El archipiélago morenista

    López Obrador prometió, y estatuyó, que en Morena las tribus o corrientes estaban prohibidas. En parte lo logró porque él se levantó como el líder indiscutido e intocable, pero no pudo evitar, y de hecho contribuyó, a final de cuentas, a que también en Morena brotaran las tribus, pero ahora institucionalizadas cuando Claudia Sheinbaum llega a Palacio Nacional

    Del PRD solía decirse que era un conjunto de tribus y no un partido sólido, disciplinado y con dirección única. Tal conducta, una vez que se debilitó el liderazgo original de Cuauhtémoc Cárdenas, se fue extendiendo en el partido del sol a lo largo y ancho del País y conforme fue imponiéndose la política acomodaticia y descafeinada de “Los Chuchos”, la tribu principal. Tal grupo desplazó a López Obrador del liderazgo en el partido y lo obligó a romper con él. AMLO creó a Morena, tuvo una lectura atinada de los principales problemas de México, elaboró una narrativa atinada y convincente para convencer a las mayorías de que él y su nueva creatura partidaria eran la respuesta esperada. Ganó las elecciones presidenciales en 2018 con una estrategia eficaz pero que, al mismo tiempo, llevaba el germen de la descomposición inevitable.

    Prometió, y estatuyó, que en Morena las tribus o corrientes estaban prohibidas. En parte lo logró porque él se levantó como el líder indiscutido e intocable, pero no pudo evitar, y de hecho contribuyó, a final de cuentas, a que también en Morena brotaran las tribus, pero ahora institucionalizadas cuando Claudia Sheinbaum llega a Palacio Nacional.

    En efecto, ya siendo Presidenta la doctora Sheinbaum y con López Obrador influyendo desde Palenque en el nuevo gobierno, empezó a verse con los gobernadores de Morena algo parecido a lo que se observó durante la administración de Vicente Fox con los gobernadores del PRI: se convirtieron, como lo definió Leo Zuckerman, en una especie de virreyes. Es decir, los priistas, ante un Presidente blanquiazul, y sin el liderazgo autoritario que ejercían sobre ellos los presidentes tricolores, impulsaron un modelo de poder a nivel estatal muy parecido al que ejercían a nivel nacional los presidentes tricolores. Ejercían un poder omnipotente en sus estados y en su partido. A esto lo llamé alguna vez el gobernadorismo priista, el cual incluía, ante la ausencia de un Presidente de su color en Los Pinos, la facultad de elegir a su sustituto en la gubernatura, tal y como lo hicieron Juan S. Millán y otros gobernadores.

    Bueno, pues, en el Morena actual, ante un poder dual en Morena, Palacio Nacional y Palenque, pero con la aprobación del caudillo de Tabasco, los gobernadores de Morena han querido decidir su relevo en las casas de gobierno. Los que no pudieron nombrar a los defensores de la Defensa de la Cuarta Transformación- es decir, a los candidatos a gobernadoras o gobernadores- tuvieron que aceptar la decisión de la Presidenta Sheinbaum. Pero, en este caso, dicen varios observadores externos e internos de los pasillos del poder presidencial, Palacio Nacional tuvo que hacer varias concesiones o otros jefes de tribu en el Paseo de la Reforma y en San Lázaro para lograr su apoyo. Los acuerdos incluirían que les cedan candidaturas para diputaciones estatales y locales, así como presidencias municipales.

    En Sinaloa es evidente que el Gobernador con licencia, Rubén Rocha Moya, no pudo decidir la candidatura de Morena para el Tercer Piso, pero, si vemos la que todavía es la estructura de poder en el gobierno y en el partido, comprobada en la más reciente visita de Claudia Sheinbaum, el hijo predilecto de Batequitas sigue siendo un hombre fuerte en la política sinaloense con el que la Senadora Imelda Castro, quien será la candidata oficial de Morena, tendrá que llegar a acuerdos para seleccionar candidaturas.

    Ya veremos si esto se comprueba cuando conozcamos las candidaturas a diputados y presidentas y presidentes municipales en los próximos días o semanas.

    No habrá que ignorar que Rubén Rocha Moya sigue contando con el abierto apoyo de López Obrador. Y esto es así porque la defensa de Rocha Moya es la defensa de él mismo ante el acoso de Estados Unidos. Esta circunstancia; es decir, el respaldo del tabasqueño, es la explicación que el doctor Rocha Moya siga teniendo un considerable poder en Sinaloa, a pesar de que él no ha haya podido designar a su favorito para la candidatura a Gobernador. No obstante, es muy probable que le concedan candidaturas a alcaldías y diputaciones. Por otra parte, no habrá que olvidar que él sigue manejando la estructura electoral de Morena.

    No habrá que dudar que Rocha Moya desearía que, quienes han sido funcionarios y autoridades cercanos a él, como Tere Guerra, Estrella Palacios y Manuel Guerrero, entre otros, sean candidatos a alcaldes o diputados federales y locales. Para el ex Rector de la UAS es fundamental que gente cercana a él gobierne las principales ciudades del estado y tenga el control o por lo menos una gran influencia en el Congreso del Estado. ¿Esto es posible? Hasta el momento parece que sí. Mientras no se vea que la doctora Sheinbaum le otorgue más poder a Imelda Castro y debilite la presencia de López Obrador en la 4T, el rochismo seguirá pisando fuerte en Sinaloa.

    El archipiélago de poderes estatales y locales en la 4T, y aquí incluimos al Verde, es tan profuso, en el cual también están apareciendo cada vez más fisuras y desencuentros, que no se ve cómo pudiera detener la Presidenta Sheinbaum los poderes locales en un momento en el que la unidad de su movimiento es crucial para el 2027.

    Posdata

    Hablando de esto último, el Partido Verde está aprovechando las contradicciones y fisuras de Morena para avanzar con un mayor margen de maniobra e independencia. En Mazatlán si no actúan con inteligencia, Fernando Pucheta les puede dar un gran susto o incluso algo más.