El daño histórico de los anti-vacunas

    Enfermedades que suenan a añejo como la polio, el sarampión, la rubeola, la viruela o la difteria, aquellas enfermedades infecciosas que causaron estragos en la generación de nuestros abuelos y empezaron a erradicarse a finales del Siglo 18 gracias a la acción de las vacunas, han vuelto a emerger en los países desarrollados como consecuencia de la caída de las tasas de vacunación, la libre circulación de personas entre países, y la locura de los anti-vacuna.

    Cada día más mexicanos están siendo vacunados contra la Covid-19, y de manera paralela, la retórica de los grupos anti-vacuna se intensifica.

    Las enfermedades prevenibles por vacunas aún existen alrededor del mundo, incluso en México, uno de los países con los mejores programas de vacunación a nivel mundial. Si dejáramos de vacunar a la población, el ínfimo número de casos se convertirían rápidamente en cientos de miles de personas infectadas.

    Enfermedades que suenan a añejo como la polio, el sarampión, la rubeola, la viruela o la difteria, aquellas enfermedades infecciosas que causaron estragos en la generación de nuestros abuelos y empezaron a erradicarse a finales del Siglo 18 gracias a la acción de las vacunas, han vuelto a emerger en los países desarrollados como consecuencia de la caída de las tasas de vacunación, la libre circulación de personas entre países, y la locura de los anti-vacuna.

    En el caso de las vacunas contra la Covid-19, los anti-vacuna contemporáneos argumentan que dichas vacunas utilizan células de fetos abortados, que las vacunas contienen un microchip, o que es muy común tener una complicación médica después de recibir la vacuna. Todas estas aseveraciones son sin fundamento o sacadas de contexto.

    Las vacunas han sido recibidas con escepticismo y hostilidad desde el inicio de sus días. La reciente oposición a las vacunas contra la Covid-19 es meramente el último capítulo en esta larga novela.

    Un gran repertorio de temas recurrentes han alimentado el escepticismo a las vacunas de manera global a lo largo de la historia. De entre ellos destacan la ansiedad a inyectar sustancias artificiales en el cuerpo, las vacunas como método de control gubernamental, o la violación de la libertad personal. Otras preocupaciones incluyen el riesgo de infertilidad, discapacidad, o enfermedad.

    Curiosamente, el miedo a las vacunas precede a la misma invención de la vacuna. La vacunación tiene sus inicios en 1796 con el médico inglés Edward Jenner, el cual observó que aquellos que ordenaban vacas y se infectaban de viruela bovina (vaca) estaban protegidos contra la viruela.

    Jenner legitimó científicamente el procedimiento al inyectar gente con el virus de la viruela bovina para prevenir la viruela. A este procedimiento Jenner lo bautizó como “variolae vaccinae”.

    La viruela tenía una mortalidad del 30 porciento, la vacuna de Jenner llegó a salvar millones de vidas. No obstante, alrededor del 1-2 por ciento de la gente vacunada con la “variolae vaccinae” moría con el procedimiento, una de las fatalidades incluyó al hijo del Rey Jorge III en 1783.

    Este suceso incitó la primera ola de anti-vacunas, incluso entre gente educada. Benjamin Franklin se rehusó a ser vacunado, pero luego se arrepintió después de perder a su hijo más pequeño por la viruela. No obstante, la mayoría de los anti-vacuna solían y suelen ser personas de escasos recursos que sospechan de las intervenciones clínicas, los cuales nunca han recibido atención médica adecuada a lo largo de su vida.

    Curiosamente, uno de los principales factores para ser anti-vacuna no es el egoísmo o la ignorancia, sino la falta de confianza en las instituciones científicas o el gobierno. Históricamente, las personas afectadas u oprimidas por dichas instituciones son aquellas más renuentes a ser vacunadas. Sin embargo, con el advenimiento de las redes sociales, cualquiera puede caer presa de las fake news y subirse al tren de los anti-vacunas.

    Hoy más que nunca, es necesario utilizar estrategias científicamente respaldadas para impedir el crecimiento de este fenómeno en medio de la pandemia de coronavirus.