Cuando se desató la crisis económica de diciembre de 1994, hace 31 años, en enero de 1995 nos reunimos los socios del periódico Noroeste de Sinaloa a resolver qué procedía ante la catástrofe financiera que se avecinaba.
Los socios fundadores me pidieron que asumiera la Dirección General del medio de comunicación bajo el argumento de que si no lo tomaba “alguien que le doliera” no íbamos a salir adelante. Hablé con el equipo directivo de los otros negocios y tomamos decisiones de frenar la operación del negocio inmobiliario bajo la tesis de quienes caminan en arenas movedizas: “entre más se mueven más se hunden” y acepté ser director general del periódico, un giro del que conocía poco.
En los primeros seis meses de 1995 se nos habían caído las ventas de publicidad un 50 por ciento, mientras las tasas de interés habían crecido un 300 por ciento: íbamos directo a la quiebra. En ese periodo me había dedicado a achicar la estructura de costos y gastos fijos de la organización, rediseñando la empresa a la nueva realidad. También había comprado libros que me enseñaran el marco conceptual del periodismo y la fórmula de negocios del giro, y visité algunos medios nacionales para platicar con sus directivos y aprender de ellos.
Igualmente me di a la tarea de pedir ayuda y contraté un despacho de Monterrey liderado por Mariano Cobos, quien me ayudó a determinar si el negocio tenía solución y a implementar la estrategia de capitalización que demandaba la estructura financiera que arrastrábamos; estábamos ya en cartera vencida con la Banca.
Hicimos proyecciones realistas acompañadas de los correspondientes análisis de sensibilidad; el negocio tenía salida, pero requería una inyección de capital fresco. Visité a un empresario sinaloense dueño de una tienda departamental, le pedí apoyo y me respondió negativamente ante la posibilidad de capitalizar o prestarnos dinero.
Cobos nos preparó un plan y nos ayudó a lograr la restructuración de pasivos con Banca Confía, que entonces dirigía en Sinaloa Manuel Coronado Lepro y su ejecutiva de cuenta Sandra Luz Barraza, ambos nos apoyaron y eso nos dio el tiempo necesario para mejorar la operación y lograr la capitalización.
Para 1996, si bien continuaban los estragos de la crisis, pareciera que la economía había tocado fondo. Mariano Cobos nos preparó un plan de capitalización, por lo que invitamos a un trío de empresarios agrícolas de Culiacán a quienes les hicimos la presentación del proyecto y dos de ellos aceptaron apoyarnos. Estos pusieron tres condiciones: pidieron mayor número de acciones por su aportación; segundo, demandaron que el grupo fundador también debíamos aportar capital fresco; y, finalmente, exigieron que un servidor se quedara dirigiendo.
Después del éxito en Culiacán convocamos a un grupo de empresarios mazatlecos que conformaron el grupo Mazatlán y los invitamos a inyectar capital al periódico. De los cuatro invitados, tres aceptaron convertirse en socios, así se conformó el nuevo grupo de accionistas del periódico Noroeste y éste fue integrado por don Pancho Madero, don Jesús Juárez y el licenciado Octavio Rivera Fárber.
El grupo Mazatlán fue un gran apoyo y aliado de Noroeste, por lo que estamos infinitamente agradecidos con quienes se sumaron en el verano de 1996 al proyecto de rescate de Noroeste, convencidos todos de que el periodismo independiente contribuía a expandir las libertades y la democracia en el estado de Sinaloa.
El pasado 25 de diciembre falleció el licenciado Rivera Fárber. Hoy lo recordamos con reconocimiento y agradecimiento. Que descanse en paz don Octavio.