El Papa León XIV llamó al primer capítulo de la carta encíclica Magnifica Humanitas: “Un pensamiento dinámico fiel al Evangelio”, para subrayar que la Iglesia no se está entrometiendo en tareas que no le corresponden al tratar el tema de la IA.
El Pontífice expresó: “La Doctrina social correría el riesgo de parecer una injerencia indebida en cuestiones temporales o un código ético externo que se aplica arbitrariamente. En realidad, surge de una Iglesia que camina con la humanidad, reconoce la autonomía de las realidades terrenas y la distinción entre comunidad eclesial y comunidad política y, precisamente por eso, aspira a servir al bien común”.
En otras palabras, la misión de la Iglesia tiene una dimensión histórica a la que no puede renunciar, como había dicho el Papa Francisco en la exhortación “Evangelii Gaudium”, publicada en 2013: “Nadie puede exigirnos que releguemos la religión a la intimidad secreta de las personas, sin influencia alguna en la vida social y nacional, sin preocuparnos por la salud de las instituciones de la sociedad civil, sin opinar sobre los acontecimientos que afectan a los ciudadanos” (n.183).
León XIV precisó que la Iglesia no pretende asumir las funciones que competen al Estado: “Su cercanía no nace de la intención de suplir a las instituciones, ni mucho menos de una crítica implícita a su labor, sino de la caridad evangélica que la impulsa a acercarse a las heridas de la humanidad en los momentos en que éstas se manifiestan con mayor gravedad”, como en la parábola del buen samaritano.
Por eso, añadió el Papa: “La Iglesia ha profundizado progresivamente en su Doctrina social, madurando con el tiempo un patrimonio de sabiduría dotado de una coherencia teológica y antropológica arraigada en la visión cristiana de la persona”.
¿Impulso este dinamismo?