El gran orgullo de ser de Culiacán
495 años inspiran a salir adelante

OBSERVATORIO
30/09/2026 04:02
    Al culminar ayer el festival por el aniversario de Culiacán saquemos a relucir hoy los arrestos adquiridos para proseguir en el tesón de rescatar a la ciudad de la beligerancia continuada entre grupos criminales.

    A pesar de que el miedo que impone la violencia de alto impacto y el luto y sufrimiento por las víctimas ensombrecen el tiempo presente, las actividades para conmemorar el 495 aniversario de la fundación de Culiacán despliegan los estandartes de la paz y la esperanza en cada uno de los 81 eventos y 500 artistas que hacen posible posicionar la historia de la ciudad airosa muy por encima de la narrativa bárbara que nos preocupa y ocupa a los sinaloenses. Podrían no ser días de fiesta, pero sí signos de la resistencia que siempre ha convertido las adversidades en fortalezas.

    Existen infinidad de motivos para abrazar a Culiacán y reconocerle a la Alcaldesa Ana Miriam Ramos la iniciativa de la celebración aun teniendo la posibilidad de decretar el sin motivo para festejar que hubiera recalcado el semblante triste a la capital como si le hiciera falta mayor abatimiento. Sea por resiliencia o por respeto a la efeméride lo urgente tiene que ver con clausurar la inmovilidad social y alzarnos como ave fénix que emerge desde las cenizas.

    Culiacán simboliza la alegría por el privilegio de nacer aquí, e igualmente la perseverancia popular que al unísono se convierte en barrera contra lo inicuo. A veces nos articulamos para entonar a dúo con ríos que cantan una linda canción hasta el mar, o nos tomamos de las manos entre todos al convocarnos las tragedias a abrazar a los caídos. Y al caer las noches sincronizamos los sueños por la vida y la buenaventura. Pase lo que pase, sabemos ir codo a codo a la concreción de conquistas que creíamos eran quimeras.

    Al cabo del tiempo los hijos del solar de los tres ríos aprendimos a querer cada vez más a Culiacán. La urbe que nos arrulla a diario con el verde de sus valles y el rojo del tomate; los parques donde todos los pulmones se reabastecen de valor; los chirrines como juglares modernos que nos hacen bailar con la realidad; el templo de La Lomita desde el cual podemos contemplarnos al interior de nosotros mismos. Y el Puente Negro que incita a abordar de nuevo, sin demora, la locomotora del progreso.

    Los años que cumple la llamada Perla del Humaya nos han enseñado también a defender este terruño entrañable. Mostramos las grandezas cada vez que nos quieren tatuar los estigmas de pueblo bárbaro; tomamos las calles cuando se trata de reivindicar como propio el espacio público; recalcamos el trabajo lícito que a las mesas de la familia llega a manera de mensaje de paz, Y nunca nos rendimos porque como en el béisbol sabemos ganar los partidos así sea en la novena entrada antes de que nos marquen el último strike.

    Los arredros e infortunios reinantes dejan de ser calamidades a las cuales estamos obligados a acostumbrarnos; son el exhorto a luchar con mayor fuerza para proteger lo legítimo que nos fortalece, nos define y nos referencia ante México y el Mundo. El camino plasmado en el Escudo de Armas de Culiacán sobre el que se observan huellas de pies no es más que la indicación original para no detener el andar en la búsqueda del Colhuacán que estamos en vías de reconstruir.

    Resistamos. No pasemos por alto el llamado de las campanas que al unísono tañeron ayer con la moraleja de la entereza, sin rendiciones posibles. Lo loable es que seguimos de pie no obstante los miles de vidas humanas inmoladas, familias cercenadas por tesoros perdidos que son sus desaparecidos, pueblos desolados debido a desplazamientos ordenados con la prepotencia de las armas, y patrimonios destruidos por los facinerosos. Trátese de anocheceres intimidantes o de amaneceres reconfortantes, allá vamos unidos, como uno solo.

    Frente a los ejércitos del crimen allí están los baluartes de la inteligencia, valores, ejemplos y tradiciones que detienen toda embestida brutal del salvajismo. Las familia y hogares cuyos cimientos de rectitud y constancia alzan las murallas legítimas cada vez que golpea el flagelo de la delincuencia. Ni ayer ni hoy dejamos de guerrear; lo que pasa es que los enemigos son distintos y cada vez los empodera más la impunidad.

    Al culminar ayer el festival por el aniversario de Culiacán saquemos a relucir hoy los arrestos adquiridos para proseguir en el tesón de rescatar a la ciudad de la beligerancia continuada entre grupos criminales. La conmemoración fue nada más el breve alto en el camino que permite recapitular la voluntad unificada por ir más lejos que los problemas y salir fortalecidos de los desafíos de hoy, 495 años después de que el Dios Coltzin nos asignó el destino de guerreros imbatibles.

    Reverso

    Nunca te rindas mi Culiacán,

    Tus guerreros por ti pelean,

    A defenderte de nuevo van,

    Y banderas de paz ondean.

    La fe que nos queda

    Durante la misa de ayer en Catedral, que fue el acto central de conmemoración del 495 aniversario de Culiacán, la Alcaldesa Ana Miriam Ramos Villarreal convocó a que no se pierdan la fe y la esperanza para seguir trabajando, sociedad y gobierno, hasta alcanzar esa ciudad que todos merecemos, mientras que el Obispo Jesús José Herrera Quiñónez afirmó que Culiacán necesita de mujeres y hombres que anuncien esperanza y llamó a pedir la intercesión de San Miguel Arcángel, santo patrono de la ciudad, para acabar con la violencia que lastima a toda la sociedad. Y sí: de resultar cierto que la fe mueve montañas por qué no ha de movilizar a los cualiacanenses en la más grande encrucijada para recuperar a la Perla del Humaya como patrimonio de la gente de bien.