La ceremonia de entrega del Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen, en los géneros de cuento y poesía, a Verónica Murguía y Zaría Abreu (quien, debido a su condición física envió una representante y participó en transmisión directa) fue muy emotiva y tuvo lugar el miércoles 10, en el Centro Centenario Sinaloa de las Artes.
Murguía no solamente estuvo presente en el momento de la premiación, sino que desde un día antes ofreció una interesante charla en el Centro de Literatura, titulada: “De tanto leer, uno escribe”, para subrayar que el acto de leer es fundamental para posibilitar el proceso de escribir. Incluso, ayer por la tarde, participó en un interesante conversatorio con cinco lectores de su obra, en el mismo espacio cultural. Reiteró que leyendo es como brotan las ideas y hay que escribir diario, lo que sea, al mismo tiempo que se escucha lo que se siente y se reserva un reducto para la reflexión.
En su intervención en el acto de premiación, Verónica Murguía recordó la frase inicial de un poema donde Francisco de Quevedo resaltó la importancia fundamental de la lectura: “Retirado en la paz de estos desiertos/ con pocos, pero doctos libros juntos/ vivo en conversación con los difuntos/ y escucho con mis ojos a los muertos”.
Reafirmó que la lectura constituye un elemento indispensable para comprender el mundo, y resaltó: “Soy una lectora contumaz”. Asimismo, citó la etimología de la palabra escuela, la cual proviene del vocablo griego “sjolé”, que significa ocio -que no es lo mismo que flojera o pereza-, para subrayar que los esclavos no tenían tiempo libre para dedicarse al estudio (un caso atípico es el del filósofo estoico, Epicteto, quien fue liberado por Epafrodito, después de iniciarlo en el estudio de la filosofía).
¿Leo y escribo?