo 19 y la Unión Europea. El proyecto explora cómo los sistemas algorítmicos y las políticas de moderación de plataformas pueden afectar la circulación de ciertos contenidos, especialmente aquellos relacionados con agendas feministas, derechos de las mujeres o discusiones críticas sobre el poder. De la información recolectada y que se puede encontrar en el micrositio del proyecto, se da cuenta que más del 70 por ciento de las personas encuestadas reportó haber experimentado algún tipo de castigo algorítmico, entre la eliminación de contenido, suspensión o bloqueo de redes sociales, caídas de alcance o invisibilidad de contenidos. A ello, podemos encontrar además el análisis realizado a más de 17 mil publicaciones en plataformas digitales para observar cómo circula el contenido feminista en comparación con discursos conservadores.
Iniciativas como esta resultan especialmente relevantes porque permiten visibilizar un fenómeno que suele pasar desapercibido. Cuando una publicación desaparece de una plataforma o deja de circular con la misma intensidad, no siempre es evidente que estamos frente a un problema de censura o moderación algorítmica. Sin embargo, estos procesos tienen efectos reales sobre el debate público, la diversidad de voces en internet y la posibilidad de que determinados temas se posicionen en la conversación social.
Documentar estos casos, analizarlos y discutirlos públicamente es una forma de ampliar la defensa de la libertad de expresión hacia territorios que hasta hace poco parecían puramente técnicos.
En el marco del Día Mundial contra la Censura en Internet, proyectos como el presentado, permiten visibilizar que la defensa de la libertad de expresión también se juega en los sistemas que organizan nuestra conversación digital. Comprender cómo funcionan estos mecanismos y exigir mayor transparencia sobre ellos, es hoy en día una condición indispensable para proteger el derecho a buscar, recibir y difundir información en el espacio público digital.
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La autora es Abigail Castellanos, investigadora del Programa de Ecosistema Informativo y Tecnología en ARTICLE 19 MX-CA