Hoy es un aniversario más de la muerte de don Francisco I. Madero. Aun se mantiene polémico y discutido su desempeño político presidencial, además de su muy cobarde ejecución.
Se le critica de no haber fusilado a tiempo a Félix Díaz, removido a Huerta, más otras acciones punitivas. Madero no fue tan ingenuo. Es muy fácil juzgarlo después de los hechos. Intentó reeducar a un pueblo bárbaro, incapaz de dar la otra mejilla, con las acciones de un gobierno civilista. Hizo lo posible para no volverse un autócrata como Díaz.
A ojos más modernos, la política de Madero fue un poco -y sé que es atrevido decirlo, pero en el fondo fue una circunstancia similar- como la actitud de Nelson Mandela al tomar la presidencia en Sudáfrica, luego de décadas de Apartheid: no despidió a los políticos y militares que ya estaban en los cargos públicos para no desestabilizar el país y darle confianza a la fuerza de las instituciones, aguardando el relevo gradual.
Sin embargo, eso lo perdió al final por la traición de algunos mandos y la intervención de la embajada yanqui. Madero estaba demasiado adelantado a su tiempo. En aquel tiempo, el Presidente no era como hoy el comandante en jefe del ejército nacional. Y la campaña de que era un loco desorientado se mantuvo tiempo después de su muerte.
En el año de 1917, se publicó en el diario El Pueblo de la ciudad de México una carta de un señor Eugenio Klerian, en la cual refiere que en su presencia sacaron los cadáveres de Madero y Pino Suárez del Palacio, adonde dicho señor Klerian había llevado ciertos objetos, como encargado de la Casa Sylvain.
Estaba sentado en la banquilla de la guardia de la puerta central del Palacio cuando extrajeron los cuerpos ante los que se descubrió, quitándose el sombrero. Esto, agrega, provocó el enojo de un oficial.
La carta del señor Klerian fue un acto de valor. Aún estaban vivos y sueltos los asesinos materiales e intelectuales del Presidente Madero.
Ese señor Klerian fue cuñado del entonces recientemente fallecido Benito Juárez Maza, hijo del benemérito y Gobernador de Oaxaca en funciones. Fue hermano de Marie Rosalie Klerian, con la que Benito hijo se casó en Paris. Allá la conoció mientras desempeñaba un cargo diplomático.
Con la muerte de ese Gobernador de Oaxaca en 1911, miembro del Partido Democrático, Madero perdió uno de los pilares morales que los sostenían y una importante fuerza militar al sur del país. ¿Se habrían atrevido Félix Díaz y Bernardo Reyes a desafiar al hijo del Benemérito?
Oaxaca un poco se mantuvo en la Revolución fuera de los cismas y simas de la Convención Revolucionaria, controlada por la familia Mexeueiro y se declaró soberana hasta que terminarán los generales de pelear la silla presidencial.
Me puse a investigar la vida del señor Klerian, al margen de su parentesco, y descubrí en otro documento algo curioso: fue uno de los principales maestros que permitieron avanzar en el desarrollo de la esgrima en México.
Ahí se registra que el maestro Eugenio Klerian llegó a México en el año de 1890 y fue uno de los principales maestros en esta disciplina, generalmente dominada por los militares de carrera.
Pero viendo la historia de este caballeresco y arcaico deporte, veo aparecer otro nombre ligado a la muerte de Madero y muy presente. Otro personaje que también se portó como caballero y con hombría.
En 1904 tuvieron lugar las primeras competencias de esgrima verificadas y aprobadas por la Secretaría de Guerra y por la Secretaria de Justicia e Instrucción Pública. Y en esa primera competencia, oficializada por las autoridades responsables de la época, fueron premiados los siguientes competidores:
“Competencia de Espada de Combate Primer Premio: Gustavo Garmendia, representante del Colegio Militar. Segundo Premio: Lic. V. Moya y Zorrilla. Tercer Premio: Fernando Colín.
Nota: Se hizo mención honorífica, por su estilo de combatir, a Gustavo Garmendia”.
Años después, ya militar graduado, Gustavo Garmendia le salvó la vida a Madero en un primer intento de matarlo en Palacio Nacional y murió durante el sitio de Culiacán. El bello mercado municipal de esta ciudad lleva su nombre.
Luego de la Decena Trágica, desertó del ejército huertista y se incorporó a las fuerzas constitucionalistas por lo que el miércoles 12 de noviembre de 1913 comandaba un batallón al lado del general Manuel Diéguez, dispuesto a apoderarse de la Capilla de Guadalupe, actualmente La Lomita, a la vista de la ciudad de Culiacán.
A los 32 años de edad, Garmendia ostentaba el grado de teniente coronel revolucionario, y esa mañana, al frente de su batallón avanzaba con pie resuelto, dejando constancia del valor que lo caracterizaba y que lo convirtió en blanco. Avanzó unos minutos a la vanguardia antes de caer con la pierna destrozada por una bala expansiva.
Sus lugartenientes lo retiraron del lugar donde había caído y trataron inútilmente de llevarlo al tren militar de servicios médicos. Era imposible atravesar por aquel infierno de metralla. Se trató entonces de contener la hemorragia, pero la muerte le llegó en medio de la batalla.
–¿Quién es este teniente coronel tan valiente que así muere? –preguntó un soldado.
–Es el teniente coronel Gustavo Garmendia –repuso otro– El mismo que salvó la vida del Presidente Madero cuando el traidor Jiménez Riveroll intentó apresarlo en el Palacio Nacional. Garmendia sacó la pistola y mató allí mismo al mal nacido que quiso poner la mano sobre el caudillo y cubrió al Presidente con su cuerpo.
El cadáver de Garmendia fue conducido al cuartel general donde los oficiales le hicieron guardia, y a la mañana siguiente fue trasladado a Navolato, donde se le dio sepultura con los debidos honores.
Gustavo Adolfo Garmendia Villafaña nació en Oaxaca, el 24 de julio de 1881. Estuvo sepultado en Navolato, desde el 13 de noviembre de 1913 hasta diciembre de 1916, cuando por órdenes del Presidente Carranza sus restos fueron trasladados al Panteón Francés de la Ciudad de México, donde la inhumación se hizo con los honores que correspondían a un héroe revolucionario.
Al margen de que fueran esgrimistas o caballeros de capa y espada, Eugenio Klerian y Gustavo Garmendia se comportaron ante Francisco I. Madero como verdaderos caballeros, en un oscuro momento en el cual muchos otros comodinos le estaban dando la espalda.
Y qué curioso ver sus nombres, casi juntos, en un breve folleto sobre la historia de la esgrima en Mexico, el deporte de los caballeros.