¿Dónde estamos y hacia dónde vamos? Balance de la salud pública y desafíos para 2026

Nosotrxs
08/01/2026 04:00
    2025 fue un año de consolidación administrativa y de un importante despliegue de programas, más que de mejoras sustantivas y homogéneas en los resultados de la política de salud

    Este 2025 la política del gobierno mexicano se caracterizó por centralizar sus decisiones en la continuidad y expansión administrativa de programas sociales, acompañada de una narrativa de derechos y universalidad que contrastó con limitaciones operativas y presupuestarias persistentes. En el caso de la política de salud, las acciones implementadas por el gobierno muestran avances en términos institucionales, pero no se traducen en una ampliación efectiva de cobertura, además de enfrentar serias restricciones estructurales y financieras que condicionan su impacto.

    Destaca, en primer lugar, la expansión del IMSS-Bienestar como principal proveedor de servicios públicos de salud para la población sin seguridad social: hasta diciembre de 2025, 23 entidades federativas se habían incorporado al IMSS-Bienestar. Se formalizaron decretos y anuncios de incorporación de hospitales rurales y unidades médicas en varias entidades, con la promesa de mantener atención gratuita para poblaciones marginadas.

    En segundo lugar, se llevaron a cabo acciones masivas de prevención y atención primaria que incluyeron campañas de vacunación, educación en salud y acciones comunitarias. Destaca la “Semana Nacional de Salud Pública 2025”, en la que se reportó un alcance amplio (26.2 millones de personas atendidas en todo el país), lo que mostró capacidad operativa –como resultado de la coordinación interinstitucional y multisectorial– para acercar servicios preventivos a la población.

    Por último, la estrategia de unificar las compras y adquisiciones de medicamentos e insumos para su distribución en las instituciones públicas de salud, a través de las “Rutas de la Salud” y recientemente las “Farmacias del Bienestar”. A principios de diciembre del año pasado se anunció por parte del gobierno la puesta en marcha de las “Farmacias del Bienestar” como el esquema de distribución gratuita de medicamentos, que en primera instancia beneficiaría a adultos mayores y personas con discapacidad, quienes tienen que acudir a las “Tiendas del Bienestar” para surtir sus recetas que previamente fueron emitidas por personal del programa “Salud Casa por Casa”. De acuerdo con la Presidenta Claudia Sheinbaum, se prevé que para marzo de 2026 se cuente con este esquema en todas las entidades del país.

    Si bien estas acciones reflejan una orientación hacia la atención primaria y el acceso universal a la salud, su implementación se ha dado en un contexto de restricciones presupuestarias, persistentes problemas de desabasto de medicamentos e insumos y déficit de personal de salud, lo que afecta considerablemente su continuidad y calidad de los servicios.

    En suma, se puede aseverar que el 2025 fue un año de consolidación administrativa y de un importante despliegue de programas, más que de mejoras sustantivas y homogéneas en los resultados de la política de salud, dejando retos clave abiertos para su sostenibilidad y efectividad en 2026.

    A partir de este balance es posible advertir los siguientes desafíos en materia de salud para este 2026:

    Financiamiento sostenido y rigidez presupuestaria, lo que implica hacer más con menos en un contexto de restricciones fiscales. Sin mayor financiamiento, la universalización de servicios seguirá siendo nominal. El desafío es consolidar un sistema que promete gratuidad, en este sentido, es fundamental destinar más recursos en infraestructura, capital humano, equipamiento y medicamentos.

    Consolidación real del IMSS-Bienestar. En 2026, el IMSS-Bienestar enfrentará su prueba más importante: pasar de la expansión territorial a la operación efectiva. Para ello será necesario fortalecer su capacidad operativa lo que implica homologar modelos de atención entre estados con realidades muy diversas; integrar sistemas de información clínica y administrativa; y, garantizar continuidad en la atención al absorber hospitales estatales con rezagos históricos.

    Abasto de medicamentos. El abasto seguirá siendo un reto central en 2026, por lo que debe implementarse una estrategia que considere los siguientes aspectos fundamentales:

    Contar con una planeación eficiente basada en la demanda real;

    Diseñar e implementar una logística robusta de distribución de medicamentos;

    Contar con un sistema de transparencia que permita verificar la trazabilidad y el cumplimiento del surtimiento efectivo de medicamentos al paciente.

    Fortalecimiento del capital humano en primer y segundo nivel. Un sistema de salud será funcional con personal suficiente y bien distribuido, para ello es esencial que médicos especialistas y enfermeras cuenten con condiciones laborales adecuadas y contratos estables, además de asegurar una alta rotación de personal en zonas rurales y marginadas.

    Gobernanza, transparencia y rendición de cuentas. Este desafío es clave, ya que en conjunto hacen posible una política de salud más justa, eficiente y centrada en las personas, asegurando que los recursos públicos se utilicen correctamente y que el derecho a la salud se ejerza de manera efectiva, especialmente para las poblaciones más vulnerables.